Devocionales de la Sociedad de Socorro
Sociedad de Socorro: Una comunidad del convenio.


18:53

Sociedad de Socorro: Una comunidad del convenio.

Devocional mundial y reunión de testimonios de la Sociedad de Socorro

Domingo, 16 de marzo de 2025

Presidenta Camille N. Johnson

Mis queridas hermanas, nos sentimos humildes y felices de darles la bienvenida aquí, al piso superior de la tienda de ladrillos rojos en la histórica Nauvoo, Illinois. Este es un espacio sagrado donde, en 1842, el profeta José Smith organizó la Sociedad de Socorro según el modelo del sacerdocio y para la restauración completa de todas las cosas como parte de una restauración continua del Evangelio de Jesucristo.

Fue aquí, en Nauvoo, donde las hermanas de la Sociedad de Socorro se prepararon para las bendiciones de la Casa del Señor. Ellas prepararon a las hermanas temporalmente y colaboraron en la construcción de los templos administrando granjas, cosiendo camisas y haciendo todo lo posible para ayudar en preparación para las bendiciones de la Casa del Señor. Pero también se prepararon espiritualmente, y fue aquí y en las arboledas alrededor de Nauvoo donde tuvieron la oportunidad de escuchar directamente a nuestro profeta, José Smith. Fue allí donde él las instruyó en preparación para las bendiciones que vendrían al participar en las ordenanzas de la Casa del Señor.

Sabemos y expresamos nuestro testimonio de que fue la fortaleza y el poder que se derivaron de hacer y guardar convenios lo que bendijo la vida de esas hermanas y hermanos y de todos los santos que partieron hacia el desierto después de su experiencia en Nauvoo. Nos da gran felicidad tener esta oportunidad de compartir este espacio sagrado con ustedes. Dondequiera que vivan, espero que sepan que su linaje comienza aquí en Nauvoo. Como miembros de la Sociedad de Socorro, nuestras raíces crecieron inicialmente aquí; y ahora, al seguir adelante, a medida que el árbol crece y se expande y las ramas se encuentran por todo el mundo, espero que se sientan conectadas con este espacio sagrado en el que las mujeres dejaron de lado los afanes del mundo y se centraron exclusivamente en nuestro Salvador Jesucristo y en hacer convenios con Él.

¿Cómo se sienten al estar aquí?

Hermana J. Anette Dennis

Ha sido una hermosa experiencia estar en este espacio donde se organizaron por primera vez esas veinte mujeres, y también tenerlas presentes a todas ustedes alrededor del mundo. Como hermanas de la Sociedad de Socorro, todas ustedes tienen ese legado debido a lo que comenzó aquí.

Presidenta Johnson

Ellas crearon una comunidad del convenio aquí en Nauvoo, ¿no es así?

Hermana Kristin M. Yee

Cuidaron del prójimo.

Presidenta Johnson

Así fue. Y nosotras hemos creado una comunidad del convenio en todo el mundo ahora como hermanas que participan en las ordenanzas del sacerdocio y hacen y guardan convenios. Hemos creado una comunidad mundial para bendecir la vida de nuestros hermanos y hermanas.

Hermana Yee

Donde se interesan por los demás, donde se cuidan entre sí. Eso fue lo que más me impresionó al leer las historias de Nauvoo, siempre había alguien que llevaba algo a alguien en necesidad o que cuidaba de alguien. Y era parte natural de lo que hacían. Y es lo que hacemos naturalmente como hermanas de la Sociedad de Socorro. El Señor proveyó una organización por medio de la cual las hermanas podían actuar según esos sentimientos naturales que tenían, que eran de compasión, y proveyó un lugar para hacerlo, para que pudieran sentir Su alivio y ofrecerlo sin reparo.

