Las cosas como realmente son 2.0
Devocional mundial para jóvenes adultos
Domingo 3 de noviembre de 2024
Susan y yo estamos agradecidos por esta oportunidad de adorar y aprender con ustedes. ¡Los amamos! En todo el mundo, dondequiera que estén, ¡los amamos!
Rogamos fervientemente que el Espíritu Santo nos bendiga a cada uno de nosotros para que escuchemos lo que necesitamos escuchar y veamos lo que necesitamos ver, a fin de que podamos seguir adelante con fe en el Salvador y un mayor deseo de seguirlo y servirle.
La dispensación del cumplimiento de los tiempos
Tenemos la bendición de vivir en una época notable: la dispensación misma del cumplimiento de los tiempos. Las Santas Escrituras y los pronunciamientos proféticos nos ayudan a conocer y apreciar más plenamente los días verdaderamente singulares en los que vivimos.
El profeta José Smith declaró: “El establecimiento de Sion es una causa que ha interesado al pueblo de Dios en todas las épocas; es un tema que los profetas, reyes y sacerdotes han tratado con gozo particular. Han mirado adelante, con gloriosa expectación, hacia el día en que ahora vivimos; e inspirados por celestiales y gozosas expectativas, han cantado, escrito y profetizado acerca de nuestros días; pero murieron sin verlos. Nosotros somos el pueblo favorecido que Dios ha elegido para llevar a cabo la gloria de los últimos días; a nosotros nos es permitido verla, participar en ella y ayudar a extender esta gloria de los últimos días”.
En otra ocasión el Profeta reveló: “El sacerdocio celestial se unirá con el terrenal para realizar estos grandes propósitos […]; una obra que Dios y los ángeles han considerado con gozo por muchas generaciones; que hizo arder el alma de los antiguos patriarcas y profetas; una obra que está destinada a ejecutar la destrucción de los poderes de las tinieblas, la renovación de la tierra, la gloria de Dios y la salvación de la familia humana”.
La importancia espiritual de los últimos días ha sido el centro de la atención de los profetas durante siglos, y la época especial en la que ahora vivimos está y seguirá estando llena de impresionantes acontecimientos y desarrollos espirituales.
La función de la tecnología en esta época especial del mundo
Un aspecto importante de la plenitud que tenemos a nuestra disposición en la actualidad es un progreso milagroso de innovaciones e inventos que han posibilitado y acelerado la obra de salvación y exaltación de Dios: desde trenes a telégrafos, radios, automóviles, aviones, teléfonos, transistores, televisores, computadoras y transmisiones vía satélite, hasta internet y la inteligencia artificial; y una lista prácticamente interminable de tecnologías y herramientas que bendicen nuestra vida. Todos esos avances son parte de cómo el Señor apresura Su obra en los últimos días.
Brigham Young declaró en 1862: “Todo descubrimiento de la ciencia y de las artes que es realmente útil para la humanidad se ha dado por revelación directa de Dios, aunque son pocos los que lo reconocen. Se ha dado con la mira de preparar el camino para el triunfo final de la verdad, y la redención de la tierra del poder del pecado y de Satanás. Debemos aprovechar todos estos descubrimientos grandiosos, la sabiduría acumulada a lo largo de los siglos, y dar a nuestros hijos el beneficio de toda rama de conocimiento útil, para prepararlos para avanzar y de manera eficaz hacer su parte en la gran obra”.
En 1966, el presidente David O. McKay profetizó descubrimientos científicos que “asombran la imaginación” y que harían posible la predicación del Evangelio a toda tribu, lengua y pueblo. También dijo: “Descubrimientos con un potencial tan poderoso, tanto para la bendición como para la destrucción de los seres humanos, que hacen que la responsabilidad del hombre de controlarlos sea la más gigantesca que jamás se haya colocado en manos humanas. […] Esta época está repleta de peligros ilimitados, así como de posibilidades incontables”.
Las cosas como realmente son
Hace quince años, en un devocional mundial para jóvenes adultos, hablé del gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial para Sus hijos. Hice hincapié en la importancia de nuestro cuerpo físico en el plan del Padre, en cómo Lucifer nos tienta a minimizar y hacer un mal uso de nuestro cuerpo físico, y levanté una voz de advertencia sobre los efectos potencialmente dañinos que las tecnologías digitales pueden tener en nuestra alma y en nuestra relación con otras personas.
