Al permanecer en Él y Él en nosotras, nunca andaremos solas
Conferencia de BYU para mujeres 2025
Queridas hermanas, es un gran privilegio estar con cada una de ustedes esta tarde. ¡Gracias por venir! Espero que puedan sentir la hermandad en este salón y que recuerden que todas somos hijas de padres celestiales y hermanas en espíritu, sin importar nuestra edad ni apariencia, ni nuestra raza ni orígenes, ni dónde vivamos. Hay millones de nosotras en todo el mundo, hijas de Dios por convenio, miembros y futuras miembros de esta divinamente inspirada organización de la Sociedad de Socorro.
Estamos emocionadas de tener con nosotras esta tarde a cientos de mujeres jóvenes. ¡Anhelamos el día en que se unan a nosotras en la Sociedad de Socorro! ¡Las necesitamos! Ustedes, junto con nuestras hermanas jóvenes adultas de la Sociedad de Socorro, son una generación especial de mujeres que han sido reservadas para venir a la tierra en esta época. Escuchen lo que nuestro profeta, el presidente Russell M. Nelson, dijo en un devocional para los jóvenes hace unos años:
“Nuestro Padre Celestial ha reservado a muchos de Sus espíritus más nobles —quizás podría decir Su mejor equipo— para esta fase final. Esos nobles espíritus —esos excelentes jugadores, esos héroes— ¡son ustedes! […].
Ustedes están entre lo mejor que el Señor jamás ha enviado a este mundo. ¡Ustedes tienen la capacidad de ser más inteligentes y sabios y de tener un impacto más grande en el mundo que cualquier generación anterior! […]. Ustedes son la esperanza de Israel, ¡‘hijos del día prometido’!”.
Jóvenes hermanas, recuerden siempre quiénes y cuán importantes son. Ustedes están entre las hijas más nobles de nuestro Padre. ¡Son hijas de Dios del convenio de los últimos días! ¡Cada una de ustedes es importante y las necesitamos a cada una! Son cruciales para la obra del Señor en estas escenas finales antes de la Segunda Venida del Salvador. Las invito a ver de nuevo el discurso de la conferencia general del hermano Brad Wilcox, “Oh, jóvenes herederos de la noble primogenitura” para que les ayude a recordar quiénes son y el importante papel que tienen aquí en la tierra.
No permitan que Satanás y el mundo les digan que no son nada y que no importan. ¡Ustedes sí importan! ¡Estamos muy agradecidas de que estén aquí con nosotras ahora! ¡Las amamos! ¡Todas somos hermanas! Necesitamos entrelazar los brazos y llevarnos unas a otras a casa.
¡Me encanta el lema de este año! “He aquí, mi Espíritu reposa sobre ti […]; y tú permanecerás en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo”.
¿Conocen el contexto de ese versículo de las Escrituras? Es el relato de cuando Dios llama a Enoc a proclamar el arrepentimiento a su pueblo, que se había apartado del Señor y se había vuelto muy inicuo.
¿Y la respuesta de Enoc a Dios? “¿Por qué he hallado gracia ante tu vista, si no soy más que un jovenzuelo, y toda la gente me desprecia, por cuanto soy tardo en el habla; por qué soy tu siervo?”. O en otras palabras: “¿Por qué has de llamarme a mí? La gente me desprecia porque no puedo hablar bien. ¿Cómo puedo yo hacer lo que me pides?”.
Hermanas, estoy segura de que ha habido momentos en los que se han sentido incapaces de hacer lo que el Señor les pedía, ya fuera un llamamiento que se les extendiera, una prueba o dificultad que tuvieran que afrontar, o incluso tomar la decisión de casarse y ser madres. Sé que me he sentido así muchas veces en mi vida, incluso cuando se me llamó a este cargo en la Presidencia General de la Sociedad de Socorro.
Pero la respuesta del Señor a Enoc es instructiva para todos nosotros. Dijo a Enoc que Su Espíritu reposaba sobre él, y que conforme Enoc decidiera permanecer en Él, Él permanecería en Enoc. ¡Enoc no estaría solo en ello! El Señor estaría con él. Y luego invitó a Enoc a andar con Él.