Esta mañana, mientras pensaba y meditaba sobre la hermana Emma, su misión y compañerismo con el Profeta, me vino el pensamiento de que ellos oraron por las mismas cosas que nosotros hemos orado. Ellos oraron por sus hijos, ellos oraron por sus esposos y esposas. Oraron el uno por el otro. Ellos tuvieron las mismas necesidades que nosotros. Tenemos más similitudes que diferencias. Ellos confiaron en el Señor. Había mucha inestabilidad en esa época, ¿no es así? Había muerte y privaciones. Sin embargo, confiaron en Él. Cada una de nosotras, de una u otra manera, tiene privaciones, en las que necesitamos a Dios, necesitamos nuestros convenios y necesitamos confiar en Él. Y muchas veces tenemos que renunciar a estar al control y confiar en Él, que nos guiará, confiar en Él en cuanto a nuestras familias, y en que estos convenios y promesas son más reales que cualquier cosa que podamos ver, y son más reales que cualquiera cosa que podamos sentir.

Presidenta Johnson

La sección 25 de Doctrina y Convenios, la revelación dada a Emma Smith dice: “adhiérete a [tus] convenios”. Y creo que eso es exactamente lo que usted está describiendo. Es otra manera de decir: “Confía en mí, confía en las promesas que te he hecho, porque mis promesas son seguras”. Y en esas mismas promesas que hacemos en la Casa del Señor, y al ser bautizados, Él nos promete a su vez que siempre estará con nosotros, que tendremos Su Espíritu para ayudarnos, que tendremos ángeles a nuestro alrededor para ministrarnos y atender nuestras necesidades. Sé que esas promesas siguen siendo reales. Y esas promesas que Él hace, las hizo también a esos queridos santos aquí en Nauvoo, y nos las hace a nosotros cuando participamos en las ordenanzas del Evangelio de Jesucristo que están disponibles para nosotros por medio de las llaves del sacerdocio.

Hermana Dennis

Pienso en Emma, en cuántos hijos perdió, que tuvo que mudarse de un lugar a otro y que ellos no tenían mucho. Tuvieron esos convenios, comenzando con el bautismo, que proveyeron esa relación por convenio con Dios que los sostuvo y la sostuvo a ella a través de todo eso. No creo que ella hubiera podido hacer lo que hizo sin esa relación por convenio con Dios que ella sabía que tenía ni sin esas promesas que había allí.

Hermana Yee

Es verdad, esa estabilidad viene de Jesucristo, es lo que usted describe, ¿no? Todo lo demás cambiará y se modificará en nuestra vida. Las personas vendrán y se irán; pero en esa relación con Él es donde radica nuestra verdadera estabilidad, ¿verdad?

Presidenta Johnson

Pienso que eso es lo que los impulsó, la construcción de ese templo, y prepararse para esos convenios adicionales. Y eso es lo que les dio la fuerza para avanzar hacia lo desconocido en un momento que debe haberles parecido muy incierto. Su confianza en los convenios es… bueno, no debería calificarse de extraordinaria, porque todos deberíamos tenerla, pero qué hermoso ejemplo es para todos nosotros, poner nuestra confianza por convenio en el Señor y en el representante designado de Él, un profeta en la tierra hoy en día.

Hermana Dennis

Me encanta la historia de cuando Brigham Young se encontraba en el templo; él estaba ahí administrando las ordenanzas. Había muchísimas personas allí, y él estuvo en el lugar hasta altas horas de la noche para que las personas pudieran recibir su investidura. Y dijo: “Bien, hemos terminado”. [El entorno] se estaba volviendo muy peligroso debido a los populachos que los rodeaban. Era hora, dijo él, de preparar las cosas para partir, para cruzar el Misisipi en transbordadores. Pero, a la mañana siguiente, cuando se levantó, los jardines del templo y el templo mismo estaban llenos de personas que no se iban a ir hasta que no recibieran su investidura, porque sabían que iban a necesitar esas bendiciones y que podrían pasar muchos, muchos, muchos años antes de que pudieran tener otro templo. Nuestros convenios son los que nos ayudan a conectarnos más profundamente con nuestro Padre Celestial y Jesucristo, y nos dan la fortaleza que necesitamos para seguir adelante, tal como lo hicieron esos primeros santos, sin importar dónde estemos en el mundo.