Hice hincapié en que ni las innovaciones digitales ni los rápidos cambios en sí mismos son buenos o malos. Más bien, advertí que el verdadero desafío es entender tanto las innovaciones como los cambios dentro del contexto del plan eterno de felicidad. También planteé “dos preguntas para su consideración” conforme meditaran “en forma personal y con espíritu de oración”.
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“El uso de las varias tecnologías y medios de comunicación, ¿invitan o impiden la compañía constante del Espíritu Santo en su vida?
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El tiempo que pasan haciendo uso de las diferentes tecnologías y medios de comunicación, ¿aumenta o restringe su capacidad de vivir, de amar y de servir en formas significativas?”.
El título de mi mensaje en 2009 fue: “Las cosas como realmente son”, y tal era el caso en ese entonces.
El título de mi mensaje de hoy es: “Las cosas como realmente son 2.0”, y tal es el caso ahora.
Sean prudentes
El origen de mi mensaje de hoy se encuentra en la conclusión de un discurso de un devocional que pronuncié en la Universidad Brigham Young en enero de este año.
“A medida que se esfuercen por aprender el Evangelio de Jesucristo y llevar a cabo la obra que tienen que hacer, los exhorto específicamente a que sean prudentes en el uso de las herramientas tecnológicas contemporáneas. Innovaciones como la inteligencia artificial [pueden] tanto (1) ayudarlos a recibir bendiciones magníficas como a (2) disminuir y sofocar su albedrío moral. Por favor, no permitan que la supuesta precisión, velocidad y comodidad de las tecnologías modernas los inciten a evitar o evadir las obras de rectitud que invitan a su vida las bendiciones que necesitarán. Mis queridos hermanos y hermanas, los atajos espirituales y las soluciones rápidas no existen”.
Ahora me centraré en los tres temas en los que hice hincapié en la cita anterior: la inteligencia artificial, el albedrío moral y las obras de rectitud.
La inteligencia artificial
La inteligencia artificial, a menudo llamada IA, es una tecnología que permite a las computadoras y máquinas simular la inteligencia humana y las capacidades de resolución de problemas. En los últimos años, el desarrollo y la aplicación de tecnologías de IA ha avanzado a un ritmo excepcionalmente rápido y ha influido en casi todos los campos de la actividad humana: la medicina, la ciencia, la educación, la arquitectura y la construcción, la comunicación, la economía, el comercio minorista, la fabricación y muchísimos otros campos. Y a medida que el uso de la IA se extiende cada vez más, los peligros ilimitados y las posibilidades incontables profetizados por el presidente McKay se hacen cada vez más evidentes.
Esta notable tecnología ofrece el potencial de avanzar en el conocimiento, mejorar nuestra calidad de vida, facilitar la comunicación y la conexión, mejorar el aprendizaje y el crecimiento personal, y fomentar la creatividad y la innovación.
La IA también tiene el potencial de oscurecer nuestra verdadera identidad como hijos e hijas de un amoroso Padre Celestial, distraernos de las verdades eternas y de las obras de rectitud necesarias para el crecimiento espiritual, generar orgullo y un menor reconocimiento de nuestra dependencia de Dios, y distorsionar o reemplazar la interacción humana significativa.
“Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.
“Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios”.
Consideren la siguiente posibilidad peligrosa: un compañero desarrollado por IA, una novia o un novio, puede ser “diseñado meticulosamente para [ofrecer] experiencias atractivas y adictivas, y resultar interesante para satisfacer una amplia gama de necesidades emocionales y sociales”.
“Esta personalización crea una sensación de conexión y comprensión, lo que hace que las interacciones con estos compañeros virtuales sean sumamente atractivas. El encanto se acentúa aún más por su disponibilidad las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, y la ausencia de las complejidades que a menudo se encuentran en las relaciones humanas [auténticas]. Desde recordar fechas importantes hasta responder de una manera constantemente comprensiva, estos [compañeros] de IA están programados para cumplir roles de compañerismo idealizados, que los hace [especialmente] adictivos” y distorsionan las percepciones de “las cosas como realmente son” en las relaciones humanas.
