Hermanos sobre ruedas
Esta historia ocurrió en Gauteng, Sudáfrica. ¡Damos gracias a Zamu S. por contar su historia!
Zamu no tenía ganas de jugar; pero quería tener experiencias memorables con Zinathi.
“Una familia Dios me dio […], y yo con ella quiero estar por la eternidad” (Himnos, nro. 195).
Zamu pedaleó rápidamente por el jardín en su bicicleta azul. Su hermanito de dos años, Zinathi, le seguía en su motoneta de juguete roja.
“¡Vamos, vamos de nuevo!”, dijo Zamu al llegar al final del jardín. Se dio la vuelta y pedaleó lo más rápido que pudo para regresar al frente. Sentía el viento en la cara.
“¡Zamu y Zinathi!”, gritaba Zamu.
Zinathi se reía y gritaba junto con Zamu:
“¡Zamu y Zinathi!, ¡Zamu y Zinathi!”.
Continuaron cruzando el jardín ida y vuelta, una y otra vez, hasta que Zamu tenía las piernas tan cansadas que no podía pedalear más.
“Vamos a descansar”, propuso Zamu jadeando.
“Vengan y descansen aquí”, les gritó el papá desde el trampolín.
Zamu se bajó de la bicicleta y llevó a Zinathi de la mano. Ayudó a su hermanito a treparse a la cama elástica, y luego se subió él y se sentó junto al papá.
“¿Se están divirtiendo?”, preguntó el papá.
“¡Sí!”, dijo Zinathi.
Zamu dio un suspiro y se recostó sobre la cama elástica. El cielo era de un azul brillante y el sol le calentaba la piel.
“Es un día precioso, ¿verdad?”, dijo el papá.
Zamu asintió, cerró los ojos y escuchó el canto de los pájaros, mientras su padre hablaba con Zinathi. Zamu empezó a quedarse dormido.
“¡Zamu!”.
Abrió los ojos y vio a Zinathi inclinado sobre su cara.
“¿Qué?”, preguntó Zamu.
“¡Vamos!”, dijo Zinathi, señalando su motoneta.
“Ahora no, estoy descansando”.
Zinathi frunció el ceño.
“Lo lamento”, dijo Zamu; “¡estoy muy cansado!”.
Zinathi haló a Zamu del brazo. “¡Vamos!”.
“¡No! ¡Ya he jugado contigo!”.
“Zamu”, dijo el papá.
Zamu se volteó hacia su padre.
“Un día, cuando Zinathi sea más grande, recordará cómo jugaban juntos. Los recuerdos de lo que hagan ahora vivirán en su corazón”.
Zamu volvió a mirar los grandes ojos café de su hermanito.
“Por favor”, suplicó Zinathi.
Zamu no tenía ganas de jugar, pero quería tener experiencias memorables con Zinathi.
Sonrió y dijo: “Está bien”.
El rostro de Zinathi se iluminó. “¡Yupi!”.
Zamu se bajó de la cama elástica y ayudó a Zinathi a volver a montarse en la motoneta de juguete. Zamu se montó en su bicicleta.
“¿Listo?”, preguntó.
“¡Sí!”,
juntos pedalearon por el jardín. “¡Zamu y Zinathi!”, gritaron nuevamente.
Zamu aún se sentía cansado, pero era un cansancio bueno. Sentía fuerza en las piernas mientras pedaleaba detrás de Zinathi. Espero que Zinathi recuerde esto, pensó. Yo lo recordaré por siempre.