Los puntos se conectarán
Devocional mundial para jóvenes adultos
2 de febrero de 2025
Mis queridos hermanos y hermanas, queridos amigos, les traigo el amor y las bendiciones de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles.
Estoy encantado de estar con ustedes y especialmente agradecido de que tuvimos la oportunidad de escuchar a mi esposa.
Harriet es la fuente de alegría en mi vida. Todo el que la conoce la ama. Ella hace que los que la rodean sean mejores y más felices, y ciertamente ha tenido esa influencia en mí.
La era de respuestas instantáneas
Como escucharon de la hermana Uchtdorf, nos casamos muy jóvenes. Han pasado muchos años y agradezco cada momento con Harriet.
Con el tiempo, me he dado cuenta de que los mayores tenemos muchas de las mismas preguntas sobre la vida que ustedes, solo que las hemos tenido desde hace más tiempo. Preguntas como:
¿Estoy en el camino correcto?
¿En verdad Dios me tiene en cuenta? ¿Le importa?
¿Por qué a veces me siento vacío, abrumado, ignorado o solo?
¿Por qué Dios no me concedió el milagro que yo necesitaba con tanta urgencia?
¿Por qué Él permitió que yo experimentara esa tristeza, enfermedad o tragedia?
Esas son preguntas difíciles a cualquier edad.
Las preguntas de este tipo pueden llegar a ser increíblemente frustrantes cuando no obtenemos respuestas instantáneas. Hoy en día podemos preguntarle a Google casi cualquier cosa y obtener respuestas en segundos.
Sin embargo, las respuestas a nuestras preguntas más personales, importantes y trascendentales no siempre llegan rápidamente. A menudo elevamos el corazón al cielo y todo lo que parecemos obtener es el “cursor de espera” que gira.
No nos gusta esperar, ¿verdad?
Cuando tenemos que esperar más de unos segundos para que el motor de búsqueda responda, suponemos que la conexión se cortó. En nuestra frustración, hasta podríamos abandonar la búsqueda. Sin embargo, cuando se trata de preguntas eternas, los asuntos del alma, debemos tener más paciencia.
No todas las respuestas tienen el mismo valor. Las respuestas de la sabiduría del mundo o de la opinión popular son fáciles de conseguir, pero pierden su valor rápidamente cuando emergen nuevas teorías o tendencias. Las respuestas celestiales —las respuestas eternas— son invaluables. Recibir esas respuestas a menudo requiere sacrificio, trabajo y repetición.
Pero les aseguro que la espera vale la pena.
Si tienen preguntas sin responder, les doy mi testimonio seguro de que su Padre Celestial los escucha, los conoce y nunca se dará por vencido con ustedes, así que no se den por vencidos con Él. Sigan esforzándose por seguir Su camino y Él “[l]os guiar[á]” para encontrar respuestas con la orientación suficiente para seguir avanzando en la dirección correcta, sin limitar su crecimiento ni sus oportunidades para ejercer la fe o ejercer su albedrío moral.
Conectar los puntos
Steve Jobs, cofundador de Apple, dijo una vez: “Es imposible conectar los puntos mirando hacia adelante. Solo puedes conectarlos mirando hacia atrás, por lo que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna manera en tu futuro”.
¿Qué quiso decir con eso? Tal vez hayan visto pinturas hechas con puntos de color muy pequeños en un lienzo. De cerca, esos puntos parecen desconectados y aleatorios, pero cuando se contempla el cuadro entero, se puede apreciar cómo los puntos se combinan en colores y cómo los colores al final toman formas que revelan una bella imagen. Lo que alguna vez parecía arbitrario e incluso confuso comienza a tener sentido.
A veces, nuestra vida es como esas pinturas. A veces, los puntos que componen nuestras experiencias en la vida pueden verse desconectados y caóticos. No podemos ver ningún orden en ellos. No podemos imaginar que tengan algún propósito.
Sin embargo, cuando miran su vida desde la perspectiva eterna del Evangelio de Jesucristo, comienzan a ver cómo los puntos se conectan con el gran designio que Dios tiene en mente para ustedes.
Y cuando se esfuerzan por confiar en Dios y seguir a Su Hijo, Jesucristo, un día verán el producto terminado, y sabrán que el Maestro Artista tenía un plan para esos puntos aleatorios desde el principio. Verán que Él los estaba preparando para oportunidades y posibilidades mucho más gloriosas de lo que jamás podrían haber imaginado o logrado por ustedes mismos. Ciertamente lo he comprobado en mi propia vida.
Mi aventura de la vida terrenal
Algunos de ustedes tal vez sepan que cuando yo era muy pequeño, mi familia y yo fuimos refugiados dos veces. En ambas ocasiones, era bastante obvio que las personas en los lugares nuevos nos percibían como inferiores a ellos. Entre los niños de mi edad, mi acento me marcaba como extranjero, y para ellos eso era una gran fuente de burlas y risas.