Eso es lo que Él nos invita a hacer a cada una de nosotras: Andar con Él. No podemos hacer por nuestra cuenta todo lo que se nos llama a hacer en la vida, incluyendo ser capaces de afrontar las innumerables pruebas y dificultades en esta travesía terrenal: desafíos de salud física y emocional, en nuestras relaciones, y de fe; inseguridad económica, discapacidades, desastres naturales, injusticias de muchas clases, etcétera, etcétera.
Enoc dudaba de su habilidad y de su capacidad para llegar al pueblo con sus palabras. No podía hablar bien; pero el Señor lo había llamado y el Señor lo capacitaría. Debido a su gran fe y confianza en el Señor, Enoc aceptó el llamamiento y, con el tiempo, llegó a ser un profeta de Dios elocuente y poderoso. Dios bendijo a Enoc con la capacidad y los dones espirituales que necesitaba para predicar al pueblo por el poder de Su Espíritu. Con el tiempo, el pueblo de Enoc se arrepintió y se convirtió en el pueblo de Dios.
Presten atención a estas palabras en Moisés 7:
“Y tan grande fue la fe de Enoc que dirigió al pueblo de Dios, y sus enemigos salieron a la batalla contra ellos; y [Enoc] habló la palabra del Señor, y tembló la tierra, y huyeron las montañas, de acuerdo con su mandato; y los ríos de agua se desviaron de su cauce, y se oyó el rugido de los leones en el desierto; y todas las naciones temieron en gran manera, por ser tan poderosa la palabra de Enoc, y tan grande el poder de la palabra que Dios le había dado”.
Debido a que Enoc escogió permanecer en Dios y andar con Él, Dios permaneció en Enoc y el “jovenzuelo” que era tardo en el habla y despreciado llegó a ser un poderoso profeta y líder de su pueblo. Ese mismo Enoc finalmente edificó una ciudad que, con el tiempo, llegó a ser tan santa que fue llevada al cielo. Probablemente hayan oído hablar de la ciudad de Enoc.
Qué historia tan increíble de lo que el Señor fue capaz de hacer con un ser humano imperfecto y débil. Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre. ¡Imaginen lo que puede hacer en su vida si eligen confiar en Él y andar con Él!
Espero que nuestras mujeres jóvenes y nuestras hermanas jóvenes adultas de la Sociedad de Socorro estén escuchando atentamente. Conforme elijan permanecer en el Salvador, Él permanecerá en ustedes, ¡y nunca tendrán que caminar solas, sin importar a dónde vayan ni lo que hagan en esta vida! No tienen por qué temer al futuro, pues el Salvador estará con ustedes.
Escuchen lo que nuestro querido profeta ha dicho sobre andar con el Salvador:
“Mi decisión de seguir a Jesucristo es la más importante que he tomado en mi vida […]. ¡Esa decisión ha marcado toda la diferencia! Esa decisión ha hecho que muchas otras decisiones sean más fáciles, esa decisión me ha dado propósito y dirección, y también me ha ayudado a superar las tormentas de la vida”.
Habló de una ocasión en la que él y su esposa estaban en una asignación en un país lejano y unos ladrones armados le pusieron una pistola a la cabeza y apretaron el gatillo, pero el arma no disparó. Como explicó el presidente Nelson: “Durante esa experiencia, la vida de ambos se vio amenazada. Sin embargo, Wendy y yo sentimos una paz innegable”.
Luego dijo —y esto es para todas nosotras—: “¡El Señor también los consolará a ustedes! Él los fortalecerá y los bendecirá con paz, aun en medio del caos”.
¡Puedo testificar que el Señor en verdad puede hacer eso! En 2016, mi esposo y yo servíamos como líderes de misión en Guayaquil, Ecuador, cuando un gran terremoto de magnitud 7,8 devastó el país. Las zonas de mayor destrucción estaban dentro de los límites de nuestra misión. Cientos de personas murieron y miles resultaron heridas. Sin embargo, el Señor bendijo a nuestros misioneros con grandes sentimientos de paz y amor durante el terremoto, pues se estaban esforzando por permanecer en Él. Narré aquello y mostré fotografías durante un devocional de BYU en diciembre pasado. Leí citas de algunos de nuestros misioneros sobre cómo sintieron paz aun cuando había caos a su alrededor. Las invito a ver ese discurso, titulado “Finding Peace Amidst Uncertainty [Cómo hallar paz en medio de la incertidumbre]”.
