Transmisiones y devocionales
Acercarnos más a Jesucristo


22:11

Acercarnos más a Jesucristo

Devocional de BYU con el presidente Dallin H. Oaks

Martes 10 de febrero de 2026

Mis queridos hermanos y hermanas, es un gozo estar aquí. Ustedes son una audiencia muy amada por el Señor y Él desea que todos ustedes regresen a Su presencia.

Desde mi servicio como rector de BYU en 1971, he hablado a muchas audiencias de BYU pero nunca antes como líder de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Como su líder actual, he orado para recibir inspiración sobre lo que debo decirles a ustedes y a la gran audiencia que incluimos con la tecnología actual.

Ustedes están celebrando el aniversario número 150 de BYU. Yo era el rector de BYU cuando celebramos el centenario. En ese año, el presidente Spencer W. Kimball pronunció su histórico “Discurso del segundo siglo”. Ese segundo siglo ha llegado a la mitad. ¿En qué se ha convertido BYU conforme procura lograr esos desafíos proféticos? ¿En qué se han convertido ustedes con la experiencia adquirida durante el segundo siglo? Para reforzar las impresiones espirituales que les he transmitido previamente a los líderes de su universidad, creo firmemente que el destino de la Universidad Brigham Young es llegar a ser lo que los profetas pasados y presentes sabían que podría llegar a ser. Con la consagración y el liderazgo de esta comunidad, BYU se convertirá en la gran universidad del Señor, no a la manera del mundo, sino a la manera del Señor.

Ahora me dirijo a una audiencia de BYU, pero lo que tengo que decir se aplica a todos los que siguen las palabras de un profeta.

I. Introducción

Quiero agradecer a los muchos amigos y miembros que han orado y expresado su apoyo por mí en mi nuevo llamamiento. Las frecuentes referencias al “manto” del oficio que recae sobre mí me han llevado a iniciar este mensaje con algunas observaciones sobre el significado de ese término.

La palabra manto se utiliza en la Biblia para describir el manto del profeta Elías que descendió sobre Eliseo como símbolo del paso de la autoridad profética. El término manto surgió en la historia de la Iglesia restaurada por medio de numerosos relatos durante la reunión en Nauvoo sobre quién debía suceder a José Smith tras su asesinato. Muchos de los presentes registraron su experiencia de que “el manto de José” recayó sobre Brigham Young. Esas experiencias adoptaron diversas formas. Algunos tuvieron experiencias visuales, otros escucharon la voz de José y muchos tuvieron un sentimiento; cada uno de nosotros recibe revelación de manera diferente.

Cuando Russell M. Nelson fue llamado como nuestro profeta, tuve una experiencia similar. Me había sentado junto a este apóstol en las reuniones del Cuórum de los Doce durante treinta y cuatro años, pero cuando el “manto” del profeta recayó sobre el presidente Nelson, sentí que sus dones proféticos se magnificaron. Todos hemos sido testigos de su profundo liderazgo.

Tras el fallecimiento del presidente Nelson, experimenté otro significado del “manto”. Para quienes lo observan, simboliza una transferencia de la autoridad del sacerdocio. Para la persona que recibe esa autoridad, es muy diferente y muy real. A los pocos minutos de enterarme de la muerte de nuestro presidente, sentí que la pesada responsabilidad recaía sobre mí, junto con importantes impresiones de lo que se me requería a hacer ahora.

Como su líder, ruego por lo que nuestro Padre Celestial desea para cada uno de nosotros: que seamos o lleguemos a ser miembros activos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, avanzando por la senda de los convenios hacia las eternidades. Necesitamos las oraciones los unos de los otros. Siento el efecto positivo de sus oraciones. Estoy agradecido y los amo.