Además, los compañeros virtuales diseñados específicamente para atraer y evolucionar con las necesidades emocionales de una persona pueden causar estragos en relaciones que antes eran estables. Al igual que el monóxido de carbono, estas relaciones virtuales pueden convertirse en el “asesino invisible” de las relaciones reales. La falsa intimidad emocional puede reemplazar la intimidad emocional de la vida real, que es precisamente lo que une a dos personas. Una persona puede encontrar consuelo y alivio en un compañero virtual de una manera que erosione la dependencia mutua entre esposo y esposa. Y algunas personas pueden caer en esta trampa sin darse cuenta de que se trata de una violación del compromiso exclusivo con un cónyuge, debido a que un compañero virtual no es “real” y no cuenta como otra persona.
Recuerden siempre que un compañero de IA es solo un algoritmo matemático. Ustedes no le gustan, no se preocupa por ustedes; en realidad no sabe si ustedes existen o no. Repito: es un conjunto de ecuaciones computacionales que los tratarán como un objeto sobre el que se actúa, si ustedes lo permiten. Por favor, no permitan que esta tecnología los tiente a convertirse en un objeto.
Este ejemplo no es más que uno de los millones de peligros potenciales de la inteligencia artificial.
Mi intención no es sugerir que la inteligencia artificial sea inherentemente mala, no lo es. Ni tampoco estoy diciendo que no debamos usar las muchas facultades de la IA en formas apropiadas para aprender, comunicar, elevar e iluminar vidas, así como para edificar y fortalecer la Iglesia. Claro que debemos hacerlo. No debemos temer a la IA ni intentar escondernos de ella. Pero el potencial de rectitud de esta asombrosa herramienta tecnológica solo se puede hacer realidad si somos conscientes de sus peligros y nos protegemos de ellos.
A fin de navegar por la compleja intersección de la espiritualidad y la tecnología, los Santos de los Últimos Días deben, con humildad y oración, (1) reconocer los principios del Evangelio que pueden guiar su uso de la inteligencia artificial, y (2) esforzarse sinceramente por obtener la compañía del Espíritu Santo y el don espiritual de la revelación.
Los invito a repasar y a estudiar los principios rectores de la IA desarrollados y distribuidos por la Iglesia a principios de este año. Estos principios informan respecto al uso de la inteligencia artificial por parte de la Iglesia y proporcionan una base sólida sobre la cual ustedes pueden construir sus protecciones personales contra los peligros del uso inapropiado de la tecnología.
En su primera conferencia general como Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el presidente Russell M. Nelson hizo hincapié en la importancia de la revelación personal en nuestra vida cuando dijo: “Nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo, llevará a cabo algunas de Sus obras más maravillosas entre ahora y cuando vuelva de nuevo. Veremos indicios milagrosos de que Dios el Padre y Su Hijo, Jesucristo, presiden esta tierra en majestad y gloria, pero en los días futuros no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, orientadora, consoladora y constante del Espíritu Santo”.
Te damos, oh Dios, nuestras gracias por un profeta, y esta noche te damos las gracias por las advertencias del presidente David O. McKay y del presidente Russell M. Nelson.
El albedrío moral
Anteriormente indiqué que la inteligencia artificial tiene el potencial de disminuir y sofocar nuestro albedrío moral. ¿Qué significa esta afirmación y cómo puede ocurrir tal efecto?
Los propósitos generales del gran plan de felicidad del Padre son brindar a Sus hijos procreados como espíritus oportunidades de recibir un cuerpo físico, aprender a “discernir el bien del mal” mediante la experiencia terrenal, crecer espiritualmente y progresar eternamente; y el albedrío moral es el elemento central del plan de Dios para llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos e hijas.
El término albedrío moral es ilustrativo. Entre los sinónimos de la palabra moral se pueden encontrar “bueno”, “honrado”, “virtuoso” y “honorable”. Entre los de la palabra albedrío se pueden encontrar “acción”, “actividad” y “trabajo”. Por lo tanto, se puede entender el albedrío moral como la facultad y el privilegio de escoger y de actuar por nosotros mismos de maneras que sean buenas, honradas, virtuosas y honorables.
Las creaciones de Dios incluyen tanto “las cosas que actúan como aquellas sobre las cuales se actúa”. Y, de manera importante, el albedrío moral es el “poder de actuar con independencia” que, por designio divino, nos faculta, como hijos de Dios, para llegar a ser agentes que actúan, y no simplemente objetos sobre los cuales se actúa.
El Señor instruyó a Enoc sobre este preciso concepto doctrinal:
“He allí a estos, tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y les di su conocimiento el día en que los creé; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío;
“y a tus hermanos he dicho, y también he dado mandamiento, que se amen el uno al otro, y que me prefieran a mí, su Padre”.
