Confiar en Dios
Devocional mundial para jóvenes adultos
2 de febrero de 2025
Mis queridos hermanos y hermanas, mis queridos jóvenes amigos, los veo con el corazón en lugares de todo el mundo. Lucen muy bien; son hermosos. Ojalá pudiera darle a cada uno un gran abrazo.
Me alegro de estar con ustedes hoy. También me gusta estar aquí con mi Apóstol favorito. Sé que no debemos tener favoritos, pero en mi caso, parece que está bien porque estoy casada con él.
Hace poco celebramos nuestro aniversario de bodas número sesenta y dos. ¡Y seguimos enamorados!
¡Esos son los frutos del Evangelio! Cuando recibimos mensajes de felicitaciones y cariño de nuestros nietos y bisnietos, sentimos cuán valiosas son las bendiciones del Evangelio de Jesucristo y de ser miembros de la Iglesia.
Para aquellos de ustedes que están solteros, divorciados o viven en circunstancias familiares difíciles, les testifico que Dios los conoce y los ama, y que cuando se mantienen fieles a sus convenios, el gozo de la vida familiar no disminuye ni se los priva de ese gozo. No sé exactamente cómo será, pero sí sé que la gracia, la misericordia y el amor del Señor son suficientes para todos nosotros. Él hace que esto suceda de acuerdo a Su manera y en Su tiempo.
Cuando los miro y siento su maravilloso resplandor de bondad y fortaleza, me acuerdo de una época especial en la que Dieter y yo crecimos en la misma rama en Fráncfort, Alemania.
Sabía que yo le gustaba, pero él en realidad no me interesaba. Era amigable, pero solo era uno de mis amigos de la Iglesia. Aprendimos a bailar juntos en las actividades de la Iglesia. Esa era la época del foxtrot, del buguibugui y del rock and roll.
Después de alistarse en la fuerza aérea para llegar a ser piloto de combate, no lo vi durante casi dos años. Para ser sincera, cuando regresó a Fráncfort, mi primera impresión no fue muy positiva. Se parecía a los jóvenes arrogantes de la película Top Gun.
Pero cuando habló conmigo, me impresionó. Había madurado en esos dos años, él sabía lo que quería hacer con su vida y era firme en el Evangelio. Era bastante decidido y creativo en sus esfuerzos de cortejo. Unos meses después, nos casamos.
Mis queridos jóvenes amigos, nunca me he arrepentido de haberle echado un segundo vistazo, ni siquiera después de una primera impresión incierta.
Dieter es el amor de mi vida y el maravilloso padre y abuelo de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos.
Pero me estoy adelantando un poco a lo que quería compartir con ustedes.
Cuando tenía doce años, mi padre falleció de cáncer. Después de su muerte, nuestro hogar pasó a ser un lugar de tristeza, sufrimiento y desesperanza.
Parecía que no había nada, ni nadie, que pudiera consolar a mi madre o a nosotros, los niños. ¡Pero no era así! Nuestro Padre Celestial, en Su gran amor, no nos había olvidado.
Ocho meses después del fallecimiento de mi padre, dos misioneros estadounidenses tocaron nuestra puerta en Fráncfort, Alemania. Aquellos dos misioneros, guiados por el Espíritu, dejaron el preciado Libro de Mormón con mi madre. Cuánto amo el Libro de Mormón.
Aquellos jóvenes misioneros nos trajeron las respuestas de Dios. El mensaje del Plan de Salvación, el plan de felicidad era hermoso y muy poderoso. Trajo esperanza y luz de vuelta a nuestro hogar. Al aceptar el Evangelio restaurado, nuestra angustia, desesperación y tristeza fueron sanadas.
Con el mensaje del Evangelio restaurado de Jesucristo, ya no hubo más oscuridad en nuestra familia, debido a que la luz y la oscuridad no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo.
Aquellos dos misioneros eran jóvenes adultos amables. Para nosotros, eran dos ángeles de gloria enviados por Dios.
Mis queridos jóvenes amigos, ¡ustedes están hechos del mismo material divino! Son los elegidos de nuestros días, quienes con palabras y obras enseñan y viven el mensaje del Evangelio dondequiera que estén. Para este propósito fueron puestos en su ciudad, su escuela o trabajo y en su familia. No se olviden que ustedes tienen el potencial de ser ángeles de gloria para aquellos que están justo a su lado.
Ustedes representan a la Iglesia de Jesucristo y son líderes poderosos al proclamar el mensaje del Evangelio por medio de vida buena y testimonio valiente.
Un líder es alguien que ayuda a los demás a ver, a sentir y a encontrar el camino correcto. Mis queridos jóvenes amigos, ayúdense mutuamente a encontrar el camino correcto y a permanecer profundamente arraigados en la Iglesia y en el Evangelio.
Cada palabra simple y clara o acción de bondad, integridad, caridad, amabilidad, servicio, amor y compasión pueden llegar a ser su acto de liderazgo en el Reino de Dios. No subestimen su influencia y poder para hacer el bien.
Permítanme añadir aquí algunas palabras dirigidas a nuestras preciadas hermanas. En estos tiempos difíciles, están llamadas a utilizar sus talentos y su valor en la lucha entre el bien y el mal.
En 1979, el presidente Spencer W. Kimball profetizó: “Gran parte del progreso que tendrá la Iglesia en los últimos días se deberá a que muchas de las buenas mujeres del mundo […] se sentirán atraídas a la Iglesia en gran número […]. Eso solo sucederá al grado que las mujeres de la Iglesia reflejen rectitud […] en sus vidas, y […] sean vistas como singulares y diferentes de las mujeres del mundo, y lo hagan de una manera feliz”.
El presidente Russell M. Nelson agregó en 2015: “[Hermanas] necesitamos de su fortaleza, su conversión, su convicción, su capacidad para dirigir, su sabiduría y sus voces. ¡El reino de Dios no está completo, ni puede estarlo, sin las mujeres que hacen convenios sagrados y los guardan!.
Mis queridos hermanos y hermanas, la Iglesia y el Señor les ofrecen recursos poderosos para lograr estos propósitos suyos en la vida.
Lean las Escrituras, participen de Ven, sígueme y el programa de Instituto, hablen de manera intencional con el Padre Celestial en sus oraciones, asistan a la iglesia y apliquen la verdad y las enseñanzas del Evangelio en su vida diaria. Hagan convenios y guárdenlos. Pongan en práctica el arrepentimiento para recibir el perdón. Confíen en el Padre Celestial. Confíen en Jesucristo. Ellos los guiarán. Ellos los aman. Y Ellos están ahí.
Mis queridos jóvenes amigos, por favor, sepan de mi amor y gratitud por cada uno de ustedes. Mis oraciones y bendiciones están con ustedes. Son una parte significativa de la maravillosa y sagrada obra de Dios en este preciso momento de la historia del mundo. De ello testifico. En el nombre de Jesucristo. Amén.