A mis padres les resultaba difícil proveer para nuestra familia. Por lo tanto, mi madre comenzó un negocio de lavandería, todos ayudábamos, y yo, con mi bicicleta y carrito, era el “especialista en entregas a domicilio” de ese negocio después de la escuela.
El trauma y estrés de cambiarnos provocaron que me atrasara en mis estudios y perdiera un año escolar completo.
En Alemania Oriental, yo había estudiado ruso como segundo idioma; era difícil, pero me las arreglé. Ahora, en Alemania Occidental, se requería que aprendiera inglés.
¡Me parecía imposible! Pensaba que mi boca simplemente no estaba hecha para el idioma inglés.
En mi adolescencia, estaba enamorado de una joven increíble que tenía unos ojos color marrón grandes y hermosos. Lamentablemente, Harriet no parecía tener el menor interés en mí. No importaba lo que intentara, nada parecía dar resultado. Y bien, ya oyeron la versión de ella.
De modo que allí estaba yo, un joven insignificante con dificultades que vivía en la Alemania de la posguerra y que no parecía tener muchas posibilidades de éxito en la vida.
No obstante, tenía un par de cosas buenas a mi favor.
Sabía que mi familia me amaba. En la escuela y en la iglesia había maestros que me alentaban a establecer siempre metas elevadas y a no rendirme. Todavía recuerdo cuando un joven misionero estadounidense enseñó: “Si Dios es por [ustedes], ¿quién contra [ustedes]?” y “todas las cosas son posibles para Dios”.
Había algo en esos pasajes de las Escrituras que me impactó de manera potente. Y si ese era el caso, pensé, entonces ¿por qué debía de temer?
Así que creí; y confié en Dios.
Por un tiempo, estuve en un programa como aprendiz. Uno de los maestros me alentó a que asistiera a la escuela nocturna para estudiar ingeniería mecánica. ¡Esto me llevó a descubrir mi pasión por la aviación!
Y me sorprendió cuando me enteré de que para ser piloto tenía que saber inglés. Realmente quería ser piloto y de alguna manera milagrosa mi boca pareció cambiar y el inglés ya no era un idioma tan imposible.
Por supuesto, eso no significa que las cosas siempre fueron fáciles.
Cuando tenía diecinueve años, viajé a San Antonio, Texas, para comenzar mi entrenamiento de piloto de la Fuerza Aérea. En el avión, me senté junto a un hombre que hablaba con un fuerte acento texano. ¡Me di cuenta con horror que el inglés que tanto me había costado aprender no era el mismo que hablaban en Texas!
En la escuela de entrenamiento para pilotos, las cosas también fueron difíciles. Era un programa extremadamente competitivo, en el que todos competían por la clasificación más alta al graduarse. Supe de inmediato que estaba en desventaja porque la mayoría de mis compañeros de clase hablaban inglés como primer idioma.
Mis instructores de vuelo me advirtieron sobre otra posible desventaja: yo pasaba demasiado tiempo en la iglesia. Los miembros locales me dieron la bienvenida a su rama y a sus hogares, e incluso construimos juntos una capilla en Big Spring, Texas, durante el tiempo que estuve allí. A mis instructores les preocupaba que esas actividades afectaran mis posibilidades de obtener una clasificación alta en la clase. Yo no pensaba eso. Así que confié en Dios e hice lo mejor que pude.
Con el tiempo, aprendí inglés (aunque sigo trabajando en ello). Completé mi entrenamiento de piloto con mucho éxito. Llegué a ser piloto de combate y después capitán de aerolínea. ¿Y esa hermosa chica de mis sueños de grandes ojos marrones? Ella está aquí conmigo.
Sean diligentes en las cosas pequeñas
Así que, hasta que no se revele el panorama completo, no se abrumen con las grandes y difíciles tareas de la vida. Recuerden que las cosas grandes están hechas de cosas pequeñas. Si se comprometen a hacer las “cosas pequeñas y sencillas” que Dios les pide hacer y las hacen tan diligentemente como puedan, resultará en grandes cosas.
Algunas de esas “cosas pequeñas y sencillas” incluyen orar con intención diariamente, estudiar las Escrituras, hacer que Ven, sígueme y Para la Fortaleza de la Juventud sean parte de su rutina, vivir la Palabra de Sabiduría, asistir a la iglesia, pagar diezmos y ofrendas, y asegurarse de tener una recomendación para el templo vigente.
Hagan estas cosas incluso cuando no deseen hacerlo, incluso cuando requieran sacrificio. El sacrificio es lo que los hace sagrados y “por sacrificios se dan bendiciones”.