Fíjense en que los propósitos fundamentales del ejercicio del albedrío son que nos amemos unos a otros y que prefiramos, o escojamos, a Dios. Piensen en que se nos manda —no se nos exhorta, insta ni aconseja simplemente, sino que se nos manda— que utilicemos el albedrío para pensar en los demás, para amarnos unos a otros y para escoger a Dios.
El conocido himno “Haz el bien” se titula así por una razón. No se nos ha bendecido con albedrío moral para que hagamos lo que queramos y cuando queramos; más bien, de conformidad con el plan del Padre, hemos recibido albedrío moral para buscar la verdad eterna y actuar de acuerdo con ella. Siendo como somos nuestros “propios agentes”, debemos estar anhelosamente consagrados a causas buenas, “hacer muchas cosas de [nuestra] propia voluntad y efectuar mucha justicia”.
La importancia vital del albedrío moral se pone de relieve en el relato del concilio preterrenal que se encuentra en las Escrituras. Lucifer se rebeló contra el plan del Padre y, de manera significativa, su desafío se centró directamente en el principio del albedrío moral:
“Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y pretendió destruir el albedrío del hombre […], hice que fuese echado abajo”.
El plan egoísta del adversario consistía en despojar a los hijos e hijas de Dios del don de llegar a ser “sus propios agentes”, lo cual les permitiría actuar con rectitud. Su intención era que todos los hijos del Padre Celestial se convirtieran en objetos sobre los cuales solo se pudiera actuar.
La tierra fue creada como un lugar en el que los hijos del Padre Celestial pudieran ser probados para ver si harían “todas las cosas que el Señor su Dios les mandare”. El propósito mismo de la Creación y de nuestra existencia terrenal es ver si ustedes y yo escogeremos y actuaremos para llegar a ser lo que el Señor nos invita a llegar a ser. Como el presidente Nelson ha declarado: “Dios, nuestro Padre Celestial, quiere que ustedes elijan volver a casa con Él. Su plan de progreso eterno no es complicado y respeta el albedrío de ustedes”.
Nuestra esperanza y aspiración es la gloria celestial con nuestras familias en la presencia del Padre Celestial y de Su Hijo Amado, el Señor Jesucristo. Por esta y muchas otras razones, el presidente Nelson nos ha invitado a “pensar de manera celestial”.
Pero tengan cuidado. La facilidad de uso, la precisión percibida y el rápido tiempo de respuesta que caracterizan a la inteligencia artificial pueden crear una influencia potencialmente seductora, adictiva y sofocante en el ejercicio de nuestro albedrío moral. Debido a que la IA está encubierta por la credibilidad y las promesas del progreso científico, ingenuamente podríamos ser seducidos a entregar nuestro precioso albedrío moral a una tecnología que solo puede pensar de manera telestial. Al hacerlo, podemos ser transformados gradualmente de agentes que pueden actuar a objetos sobre los que solo se actúa, y podríamos, sin saberlo, ayudar a Lucifer a lograr en la vida terrenal lo que no pudo lograr en la preterrenal.
La verdad es el conocimiento de las cosas como realmente son. La inteligencia artificial no puede simular, imitar ni reemplazar la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida. No importa cuán sofisticada y elegante pueda llegar a ser la tecnología de IA, simplemente nunca podrá dar testimonio del Padre y del Hijo, revelar la verdad de todas las cosas ni santificar a quienes se han arrepentido y han sido bautizados.
La verdad es el conocimiento de las cosas como realmente serán. Al ser prudentes, preservar y ejercer nuestro albedrío moral para amar a Dios y servir a nuestros hermanos y hermanas, y tomar al Santo Espíritu por guía, podemos evitar el engaño y prosperar espiritualmente en los tiempos difíciles y benditos en los que vivimos.
Las obras de rectitud
La comprensión del plan de felicidad del Padre Celestial nos ayuda a reconocer que las obras de rectitud son algo necesario para el progreso espiritual.
Como hijos e hijas de Dios, “cada uno [de nosotros] tiene una naturaleza y un destino divinos” y ha heredado habilidades espirituales de Él. Nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado son creadores y nos han confiado en la vida terrenal una porción de Su poder para crear. Nuestra capacidad particular de obrar y crear es significativa en lo espiritual precisamente porque es fundamental en el plan del Padre y constituye una de las máximas expresiones de nuestro potencial divino.