II. Cuestiones doctrinales para los Santos de los Últimos Días

Me siento compelido a recalcar la advertencia que nos dio el presidente Russell M. Nelson de que “en los días futuros, no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, […] consoladora y constante del Espíritu Santo”. Una de las muchas razones por las que necesitarán la influencia constante del Espíritu Santo es que viven en una época en la que el adversario se ha vuelto tan eficaz en disfrazar la verdad que, si no tienen el Espíritu Santo, serán engañados. Hay muchos obstáculos por delante. Las distracciones serán muchas. Incluso los miembros activos a veces pueden tener inquietudes sobre algunas cuestiones históricas, doctrinales o sociales relacionadas con la Iglesia. Quiero ayudar a todos nuestros miembros a superar las dudas presentes o futuras. Sean cuales sean esas dudas, la manera de superarlas es acercarnos más a nuestro Salvador, Jesucristo. Una y otra vez, Él nos ha enseñado que Él es el camino.

Les presento cuatro impresiones que nos acercarán más a nuestro Salvador:

  • Primero, fortalecer nuestra fe en Él.

  • Segundo, aumentar nuestra humildad.

  • Tercero, buscar la ayuda de otras personas.

  • Y cuarto, ser pacientes.

La primera es centrarnos en desarrollar nuestra fe en Dios y en la misión de Su Hijo, Jesucristo. Una fe firme requiere más que un fuerte deseo; significa esforzarse a diario, paso a paso, con oración y el estudio de las Escrituras. Aumentamos nuestro compromiso hacia los principios del primer Artículo de Fe, que dice: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”. Estos principios afianzan nuestra fe en Dios y nos mantendrán anclados a la verdad del Evangelio y al ejemplo de servicio a nuestros semejantes de nuestro Salvador.

III. Humildad

En segundo lugar, una mayor humildad nos acerca más a Jesucristo. Eso nos ayudará a superar las preguntas sobre la doctrina del Señor. Cuando somos humildes, escuchamos más claramente la voz del Señor. Todos necesitamos ayuda para aprender humildad. Les relato una experiencia personal previa que me ayudó a volver a la senda de la humildad. En mi primer año como profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, murió un famoso miembro de la facultad, y el decano me pidió que enseñara sus clases durante varias semanas hasta que se encontrara un profesor sustituto. No estaba muy familiarizado con la materia jurídica, fue desafiante y, al final, sentí el deseo de felicitarme por haber cumplido con la asignación. Después, un alumno me dijo lo que pensé que iba a ser un cumplido. Él dijo: “Señor Oaks, estuve en esa clase donde reemplazó al profesor [fulano de tal] y debo decirle que me impresionó mucho. Algún día será un gran profesor”.

¿Por qué me ayudó esa experiencia? Tenía demasiada confianza en mis habilidades como profesor y ese alumno me brindó una perspectiva que me ha bendecido hasta el día de hoy.

El presidente Ezra Taft Benson nos dio una gran enseñanza sobre la humildad. Lo hizo como parte de sus memorables enseñanzas sobre el orgullo. “El antídoto contra el orgullo”, enseñó, “es la humildad: la mansedumbre, la sumisión”. “La humildad responde a la voluntad de Dios, al temor a Sus juicios y a las necesidades de las personas a nuestro alrededor”. “Elijamos ser humildes” fue su súplica. Yo agrego: presten atención a las necesidades de los demás y la humildad vendrá por sí sola.

Al igual que la fe en Dios, la humildad es una virtud primordial que se nos da con el fin de ayudarnos a aprender otras virtudes necesarias para llegar a ser lo que nuestro Padre Celestial y Su Hijo Unigénito nos crearon para llegar a ser.

En un discurso aquí en BYU hace muchos años, el presidente Spencer W. Kimball definió la humildad como “enseñabilidad”. Él explicó:

“La humildad es enseñabilidad, la capacidad de darse cuenta de que no todas las virtudes y habilidades están concentradas en uno mismo. […] La humildad nunca es acusadora ni contenciosa. […] La humildad se arrepiente y no busca justificar sus imprudencias. Es perdonar a los demás al darse cuenta de que puede haber errores del mismo tipo o [que nosotros mismos cometemos]. […] La humildad no busca la popularidad ni la notoriedad; no exige honores”.