De cierta manera, sus sacrificios “pequeñ[o]s y sencill[o]s” son los puntos del diario vivir que forman la obra maestra de su vida. Ahora quizás no vean cómo se conectan los puntos y no hace falta que lo vean todavía. Simplemente tengan la fe suficiente para el momento que estén viviendo ahora; confíen en Dios y “de las cosas pequeñas procede[rán] las grandes”.
Confiar en Dios
Cuando tenía la edad de ustedes, no tenía idea de a dónde me llevaría la vida. Definitivamente no veía frente a mí ningún punto que se conectara.
Pero confié en Dios; creía que, si daba lo mejor de mí en el momento, Dios se encargaría del panorama general.
Y lo hizo.
Él conocía el fin desde el principio, cuando yo no.
Yo no podía ver el futuro, pero Él sí.
Incluso durante momentos difíciles cuando pensé que yo estaba abandonado, Él estuvo conmigo, ahora lo comprendo.
En Proverbios encontramos esta promesa: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.
Los insto a creer que su vida será infinitamente mejor si confían en Dios para guiar sus pasos. Él conoce cosas que ustedes no pueden saber y Él tiene preparado un futuro para ustedes que no es posible que imaginen. El apóstol Pablo testificó: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman”.
Háganse esta pregunta: “¿Puedo reunir suficiente fe para creerle a Dios? ¿Estoy dispuesto a confiar en que Él me ama y desea dirigir mi camino?”.
Si pueden encontrar en su corazón aunque sea una partícula de fe del tamaño de un grano de mostaza, aunque solo sea el deseo de creer, comiencen por ahí.
Dios sabe cómo convertir semillas pequeñas en árboles grandes. Hagan las cosas pequeñas y sencillas y Dios “os ha[rá] mil veces más de lo que sois y os bend[ecirá], como os ha prometido”.
Rendimos cuentas a Dios
No tienen que ir muy lejos en la cultura actual para escuchar voces contradictorias que desalientan o incluso ridiculizan la creencia en Dios en general y en nuestra religión específicamente.
Las redes sociales amplifican esas voces.
Sin embargo, la suya no es la única generación cuya fe en Dios ha sido ridiculizada y puesta en tela de juicio. Eso parece ser parte de la prueba terrenal para todos los hijos de Dios.
“Si fuerais del mundo”, dijo Jesús a Sus apóstoles, “el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegí […], por eso os aborrece el mundo”.
Quizá sea mejor que acepten que una vez que hagan el compromiso de seguir al Salvador, los residentes del edificio grande y espacioso se opondrán, a veces muy abiertamente. Incluso tal vez intenten intimidarlos y avergonzarlos.
Pero recuerden que ustedes no les rinden cuentas a ellos. Le rinden cuentas a Dios. Un día estarán frente a Él para dar cuenta de su vida.
Les preguntará si siguieron al Salvador, si amaron a su prójimo, si sinceramente intentaron permanecer en la senda del discipulado y cumplir sus convenios.
Mis queridos jóvenes amigos, ahora es el momento de comprometerse con Cristo y seguir Su senda.
Un día, todos los hijos de Dios se arrodillarán y confesarán que Jesús es el Cristo, el Redentor, el Salvador del mundo. Sabrán que Él murió por ellos.
Ese día será claro que la Suya es la única voz que realmente tuvo importancia.
Igual da
Y bien, cuando hablamos de dejar que Dios guíe nuestra vida, me gustaría aclarar algo. Puede que no les guste lo que les voy a decir. Cuando piden guía a Dios sobre decisiones en su vida —incluyendo algunas decisiones importantes— Él quizás no les dé una respuesta detallada.
La verdad es que a veces simplemente al Señor le es igual lo que ustedes decidan, siempre y cuando se mantengan dentro de los convenios y los principios fundamentales del Evangelio restaurado de Jesucristo.
Hay ocasiones en las que Dios tiene un camino específico que desea que sigan. También hay ocasiones en las que Él les advertirá contra ciertas decisiones debido a los peligros que no pueden prever. Y luego hay ocasiones en las que una pregunta tiene múltiples respuestas “correctas” y pueden hallar gozo en cualquiera de ellas, siempre y cuando vivan de acuerdo con las verdades eternas de Dios.
Cuando esto ocurrió a José Smith y a sus compañeros, el Señor dio una respuesta interesante cuando buscaron Su guía. Él dijo: “A mí me es igual”.
Luego agregó: “Solamente sed fieles”.
Quizás es decepcionante escuchar que Dios no necesariamente les da un itinerario detallado para la jornada de su vida. Pero ¿realmente quieren que se les dirija en cada detalle?
¿De verdad quieren los códigos de trucos para la vida antes de que tengan la oportunidad de descubrir las cosas por ustedes mismos? ¿Qué clase de aventura sería esa? ¿No les quitaría eso el sentimiento de logro? ¿Cómo se fortalecería y aumentaría su confianza en el Señor y en ustedes mismos?