El presidente Thomas S. Monson explicó: “Dios dejó el mundo sin concluir para que [los hombres y las mujeres] emplearan [su] ingenio; dejó la electricidad en la nube y el petróleo en la tierra; no tendió puentes sobre los ríos, no taló los bosques, ni edificó ciudades. Dios [nos] da […] el reto de la materia prima, no la facilidad de las cosas terminadas. Deja los cuadros sin pintar, la música sin cantar y los problemas sin resolver, a fin de que nosotros mismos descubramos la dicha y la gloria de crear”.
El albedrío moral, el llegar a ser agentes y las obras de rectitud están interrelacionados y unidos de maneras verdaderamente poderosas. Consideren, por ejemplo, la definición de la fe en el Señor Jesucristo, tal como se expone en Lectures on Faith [Discursos sobre la fe]:
“La fe [en Cristo es] el primer principio de la religión revelada […], el fundamento de toda rectitud […] y el principio de acción de todos los seres inteligentes”.
El don espiritual de la fe en Cristo conlleva el ejercicio de nuestro albedrío para actuar y seguirlo a Él, vivir de conformidad con Sus enseñanzas, guardar Sus mandamientos, unirnos a Él mediante convenios, confiar en Sus promesas y aceptar con mansedumbre Su voluntad y Su tiempo en nuestra vida. Actuar de conformidad con la doctrina y los principios correctos que el Redentor ha proclamado es esencial, porque “la fe sin obras es muerta”.
En Lectures on Faith también aprendemos que “la fe no solo es el principio de acción, sino también de poder […], ya sea en los cielos o en la tierra”. La fe en Cristo siempre lleva a acciones rectas, lo cual aumenta nuestro poder y capacidad espirituales.
Por lo tanto, los discípulos fieles de Cristo son personas que obran y están anhelosamente consagradas porque “el poder está en ellos, y en esto vienen a ser sus propios agentes”. Los discípulos devotos actúan de manera constante y consciente, de acuerdo con sus habilidades y circunstancias individuales, como agentes para obrar o hacer algo tanto en los aspectos temporales como espirituales de sus vidas y en el servicio a los demás.
Comprender que la fe en el Salvador es un principio de acción y de poder sugiere un modelo continuo de obras de rectitud que son una expresión fundamental de dependencia y confianza en Él, así como una fuente de aprendizaje y progreso. Por estas razones importantes, las obras son esenciales para nuestro progreso espiritual.
El presidente Ezra Taft Benson enseñó: “El nuestro es un Evangelio de trabajo: decidido, desinteresado y realizado en el espíritu del verdadero amor de Cristo. Solo así podemos desarrollar nuestros atributos divinos. Solo de esta manera podemos convertirnos en instrumentos dignos en las manos del Señor”.
Una de mis mayores preocupaciones es que la dependencia excesiva de la tecnología de IA haga que nos volvamos espiritualmente perezosos y superficiales, y que perdamos las bendiciones que son posibles mediante las obras de rectitud.
Me pregunto cuántos mensajes de la reunión sacramental y lecciones de la Escuela Dominical, del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro del próximo domingo se habrán generado a partir de la IA. Un simple comando dictado a su dispositivo digital, esperar unos segundos o minutos, y tendrán lo que necesitan. Pero ¿realmente tendrán lo que necesitan?
Creo que la IA puede ayudar adecuadamente a recopilar información, evaluar nuestro pensamiento, examinar nuestro estilo de escritura y acelerar un proceso iterativo de aprendizaje “línea por línea [y] precepto por precepto”. Sin embargo, las capacidades divinas para crear y obrar pertenecen exclusivamente a cada uno de nosotros como hijos e hijas de Dios. Sin duda, podemos generar y producir contenido fabuloso para un discurso de reunión sacramental con IA, pero el objetivo no es simplemente producir o presentar contenido impresionante; más bien, es obrar y llegar a ser lo que Dios desea y anhela que lleguemos a ser.
En lo que a mí respecta, yo no utilizo esta tecnología para generar o redactar mis discursos, artículos o contenidos para otros proyectos. Este debe ser mi esfuerzo diligente, mi trabajo creativo y, lo más importante, mi búsqueda para estar abierto a la inspiración del Espíritu Santo.