Presidenta Johnson

Algunos de mis antepasados estaban entre aquellos que aquí en Nauvoo, en esos últimos días, tuvieron la bendición y la oportunidad de ser investidos. Y yo edifico sobre sus cimientos, como todos edificamos sobre los cimientos de estas queridas hermanas que, con fe, siguieron adelante con confianza en los convenios.

Hermana Dennis

Háblenos de sus antepasados.

Presidenta Johnson

Bien, Fanny Dack Parish y su hija Jane, y por supuesto, mi tataratatarabuelo, Samuel Parish, todos fueron investidos aquí en febrero de 1846, como parte de ese grupo de cinco mil personas que usted mencionó. Me encantan las palabras que Jane usó para describir ese tiempo. Ella dijo: “Tenemos el Evangelio de Jesucristo, tenemos la Iglesia y tenemos un templo”. Y dijo: “¡Oh, cuánto gozo llenó nuestras almas por tener el templo!”.

Creo que reflexiono en ello y pienso que fue un momento de incertidumbre para ellos. Se estaban preparando para dejar esta hermosa comunidad que habían establecido y partir al desierto. Sin embargo, fue una época de gran gozo. ¿Qué otra cosa podría explicar el gozo que ella sintió, la paz que ella sintió?

Hermana Yee

En medio de todos los desafíos que tuvieron, ellos sintieron paz y gozo.

Presidenta Johnson

Así fue. Por motivo de que hicieron convenios. Y los antepasados de Kristin estuvieron aquí en la misma época. Y estamos bastante seguras de que eran amigos, como nosotras somos amigas ahora, porque tenían una edad muy cercana.

Hermana Yee

Y si no lo eran, lo son ahora.

Presidenta Johnson

Lo son ahora. Sí, por supuesto.

Hermana Yee

Nancy Sabin, por parte de mi madre, tenía unos diecisiete años cuando se unió a la Iglesia. Y más o menos en esa época, ella también fue investida en la Casa del Señor. Y Jane, su pariente, tenía solo veinte años.

Presidente Johnson y hermana Yee

Y nos parece que vivían muy cerca una de la otra.

Hermana Yee

Seguramente conversaron un par de veces. Qué dulce es pensar que ahora su posteridad está sentada aquí, y que existe una amistad entre nosotras. Y que nosotras también nos adherimos a nuestros convenios como lo hicieron ellas, que tenemos la misma fe, que confiamos en el Señor con todo nuestro corazón. Y que no perdimos el legado. Lo llevamos de generación en generación.

Ya sea que tengamos antepasados de este lugar o que tengamos antepasados de diversas partes del mundo, aquí comenzamos con nuestros convenios y eso se perpetúa para siempre. Todas las decisiones que tomamos hoy importan. Son importantes no solo para ustedes, sino para los que vendrán después y para los que estuvieron antes, de este y del otro lado del velo, a medida que guardemos nuestros convenios. Creo que quizás hay muchas hermanas en nuestra Sociedad de Socorro hoy en día que sienten que son demasiado jóvenes o demasiado mayores; o que tal vez les falte instrucción, o cualquier otra cosa que se les ocurra. Ustedes quizás piensen que no están preparadas para efectuar esta obra. Pero queremos compartir con ustedes, que sí lo están y que las necesitamos hoy. El Señor necesita hoy que ustedes sean parte de esto. Ustedes tienen dones y talentos que son necesarios en el mundo actual.

Presidenta Johnson

Hemos recibido instrucción profética de que, como hermanas, podemos y debemos cambiar el mundo; que necesitamos preparar al mundo para la Segunda Venida del Señor Jesucristo. ¿Y cómo lo lograremos? Pues, lo haremos al crear una comunidad del convenio. En ocasiones, mi comunidad del convenio es una comunidad del convenio de una sola persona, que en realidad serían dos, ya que tengo una relación por convenio con Él.