El presidente Nelson añadió: “Escuchen esta promesa de Jesucristo para ustedes: ‘Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros’. La capacidad del Salvador para ayudarlos no tiene límites”.
¡Un profeta de Dios nos dice que la capacidad que el Salvador tiene para ayudarnos no tiene límites! Nos dice que el Señor puede consolarnos, fortalecernos y bendecirnos con paz aun en medio de las tormentas de la vida, ¡aun en medio del caos! Pero para que el Salvador pueda hacer eso, nosotras debemos elegir poner nuestra fe y confianza en Él. Tenemos que elegir andar con Jesús.
Quiero compartir con ustedes uno de mis relatos favoritos del Libro de Mormón. Es la historia de los jareditas, que cruzaron el mar hasta la tierra prometida. Para mí, ese relato simboliza nuestro trayecto terrenal aquí, en la tierra.
Al hermano de Jared se le mandó construir ocho barcos para cruzar el mar hasta la tierra prometida, pero no eran como los barcos que tenemos nosotros; eran más como submarinos pequeños y herméticos. Tras construirlos, afrontó tres desafíos: cómo respirarían, cómo tendrían luz y cómo maniobrarían; ¡las embarcaciones estaban completamente cerradas!. El Señor les indicó lo que debía hacer para recibir aire cuando lo necesitaran, y el hermano de Jared pidió al Señor que tocase dieciséis piedras que había preparado para colocar en los barcos a fin de tener luz, cosa que el Señor hizo. Él les proporcionó Su luz para el viaje.
¿No hizo Él lo mismo por nosotros? Cada persona que nace viene a la tierra con la luz de Cristo para que no tengamos que atravesar esta travesía terrenal en la oscuridad. Esa luz se hace más brillante conforme aumentan nuestra fe y confianza en Él.
Ahora tenían luz y una forma de ingreso de aire, pero tendrían que depender por completo del Señor para que los guiara. Piensen en cuán grandes deben haber sido su fe y confianza en Dios para abordar esos barcos y cruzar aquel vasto océano. No podrían ver a dónde iban; no podrían dirigir los barcos por sí mismos; no podrían comunicarse con sus amigos y familiares que estaban en los otros barcos. Tendrían que ponerse completamente en las manos del Señor. No tendrían ningún control sobre lo que sucedería al cruzar el océano, pero podían ejercer su fe en el Salvador.
¿Cómo se habrían sentido ustedes al ver a sus familiares y amigos entrar en sus embarcaciones y cerrar la puerta? ¿Se habrían preguntado si volverían a verlos de nuevo? ¿Se habrían preguntado si los ocho barcos llegarían juntos y a salvo a la tierra prometida? ¿Cuáles eran las probabilidades de sobrevivir a ese viaje y llegar juntos? Sin el Salvador, ¡era imposible!
Ahora piensen en lo que nosotras podríamos haber sentido al prepararnos para venir a la tierra, sabiendo que habría un velo de olvido, sabiendo que los amigos que teníamos allí podrían nacer en diferentes épocas y lugares del mundo. Tal vez nos hayamos preguntado si alguna vez los volveríamos a ver. Podríamos habernos preguntado si todos lograríamos regresar a nuestro hogar celestial. ¿Cómo íbamos a hacerlo sin poder recordar nuestra vida anterior y todo lo que se nos había enseñado y para lo que se nos había preparado? Pero nosotras hicimos lo que hizo el pueblo de Jared; pusimos nuestra fe y confianza en nuestro Salvador, Jesucristo. Y pusimos nuestra confianza en la promesa de Su Expiación, que haría que todo fuera posible, incluido el cumplimiento del plan de redención de nuestro Padre Celestial.
Hermanas, ustedes no estarían hoy en la tierra si no hubieran tenido fe y confianza en el Salvador y en Sus promesas, si no hubiesen elegido “abordar el barco y zarpar hacia el abismo”. No lo recuerdan ahora, pero sí pusieron su fe y confianza en Él, o no habrían elegido venir. Fue una decisión, y confiamos en Él lo suficiente como para tomarla. Ahora tenemos que seguir confiando en Él.