Sí utilizo esta tecnología para evaluar mi trabajo. Por ejemplo, después de terminar de escribir el mensaje que les estoy comunicando ahora, le pedí a una aplicación de IA que analizara y describiera el tono del discurso para una audiencia mundial de jóvenes adultos que son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Estos son los comentarios que recibí:
“El tono de este discurso es solemne e instructivo, ya que el autor se vale de referencias de las Escrituras y experiencias personales para enseñar acerca de la importancia de discernir las realidades espirituales de las ilusiones mundanas. El discurso también es esperanzador y alentador, pues el autor invita a los jóvenes adultos a buscar revelación y seguir el ejemplo del Salvador en la vida diaria. El discurso tiene por objeto inspirar fe y acción entre sus destinatarios y advertirles de los peligros de ser engañados por las mentiras de Satanás”.
Basándome en esta revisión, hice varios cambios que espero que hayan mejorado el mensaje general.
Mis queridos hermanos y hermanas, por favor, recuerden siempre que no debemos vender nuestra primogenitura espiritual de “descubr[ir] la dicha y la gloria de crear” por un plato de “guisado” tecnológico.
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado, porque todo lo que el hombre siembre, eso también segará.
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”.
La ley de la cosecha es verdadera: ayer, hoy y para siempre.
La conversión continua al Señor requiere un trabajo centrado, sostenido y en rectitud. Debemos esforzarnos por convertirnos en agentes que ejercen fe en el Salvador y actúan, y evitan convertirse en objetos sobre los que simplemente se actúa.
Recuerden siempre que llegar a ser un discípulo devoto requiere un trabajo centrado, sostenido y en rectitud. Debemos esforzarnos por convertirnos en agentes que ejercen fe en el Salvador y actúan, y evitan convertirse en objetos sobre los que simplemente se actúa.
La revelación personal requiere un trabajo centrado, sostenido y en rectitud. Debemos esforzarnos por convertirnos en agentes que ejercen fe en el Salvador y actúan, y evitan convertirse en objetos sobre los que simplemente se actúa.
Buscar apropiadamente los dones del Espíritu requiere un trabajo centrado, sostenido y en rectitud. Debemos esforzarnos por convertirnos en agentes que ejercen fe en el Salvador y actúan, y evitan convertirse en objetos sobre los que simplemente se actúa.
Para ser claros, no nos ganamos las bendiciones de Dios ni nos hacemos merecedores de ellas solamente por medio de nuestras obras individuales. La voluntad y el tiempo de Dios determinan cómo y cuándo recibimos Sus tiernas misericordias. Pero ustedes y yo tenemos la obligación espiritual de trabajar, crear y aprender por nosotros mismos.
Promesa y testimonio
La voz de advertencia que elevé en 2009 fue seria, enfática y urgente porque los peligros y las posibilidades de la tecnología que estamos analizando apenas estaban emergiendo; y tal era el caso en ese entonces.
La voz de amonestación que elevo hoy es más seria, más enfática e incluso más urgente porque los peligros y las posibilidades de la tecnología que estamos analizando se encuentran en todas partes todo el tiempo; y tal es el caso ahora.
El Espíritu Santo testifica de la verdad. Ustedes y yo tenemos la responsabilidad de garantizar que el Espíritu Santo pueda dar testimonio de la veracidad y autenticidad de todo lo que decimos y compartimos, tanto en la forma como en el contenido. Lo que se nos ha prometido a todos nosotros es que podemos usar esta tecnología de manera adecuada con la guía, la protección y las advertencias que provienen del poder del Espíritu Santo.
Los bendigo y les prometo que a medida que “mir[emos] hacia [el Salvador] en todo pensamiento” y busquemos la compañía del Espíritu Santo, seremos bendecidos para caminar en la mansedumbre del Espíritu del Señor y tener paz en Él. Y “no dud[aremo]s; no tem[eremo]s” y discerniremos la verdad de todas las cosas, incluso “las cosas como realmente son”.
Testifico que el Padre Celestial vive y que es el autor del gran plan de felicidad. Testifico que Jesucristo es el Hijo Unigénito y Amado del Padre. Y testifico que Él ha resucitado. Él vive. Él es nuestro Redentor y nuestro Salvador. Y testifico que somos bendecidos por vivir en la época extraordinaria de la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Comparto mi testimonio con gozo de estas verdades en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.