“El milagro de Jimena en el templo”, El Amigo, mayo de 2023, págs. 36–37.
El milagro de Jimena en el templo
Jimena estaba nerviosa, pero ella sabía que el Señor la ayudaría.
Esta historia tuvo lugar en Guatemala.
Jimena se subió al auto y se abrochó el cinturón. Ella y sus padres se dirigían al templo. Esa sería la primera vez que ella realizaría bautismos en el templo. Su papá la iba a bautizar por algunos de sus antepasados. ¡Jimena estaba muy emocionada!
Pero, entonces, Jimena pensó en algo que le produjo pánico en su interior. “Papi”, dijo, “¿y mi bomba?”.
Jimena tenía diabetes tipo 1. Para mantenerse saludable, siempre llevaba un pequeño dispositivo, llamado bomba de insulina, que la ayudaba a controlar sus niveles de azúcar en la sangre. Si ella pasaba demasiado tiempo sin llevarlo puesto, se sentía mal.
“¿Me dejarán usarlo dentro del templo?”, preguntó Jimena. El corazón le latía rápidamente. “¿Y cuando entre en el agua?”.
“Estará bien”, dijo el papá. “Puedes llevar la bomba hasta que entres en el agua. Luego, mamá te ayudará a volver a ponértela cuando salgas”.
La mamá asintió: “Y si empiezas a sentirte mal mientras haces bautismos, díselo a papi y puedes parar”. La mamá le apretó la mano. “Estaremos contigo todo el tiempo”.
“Está bien”, dijo Jimena. Aún se sentía nerviosa, pero su mamá y su papá le habían ayudado a sentirse un poco mejor.
Cuando llegaron, Jimena tomó de la mano a su mamá y su papá mientras caminaban hacia las puertas del templo. Tan pronto como entró, Jimena tuvo un sentimiento cálido y reconfortante. Sabía que el Espíritu Santo le estaba diciendo que el Padre Celestial la ayudaría, aunque estaba nerviosa. Todo estaría bien, tal como dijo su papá.
Jimena se puso la ropa blanca. Entonces, la mamá ayudó a Jimena a quitarse la bomba. “Solo será por unos minutos”, le dijo la mamá, y la abrazó.
Jimena entró en el agua. Su papá la estaba esperando, extendió la mano y la ayudó a bajar las escaleras.
El papá hizo la oración bautismal y sumergió a Jimena en el agua. Al salir del agua, ella sonrió. Luego hicieron algunos bautismos más.
“¿Te sientes bien?”, le susurró el papá al oído.
“¡Sí!”, dijo Jimena.
Su padre la bautizó por algunas personas más. “¿Puedes hacer más?”, le preguntó otra vez.
“¡Sí!”, dijo Jimena.
Después del último bautismo, la mamá la ayudó a ponerse la bomba y verificó el nivel de azúcar en la sangre de Jimena. La mamá sonrió: ¡estaba normal! Era como si Jimena nunca se hubiera quitado la bomba.
Luego, ellos pasaron a una sala más pequeña. El papá colocó las manos sobre la cabeza de Jimena. Él la confirmó miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por las personas fallecidas por las que había sido bautizada. ¡Ahora sus antepasados podrían elegir unirse a la Iglesia de Jesucristo!
La semana siguiente, en la noche de hogar, Jimena y sus padres hablaron sobre su viaje al templo. “El templo es la Casa del Señor”, dijo el papá, “cuando vamos, podemos tener milagros en nuestra vida”.
“¿Qué clase de milagros?”, preguntó Pablo, el hermano menor de Jimena.
Jimena respondió: “Yo estaba nerviosa por quitarme la bomba de insulina para meterme en el agua, pero mientras me bautizaban, ni siquiera me sentí enferma. ¡Fue un milagro!”, Jimena sonrió. “Y aunque tenía miedo, el Espíritu Santo me ayudó a sentir calma. Eso también fue un milagro para mí”.
Ilustraciones por Alyssa Petersen