Leamos lo que dicen las Escrituras sobre el viaje de los jareditas:
“He aquí, cuando hubieron hecho todas estas cosas, entraron en sus naves o barcos y se hicieron a la mar, encomendándose al Señor su Dios”.
Significa que se pusieron completamente en manos del Señor, confiando en que Él los guiaría, que los salvaría de los peligros por el camino, y que los llevaría a todos a la tierra prometida. Ahora bien, el Señor tenía la capacidad de llevarlos allí sin dificultades ni desafíos, pero mientras hablaban, le había dicho al hermano de Jared que no sería una travesía tranquila. Ese no era Su plan para ellos. Necesitaba prepararlos para lo que enfrentarían más adelante. Tenían que aprender a confiar por completo en el Señor y a depender de Él. Necesitaban saber por sí mismos que Él tenía el control y que podían confiar en Él.
“Y ocurrió que el Señor Dios hizo que soplara un viento furioso sobre la superficie de las aguas, hacia la tierra prometida; y así fueron echados de un lado a otro por el viento sobre las olas del mar.
“Y aconteció que muchas veces fueron sepultados en las profundidades del mar, a causa de las gigantescas olas que rompían sobre ellos, y también por las grandes y terribles tempestades causadas por la fuerza del viento […].
“El viento no dejó de soplar hacia la tierra prometida mientras estuvieron sobre las aguas”.
¡Dice que el Señor hizo que soplara ese viento furioso! Aquel viento les permitió avanzar en su viaje hacia la tierra prometida. Y debido a ese viento feroz, también hubo grandes y terribles tormentas. Esas embarcaciones no solo fueron echadas de un lado al otro sobre el agua, sino que también quedaron sepultadas en las profundidades del mar debido a las enormes olas que rompían sobre ellas. Imagino que hubo momentos en los que pensaron que no sobrevivirían, tal como nosotras podemos sentirnos a veces cuando estamos sepultadas bajo una montaña de pruebas y desafíos.
No sé ustedes, pero mi trayecto por la vida terrenal no ha sido por aguas tranquilas. Ha habido muchas ocasiones en las que he clamado al Señor y le he preguntado por qué las cosas tenían que ser tan difíciles. ¿Por qué no podía allanar el camino y hacer las cosas más fáciles para mí o para mis seres queridos? Sé que todas ustedes han pasado por momentos similares o están pasando por momentos así ahora, y han orado de manera similar.
Si bien el Señor no causa todas las tormentas de nuestra vida, es posible que no entendamos plenamente hasta después de esta vida por qué permite algunas de las dificultades extremas que atravesamos. Nefi dijo que él no entendía el significado de todas las cosas, pero sí sabía que Dios ama a Sus hijos. En medio de las tormentas de la vida, debemos recordar que nuestro Padre nos ama, que Él sabe lo que hace, que todo está en Sus manos y que no nos haría pasar por dificultades solo para vernos sufrir. Ese no es Su carácter ni es Su plan.
A Él le importa más nuestro crecimiento que nuestra comodidad y sabe que los muchos obstáculos y desafíos que enfrentamos en este mundo caído harán que crezcamos de maneras que nos bendecirán eternamente. Él tiene perspectiva a largo plazo. Su perspectiva es una perspectiva eterna. Queremos que nuestros sufrimientos y dificultades se resuelvan ahora, pero Sus caminos no son nuestros caminos. Sus pensamientos son más altos que nuestros pensamientos. Debemos aprender a confiar en Él a lo largo del trayecto de nuestra vida.
El pueblo de Jared nunca habría llegado a la tierra prometida si el agua hubiera sido calma y cristalina, y no hubiera habido viento fuerte. Se habrían desviado de su curso y no habrían avanzado en su viaje a través de ese vasto océano, ni habrían estado preparados para los peligros que enfrentarían en el futuro. Nuestro Padre sabe que las aguas persistentemente en calma no son lo mejor para nosotros. Sus fuertes vientos nos impulsan hacia nuestra tierra prometida.