La humildad es uno de los mandamientos poderosos que se nos han dado para guiarnos en nuestra jornada terrenal. Nos prepara para nuestra reunión señalada con nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo. Procuren no distraerse. Recuerden Su parábola de las diez vírgenes; queremos estar entre las cinco humildes que fueron admitidas en la presencia del Señor.

El Señor ama a todos Sus hijos y anhela su regreso, pero todos conocemos ejemplos de exmisioneros que han interrumpido su crecimiento espiritual por períodos de inactividad. Sabemos de jóvenes que han puesto en peligro su crecimiento espiritual al apartarse de las enseñanzas de la Iglesia, como aquellos que expresan poco deseo de casarse o de tener hijos. Y hay miembros adultos que no procuran ser un pueblo que hace convenios, como los hombres que no se preparan para la ordenación al Sacerdocio de Melquisedec.

Aquellos cuya fe y actividad en la Iglesia restaurada han disminuido son una fuente importante de preocupación para sus líderes proféticos. Los amamos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres. ¡Y el Señor también! Dios busca de manera incesante y amorosa a cada uno de ustedes. Guarden los mandamientos y sean fieles a los convenios que muchos de ustedes han hecho para guiarse a lo largo de la senda de los convenios. Nunca permitan que su aprendizaje secular limite sus horizontes.

Estamos agradecidos de saber que hay dos métodos para obtener el conocimiento necesario: (1) los descubrimientos en constante evolución que el hombre alcanza mediante el método científico y (2) las verdades reveladas por el método espiritual, que comienza con la fe en Dios y se basa en las Escrituras, la enseñanza inspirada y la revelación personal. No existe un conflicto esencial entre el conocimiento que se obtiene mediante estos diferentes métodos porque Dios, nuestro Padre Eterno omnipotente, conoce toda la verdad y nos invita a aprender por ambos métodos.

Aquellos que no creen en Dios y que rechazan formalmente la “moralidad religiosa tradicional” y confían únicamente en “las pruebas de la evidencia científica” cumplen una descripción del Libro de Mormón sobre aquellos que “viv[e]n sin Dios en el mundo”.

El élder Richard L. Evans ofreció una buena respuesta para quienes se sienten desconcertados por alguna evidencia científica que parece contradecir lo que interpretamos de las Escrituras:

“Puede que haya algunas discrepancias aparentes”, dijo. “No se preocupen por ellas. La eternidad es mucho tiempo. Siento un gran respeto por el aprendizaje, por el esfuerzo académico y el ambiente universitario. […] Siento un gran respeto por la ciencia y los científicos, y por la búsqueda de la verdad. Pero recuerden esto: la ciencia, después de todo (incluso cuando es verdadera, definitiva y objetiva) es simplemente el descubrimiento por parte del hombre de algunas cosas que Dios ya sabe y controla en su ordenamiento del universo. […] Dios no nos ha dicho todo lo que sabe. Creemos en la revelación continua. Tengan paciencia. Manténganse humildes y equilibrados en todas las cosas”.

La humildad, la fe y la confianza en el Señor son los remedios contra la duda. Tal como se enseña en el Libro de Mormón, el Señor “bendice y hace prosperar a aquellos que en él ponen su confianza”. Confiar en el Señor es una necesidad particular de todos los que erróneamente descartan los mandamientos de Dios y las enseñanzas de Sus profetas al compararlos con los descubrimientos más recientes y la sabiduría del hombre.

IV. Ayuda de otros creyentes bien informados

Una tercera manera de acercarnos más a nuestro Salvador es relacionarnos con otros creyentes. Esto incluye conversaciones con personas de confianza, miembros locales de la Iglesia y otros amigos fieles.