Hermana Yee

Es cierto.

Presidenta Johnson

Pero entonces la comunidad del convenio de uno puede expandirse y crecer. Recuerdo una experiencia que tuve hace poco que fue realmente hermosa. Fue con un grupo de hermanas de la Sociedad de Socorro. Todas estábamos sentadas en un círculo, muy cerca unas de otras. Se trataba de un distrito y estaba reunida con la presidenta de la Sociedad de Socorro, la presidenta de la Primaria y la presidenta de las Mujeres Jóvenes de distrito; esta última se había bautizado como miembro de la Iglesia hacía apenas un mes. Ella se sentía un poco abrumada y nos expresaba cierta preocupación sobre cómo iba a cumplir con su asignación. Mi parte favorita de la reunión fue cuando la presidenta de la Sociedad de Socorro se volvió hacia ella y le dijo con toda sinceridad: “No te preocupes, te ayudaremos”. Ésa es la idea. Dondequiera que estemos, creamos esa comunidad del convenio centrada en Jesucristo. Y con esos dones innatos que se nos dan, nos cuidamos mutuamente. Eso es exactamente lo que iba a suceder allí. Ella no necesitaba preocuparse, podía confiar en el Señor. Y contaba con sus hermanas de la Sociedad de Socorro.

Hermana Dennis

Porque todas somos miembros de la Sociedad de Socorro, sin importar dónde estemos sirviendo.

Presidenta Johnson

¡Exacto! Así que por un tiempo ella prestará servicio en las Mujeres Jóvenes con las jóvenes, pero siempre será parte de la Sociedad de Socorro. Esas hermanas de la Sociedad de Socorro la estaban rodeando con sus brazos e iban a cuidarla.

Hermana Yee

Me encanta, todo se entrelaza, ¿no?

Presidenta Johnson

Sí, totalmente.

Hermana Yee

Porque si bendecimos a un niño, bendecimos a una familia. Si bendecimos a una madre, bendecimos a una familia. O a un padre. Todo está interconectado de esa manera, lo cual es tan hermoso. Tenemos una gran sociedad con Jesucristo; Él es nuestro socio más grande que puede ayudarnos en todas las cosas. Y a veces pienso, especialmente como mujeres, que nos gusta hacer las cosas solas. Y eso no es algo malo. Ese es un don que Él nos ha dado: tomar la iniciativa y hacer las cosas. Pero creo que, en ocasiones, al menos en mi caso, sé que a veces Él me pone en una situación en la que estoy tan abrumada como para depender lo suficiente de Él. Y para que podamos edificar esa relación con Él y sepamos por qué hacemos lo que hacemos. ¿Y no creen que estas hermanas de Nauvoo sabían por qué hicieron lo que hicieron? Porque amaban al Señor y deseaban guardar Sus convenios con Él, y nosotros también.

Hermana Dennis

Y al ayudar a los demás a sentir Su amor, ellas mismas lo sintieron. Me parece que todas tenemos que recordar, que hay algunas entre nosotras a quienes les cuesta sentir el amor del Señor, por la razón que sea. Pero cuando salimos y abrazamos genuinamente a los demás y hacemos que sientan nuestro amor, entonces a menudo ellos también comienzan a sentir el amor del Salvador.

Hermana Yee

Él sabe que necesitamos sentir Su amor a menudo, así que pone en nosotros esos sentimientos de compasión para servir a los demás, de manera que ellos y nosotros podamos sentirlo.

Presidenta Johnson

Pienso que todas nuestras hermanas tienen la oportunidad de ser parte de una iniciativa mundial para el bienestar de las mujeres y los niños a medida que participan haciendo cosas sencillas en sus propios hogares, en sus propios vecindarios y comunidades. Y lo hacemos con una madre, una mujer, un niño a la vez, tal como lo haría el Salvador.