“Y sucedía que, cuando eran sepultados en el abismo, no había agua que los dañara, pues sus barcos estaban ajustados como un vaso, y también estaban ajustados como el arca de Noé”.
Incluso cuando estaban sepultados en las profundidades, no podía entrar agua y hundirlos, pues el Señor les habìa instruido sobre cómo preparar embarcaciones herméticas. Esas embarcaciones no evitaron que fueran zarandeados y sepultados por las olas, pero no se hundieron; no los destruyó.
La manera más importante en que el Señor puede permanecer en nosotras para que nuestros barcos sean “herméticos” durante el viaje por la vida terrenal es mediante una relación de convenio con Él, lo que nos conecta más profundamente con Él. Escuchen lo que nuestro profeta ha dicho:
“Mis queridos hermanos y hermanas, estos son los últimos días. Si ustedes y yo vamos a resistir los peligros y las presiones venideras, es imprescindible que cada uno de nosotros tenga un firme cimiento espiritual edificado sobre la roca de nuestro Redentor, Jesucristo […].
El templo es el núcleo del fortalecimiento de nuestra fe y fortaleza espiritual porque el Salvador y Su doctrina son la esencia misma del templo. Sus ordenanzas esenciales nos unen a Él mediante convenios sagrados del sacerdocio. Luego, al guardar nuestros convenios, Él nos inviste de Su poder sanador y fortalecedor. Y cuánto necesitaremos Su poder en los días venideros”.
¿Escucharon lo que nos dice un profeta de Dios? “Y cuánto necesitaremos Su poder en los días venideros”. Hermanas, espero que el Espíritu les esté testificando ahora mismo que lo que nuestro profeta dice es verdad; no solo es verdad, ¡sino que es verdad para cada una de ustedes! ¡Cuánto necesitarán ustedes el poder de Dios en los días venideros! Se avecinan vientos furiosos y olas gigantes. ¡Nuestros barcos deben ser herméticos y nuestros cimientos deben estar firmemente edificados sobre la roca de nuestro Redentor, Jesucristo!
El presidente Nelson ha dicho:
“Todo hombre y toda mujer que participa en las ordenanzas del sacerdocio, y que hace y guarda convenios con Dios tiene acceso directo al poder de Dios”.
“Quienes han sido investidos en la Casa del Señor reciben un don de poder del sacerdocio de Dios en virtud de ese convenio […]. Los cielos están abiertos de igual manera para las mujeres que han sido investidas con el poder de Dios que procede de sus convenios del sacerdocio como para los hombres que son poseedores de dicho sacerdocio […]. Hermanas, ustedes tienen el derecho a recurrir libremente al poder del Salvador para ayudar a su familia y a otros seres queridos”.
La recompensa por guardar los convenios con Dios es poder celestial, un poder que nos fortalece para soportar mejor nuestras pruebas, tentaciones y pesares. Ese poder nos facilita el camino. Quienes viven las leyes mayores de Jesucristo tienen acceso a Su poder mayor.
También dijo: “Los instaría a que no esperen a casarse para recibir la investidura en la Casa del Señor. Empiecen ahora a aprender y a experimentar lo que significa estar armado con el poder del sacerdocio”.
Leer todas esas palabras del presidente Nelson me llena de esperanza y valor. Recientemente, también dijo:
“Se nos enseña que todos los que adoran en el templo tendrán el poder de Dios y ángeles que ‘los guard[an]’. ¿Cuánto aumenta su confianza el saber que, por ser una mujer o un hombre investidos y armados con el poder de Dios, no tienen que afrontar la vida solos? ¿Cuánto valor les concede el saber que los ángeles realmente los ayudarán? […]. Entender los privilegios espirituales que el templo hace posible es vital para nosotros hoy en día”.
Hermanas, así es como nuestras “embarcaciones” pueden llegar a ser herméticas y como podemos permanecer más profundamente en Cristo y Él en nosotras, para que los vientos, las olas y las tormentas de la vida no nos destruyan, para que el mundo no nos desvíe del camino, para que el adversario no tenga poder sobre nosotras, y para que podamos acceder al poder de Dios y tener la ayuda de ángeles.