Como el Señor le dijo a Oliver Cowdery: “Debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien”.
El Padre Celestial les dio a ustedes Su plan, Su camino. Él les dio la perspectiva general de las cosas y les ha dado un cerebro y un corazón. Si confían en Él, les ayudará a utilizar ambos correctamente al tomar decisiones. Él confía en que, al seguir a Jesucristo, tomarán las mejores decisiones posibles.
En muchos casos, las decisiones que tomen en ese momento quizás no sean tan importantes como lo que hagan después de que tomen la decisión.
Por ejemplo, una pareja puede decidir casarse incluso cuando algunos de sus familiares no los consideran la pareja perfecta. Sin embargo, tengo mucha esperanza en tal pareja si, después de tomar la decisión, se mantiene totalmente comprometida el uno con el otro y con el Señor con todo su corazón y mente. Al tratarse mutuamente con amor y bondad, centrándose en las necesidades emocionales, espirituales y temporales el uno del otro —y al hacer las cosas “pequeñas” constantemente— ellos llegan a ser la pareja perfecta para todos.
Por otro lado, está la pareja que todos piensan que eligieron a la persona “perfecta”, pero luego suponen que todo el trabajo pesado terminó. Si dejan de cortejarse y comunicarse, descuidan sus convenios sagrados y vuelven al egocentrismo y a una vida egoísta, esa pareja se encuentra en un camino que conduce al dolor y al remordimiento.
El mismo principio se aplica a la elección de una profesión. Tengo gran esperanza en aquellos que deciden tal vez elegir una ocupación menos prestigiosa, pero que hacen lo mejor que pueden y encuentran maneras de utilizar su trabajo para glorificar a Dios y bendecir a Sus hijos.
Tengo menos esperanza en aquellos que eligen ocupaciones que suenan impresionantes, pero que, en el camino, pierden el enfoque en su identidad divina y en el bien que podrían lograr al servir a Dios y a Sus hijos al mismo tiempo.
Dios ha preparado bendiciones eternas más allá de lo que puedan imaginar. Para ayudarlos a recibirlas, Él les dio mandamientos, convenios sagrados, consejos proféticos inspirados, el don del Espíritu Santo y el albedrío moral. Esto es más que suficiente para guiarlos a la felicidad terrenal y al gozo eterno. Más allá de eso, no se desesperen si toman decisiones que son menos que perfectas. Así es como aprenden. ¡Eso es parte de la aventura!
No, las aventuras nunca son fáciles de principio a fin. Su vida tendrá altibajos, pero si son fieles a Jesucristo y ven Su sacrificio expiatorio como un don de amor y el arrepentimiento como la manera de aceptarlo, pueden estar seguros de que habrá finales felices.
Tal vez no lo vean hasta mucho más adelante, pero mirarán hacia atrás y sabrán que el Señor nunca los abandonó, incluso cuando Él les permitió tomar muchas decisiones por sí mismos. Verán que los puntos sí se conectan.
Cinco cosas para recordar
Entonces, ¿qué espero que recuerden de nuestro tiempo juntos hoy?
Primero, sepan que las respuestas de Dios a sus preguntas más profundas pueden tomar un poco de tiempo y llegar de maneras que no esperan. Las respuestas de Dios son de valor eterno; la espera para recibirlas vale la pena.
Segundo, no se agobien al caminar por la senda del discipulado. Simplemente hagan lo mejor que puedan con las cosas pequeñas y las cosas grandes sucederán.
Tercero, tengan un poco de fe. Crean que ustedes son importantes para Dios, que Él ve lo que ustedes no pueden ver y que Él los guiará por el camino correcto. Él los ama. Confíen en Él.
Cuarto, no dejen que las voces desalentadoras los disuadan de su travesía de fe. Recuerden que ustedes no rinden cuentas a los críticos, rinden cuentas a su Padre Celestial. Los valores de Él cuentan.
Quinto, busquen la guía del Señor y, cuando Él diga “me es igual”, tomen las mejores decisiones que puedan basándose en las verdades que conocen. Luego “se[an] fieles”.
Les dejo mi bendición al comienzo de este nuevo año para que a medida que se esfuercen sinceramente por conocer a su Padre Celestial, por seguir a Jesucristo y por cumplir Sus convenios, su fe aumente.
Su confianza se fortalecerá a medida que procuren seguir a su Salvador y Sus enseñanzas.
¡En Jesucristo, Su Evangelio y Su Iglesia hallarán felicidad, gozo y paz! Y un día, Él los abrazará con amor divino.
Con indecible gratitud verán que Dios mismo, en Su abundante amor, gracia y compasión, siempre estuvo ahí, cuidándolos, bendiciéndolos y preparando un lugar para ustedes.
De esto testifico y les doy mi bendición, en el nombre de Jesucristo. Amén.