Recuerden que, para sobrevivir espiritualmente, necesitarán la influencia constante del Espíritu Santo. Nos rodean una gran cantidad de especulaciones y de información falsa en los pódcast y en las redes sociales. Algunos pueden objetar o cuestionar la veracidad de la doctrina de la Iglesia, sin conocer ni entender siquiera la plenitud de esa doctrina.

No se dejen persuadir por información falsa o inexacta. Hablen de sus preocupaciones con amigos fieles y bien informados, y siempre lleven esas preocupaciones al Señor.

El Señor nos ha dicho muy poco acerca de algunas cosas. Por ejemplo, sabemos muy poco acerca del mundo de los espíritus después de la vida terrenal, o incluso del mundo de los espíritus que la precedió. Esa falta de conocimiento puede ser perjudicial cuando confiamos en las creencias sobre estos temas de personas bienintencionadas que enseñan más allá de lo que Dios ha decidido revelar. Confiar en Dios, tanto en lo que sabemos como en lo que no sabemos, es una gran protección contra las dudas basadas en ideas erróneas, en lugar de lo que Dios ha decidido revelar.

Les cuento la experiencia de un sabio presidente de estaca aquí en este campus. Un joven de su estaca que lo admiraba se le acercó y le pidió que fuera su mentor en los negocios. Después de unas semanas, el joven le confió: “Debo contarle que he decidido alejarme de la Iglesia. Ya no creo”. El sorprendido presidente de estaca inmediatamente comenzó a expresar su profundo testimonio del Evangelio que le había traído tanto gozo, paz e inspiración. El joven se quedó atónito, lo miró con lágrimas en los ojos y dijo: “No he escuchado a nadie hablar así en meses. He estado saliendo con amigos que no creen”. Les digo a todos ustedes, como ese sabio presidente de estaca le dijo a este joven, que busquen amigos y colegas que se esfuercen por seguir al Señor, con quienes puedan sentir el Espíritu y fortalecer su fe.

Rodéense de personas que creen. Un gran profeta del Libro de Mormón enseñó esta verdad:

“Creed en Dios; creed que él existe, y que creó todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra; creed que él tiene toda sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra; creed que el hombre no comprende todas las cosas que el Señor puede comprender.

“Y además, creed que debéis arrepentiros de vuestros pecados, y abandonarlos, y humillaros ante Dios”.

Protéjanse mediante la renovación semanal de sus convenios al participar de la Santa Cena y por medio de constantes esfuerzos por vivir de acuerdo con esos convenios sagrados. Quienes hayan sido investidos deben incluir la asistencia regular al templo. En resumen, permanezcan en la senda de los convenios. Estas sencillas prácticas los protegerán y fortalecerán.

V. Paciencia

Todos somos una obra en proceso. Todos nos encontramos en diferentes lugares de lo que el presidente Nelson llamó “la senda de los convenios”. Debemos ser pacientes los unos con los otros y, en ocasiones, incluso con nosotros mismos. Superar la duda —resolver los conflictos entre la comprensión en constante evolución de la ciencia y las enseñanzas, a veces incompletas, de la religión— puede ser un proceso largo, como edificar la fe o adquirir humildad. Aférrense al primer Artículo de Fe aun cuando otras cosas sean inciertas. Y mientras esperan, esperen en el Señor, lo cual incluye confiar en Su tiempo así como en Sus promesas.

Y mientras esperamos, debemos dedicarnos al servicio. Una y otra vez, Jesús enseñó y demostró el poder del servicio a los demás.

Mis queridos hermanos y hermanas, testifico de Jesucristo como se enseña a los Apóstoles a testificar de Su nombre, es decir, de Su obra sagrada, en todo el mundo. Testifico de las verdades que enseña la Iglesia restaurada y comparto con ustedes y testifico de la verdad de estas cosas que he dicho hoy en el nombre de Jesucristo. Amén.