Necesitamos esas bendiciones en nuestra vida, hermanas. A aquellas de ustedes que tengan la edad suficiente pero aún no hayan recibido la investidura del templo, ya sea que tengan dieciocho o ciento ocho años, o cualquier edad intermedia, las invito a preguntar a su Padre Celestial si es hora de prepararse para hacer esos convenios especiales con Él y con el Salvador. Y jovencitas, ustedes pueden comenzar a prepararse ahora.
Como dijo nuestro profeta: “Entender los privilegios espirituales que el templo hace posible es vital para nosotros hoy en día”.
Por ello, las invito a todas, incluidas nuestras mujeres jóvenes, a estudiar durante los próximos meses estos cinco discursos de nuestro profeta (saquen sus teléfonos y tomen una foto). Ahora presten atención a esta siguiente invitación. Las invito a buscar todas las promesas, bendiciones, privilegios y poder que están a su disposición al hacer convenios con Dios y luego poner todo lo que encuentren en todos esos discursos en un solo documento. ¡Las sorprenderá lo que el Señor les ofrece, y la fortaleza y protección que les brindará! Nuestro Padre Celestial quiere que comprendamos las bendiciones que podemos recibir mediante una relación de convenio más profunda con Él y con el Salvador.
Ahora, continuando en el libro de Éter:
“Por tanto, cuando los envolvían las muchas aguas, imploraban al Señor, y él los sacaba otra vez a la superficie de las aguas”.
Cuando eran sepultados en el mar a causa de las olas gigantes y clamaban al Señor, Él los hacía volver a subir por sobre las olas. Recuerden, para acceder al aire, no podían estar debajo del agua. ¡Habría sido tan angustioso sentir que necesitaban aire, abrir el orificio de ventilación y que el agua entrara a raudales! Ellos tuvieron que depender del Salvador incluso por el aire mismo que respiraban, pero nosotras también lo hacemos.
El Señor también puede traernos de nuevo a la superficie del agua tras haber sido sepultadas bajo las olas gigantes, pero será en Su tiempo y a Su manera. Si permanecemos en Él y Él en nosotras, no nos hundiremos, sin importar cuánto seamos sepultadas, zarandeadas y sacudidas por el viento. Él sigue en control, todas las cosas están en Sus manos y podemos confiar en Él.
“Y le cantaban alabanzas al Señor; sí, el hermano de Jared […] le daba gracias y loor todo el día; y cuando llegaba la noche, no cesaban de alabar al Señor”.
¡Qué hermoso ejemplo para todas nosotras! En las tormentas de la vida que atravesemos, aun cuando no podamos ver con claridad ni veamos cómo el Señor nos esté ayudando, debemos continuar agradeciéndole y alabándolo. Debemos esforzarnos por sentir gratitud por Sus tiernas misericordias, aun cuando sea difícil ver Su mano en nuestra vida. Puede que haya habido momentos en que el pueblo de Jared haya sentido como si se les hubiera abandonado, pero aun así escogieron ejercer fe y confiar en el Señor. Escogieron cantar alabanzas y estar agradecidos a Él durante todo el viaje, lo que los ayudó a centrarse en Él.
“Y así fueron impulsados hacia adelante; y ningún monstruo del mar podía despedazarlos, ni ballena alguna podía hacerles daño; y tenían luz continuamente, así cuando se hallaban encima del agua como cuando estaban debajo de ella.
“Y de este modo fueron impelidos sobre las aguas por trescientos cuarenta y cuatro días”.
¡Estuvieron en ese viaje durante casi un año entero! Pero escogieron confiar en el Señor a pesar de todo. Habían establecido su fundamento sobre la roca de su Redentor. Ninguna criatura de las profundidades podía dañarlos y tenían la luz del Salvador continuamente con ellos, aun cuando estaban bajo el agua.
Y por último, leemos sobre su llegada:
“Y desembarcaron en las playas de la tierra prometida. Y al pisar sus pies las playas de la tierra prometida, se postraron sobre la faz de la tierra y se humillaron ante el Señor, y vertieron lágrimas de gozo ante el Señor, por causa de la abundancia de sus tiernas misericordias sobre ellos”.