Hermana Yee

Es una hermosa invitación, ¿verdad? Que tanto temporal como espiritualmente, podemos venir a Él. Necesitamos tanto lo temporal como lo espiritual, ¿no es así? Es interesante cómo parece ser que las circunstancias son menos importantes que nuestra conexión con nuestro Padre Celestial y el Salvador, eso acaba de venir a mi mente.

Y a veces pienso que podemos sentarnos en la Sociedad de Socorro y sentirnos solas, donde sea que se encuentren, pero nos damos cuenta de que todas las personas que están sentadas a nuestro lado también tienen desafíos y desean ser amadas, y que son amadas, valoradas y tienen un lugar. Y creo que cuando compartimos con nuestras hermanas de la Sociedad de Socorro, y tenemos la oportunidad de hacerlo, podemos darnos cuenta de que tenemos más similitudes que diferencias.

Pero sé y puedo testificar que nunca estamos solas, que nuestro Padre Celestial y el Salvador las conocen. Que Ellos están al tanto de sus necesidades, que están preocupados por lo que a ustedes les preocupa y desean bendecirlas, y que esas hermanas que están a su lado tienen los mismos deseos de ser amadas, de tener la oportunidad de contribuir y de sentirse valoradas. Sé que Él está al tanto, que está a nuestro lado en nuestras decisiones, desafíos y alegrías; que Él está a nuestro lado; podemos consultarle a Él. Esa es una hermosa y bendita oportunidad, saber que, gracias a que Él anduvo solo por la senda, nosotros no tendremos que hacerlo, jamás.

Hermana Dennis

Saben, me imagino a grupos de hermanas de todo el mundo viendo esto ahora mismo. En breve tendremos la oportunidad de escuchar a un apóstol, al élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce. Somos tan privilegiadas de poder escucharlo. Y después de eso, ustedes tendrán la oportunidad de testificar unas a otras de las cosas que han sentido en el corazón y que el Espíritu les ha testificado, de la bendición que es la Sociedad de Socorro, del convenio que tienen con el Salvador y de lo que Él significa para ustedes en su vida. Es un sentimiento muy especial pensar en todos los grupos de hermanas alrededor del mundo y sentir que somos una hermandad del convenio en todo el mundo, sin importar dónde estemos. ¡Hermanas, las amamos!

Presidenta Johnson

Qué bendición es ser mujeres del convenio en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Hermanas, esta es una época gloriosa, y colectivamente damos testimonio de que estamos embarcadas en la obra de nuestro Salvador, Jesucristo. Sabemos que Él vive. Sabemos que Él nos ama. Sabemos que Él desea que tengamos una relación por convenio con Él. Y sabemos que Él desea que extendamos Su alivio a nuestras hermanas y hermanos de todo el mundo. Y al hacerlo, al ser el medio por el cual Él brinda Su socorro a los demás, hallaremos Su socorro para nosotras mismas.

Testificamos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es dirigida por un profeta viviente. Lo amamos, lo honramos y sostenemos.

Es nuestro testimonio que José Smith, vaya, que él fue el Profeta de la Restauración, que restauró todas las cosas, incluso la antigua organización de las mujeres, llevando colectivamente el alivio de Jesucristo a los demás. Nuestro objetivo desde el principio, desde 1842, es traer a todos los hijos de nuestro Padre Celestial de vuelta a casa. Sabemos que eso es posible por medio de nuestro Salvador, Jesucristo. Gracias a Su expiación, podemos ser limpios, sanados y santificados, y regresar a casa, a nuestro hogar celestial, y ser exaltados y vivir en la presencia de nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo.

Todo comenzó aquí para nosotras como miembros de la Sociedad de Socorro.

Qué ocasión tan gloriosa es para nosotras estar en este espacio tan sagrado.

Hoy hemos sentido ángeles a nuestro alrededor.

Hermanas, testificamos que se las ama, se las conoce y que son valiosas a los ojos de Dios. Dejamos este testimonio con ustedes en el sagrado nombre de nuestro Salvador, Jesucristo. Amén.