El Señor había cumplido las promesas que les había hecho. Él los había conducido a través del gran abismo y durante todas aquellas violentas tormentas y peligros, y había llevado los ocho barcos con sus pasajeros a las playas de la tierra prometida. Sin la mano del Señor en ese viaje, habría sido imposible que sobrevivieran, mucho menos que los ocho barcos llegaran al mismo lugar. Estoy segura de que su fe y confianza en el Salvador aumentaron exponencialmente debido a ese viaje.
Creo que cuando atravesemos el velo hacia el otro lado, también derramaremos lágrimas de gozo al mirar hacia atrás y darnos cuenta plenamente de las bendiciones eternas que hemos recibido y quiénes hemos llegado a ser por medio de los difíciles vientos y tormentas de la vida terrenal. Creo que derramaremos lágrimas de gratitud por el Salvador al entender lo mucho que en efecto Él intervino en nuestra vida para ayudarnos durante esos momentos difíciles. Creo que nos daremos cuenta de que nuestras oraciones nunca quedaron sin respuesta y de que nunca estuvimos solos; siempre hay ángeles a nuestro alrededor, como ha enseñado el presidente Jeffrey R. Holland.
Quiero dirigir estas últimas palabras a mis queridas hermanitas, a ustedes, jovencitas y jóvenes adultas, incluidas mis nietas. Por favor, no teman al futuro. Satanás tratará de infundir temor en sus corazones, pero no lo escuchen. No hay por qué temer. Nuestro Salvador es más poderoso que el adversario y sus secuaces. Les prometo que pueden confiar en Él. Recuerden las lecciones de aquel viaje por el océano; recuerden las lecciones de Enoc. Pónganse en manos del Señor; permítanle guiarlas. Anden con Él. Jesucristo es su barra de hierro. Él las ayudará en todas las diferentes etapas de su vida, así como me ha ayudado a mí; no las defraudará.
Aunque a veces se desvíen del camino, recuerden que su Padre Celestial y su Salvador las aman pase lo que pase. El Salvador sufrió y murió por ustedes debido a Su gran amor por Su Padre y por ustedes. Todas necesitamos las bendiciones del arrepentimiento diario para seguir regresando a la senda. Es un invaluable don que se nos ha dado mediante la Expiación de nuestro Salvador. Como dijo la hermana Tami Runia en la conferencia general, su valor está aquí arriba y les ha sido dado por Dios. Su valor a los ojos del Salvador y a los de su Padre Celestial nunca cambiará, sin importar lo que ustedes o cualquier otra persona hagan. Las invito a ver de nuevo el discurso de la hermana Runia. Las ayudará a recordar su valor inconmensurable a la vista de Dios y el gozo que su Padre Celestial y su Salvador sienten cuando hacen uso de la bendición del arrepentimiento diario para continuamente acercarse más a Ellos.
Al mirar a lo largo del camino, a su futuro, a las oportunidades que tendrán y a las decisiones que deberán tomar, incluso las decisiones en cuanto a casarse y tener hijos, por favor, no tomen esas decisiones por temor solo porque haya incertidumbre y no puedan estar seguras de lo que les deparará el futuro. El temor es una de las herramientas más eficaces de Satanás y, cuando sientan ese temor, sepan que proviene de él. No permitan que las voces del mundo, ni siquiera las voces de algunas de las personas que las rodean, les digan lo que deben y no deben hacer. Procuren la dirección del Señor. Recuerden la voz de un profeta de Dios: “La capacidad del Salvador para ayudarl[as] no tiene límites”.
Esta es la voz del Señor mismo dirigida a ustedes en el libro de Isaías:
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te fortalezco; siempre te ayudaré; siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.
“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti. Porque yo, Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador […]. No temas, porque yo estoy contigo”.
Mis queridas hermanas, jóvenes y mayores, testifico que, gracias a nuestro amado Salvador y Su infinito sacrificio expiatorio, ciertamente nunca andarán solas, si deciden permanecer en Él para que Él pueda permanecer en ustedes. Puedo testificarles, debido a mis propias experiencias personales, que en verdad pueden poner toda su fe y confianza en su Salvador, Jesucristo. Él no les fallará; Él las guiará y las ayudará. Él andará con ustedes durante los vientos y las olas de la vida terrenal. Las consolará, fortalecerá y transformará. Él las ama con un amor perfecto. De ello doy testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.