Una breve historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días somos testigos de que la historia sagrada continúa. Creemos que, a lo largo de la historia, Dios ha bendecido a las personas con inspiración para que haya verdades divinas en muchas tradiciones religiosas y filosóficas. Respetamos las historias sagradas de otros grupos. Las raíces de nuestra fe se remontan a los tiempos en que se escribió la Biblia. A Jesucristo lo consideramos nuestro Salvador y el punto central de la historia humana. También creemos que Dios llama a los profetas, ofrece guía, realiza milagros e invita a las personas a unirse a Su obra hoy.
Nuestra historia moderna comienza a principios de 1800, cuando un joven granjero y jornalero, llamado José Smith, le pidió guía a Dios y fue llamado como profeta. Al igual que los primeros seguidores de Jesucristo, José y otros creyentes se llamaron a sí mismos santos. Los Santos de los Últimos Días mantienen esta identidad como discípulos de Jesucristo, bendecidos por la revelación moderna.
Nuestra historia moderna comienza a principios de 1800, cuando un joven granjero y jornalero, llamado José Smith, le pidió guía a Dios y fue llamado como profeta. Al igual que los primeros seguidores de Jesucristo, José y otros creyentes se llamaron a sí mismos santos. Los Santos de los Últimos Días mantienen esta identidad como discípulos de Jesucristo, bendecidos por la revelación moderna.
Orígenes
José Smith nació en 1805. Cuando aún era un niño, problemas ambientales llevaron a su familia y a muchos otros agricultores que pasaban penurias a abandonar sus hogares en el noreste de los Estados Unidos. La familia Smith se mudó a Palmyra, en el estado de Nueva York, un lugar donde los predicadores celebraban frecuentes reuniones de resurgimiento religioso y competían por los conversos. De joven, José pensaba profundamente acerca del mundo que lo rodeaba y sobre cuestiones espirituales, pero las discusiones entre las diferentes iglesias lo confundían. No sabía con seguridad qué hacer hasta que encontró un simple consejo en la Biblia: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5 ).
En 1820, siguiendo esa instrucción, José se dirigió a una arboleda cercana a su casa para orar en busca de respuestas. Mientras oraba, Dios el Padre y Jesucristo se le aparecieron. Le dijeron que no se uniera a ninguna iglesia existente, pero le prometieron que tenían una obra para él, que traería de vuelta el poder de laIglesia original de Cristo .
En 1820, siguiendo esa instrucción, José se dirigió a una arboleda cercana a su casa para orar en busca de respuestas. Mientras oraba, Dios el Padre y Jesucristo se le aparecieron. Le dijeron que no se uniera a ninguna iglesia existente, pero le prometieron que tenían una obra para él, que traería de vuelta el poder de la
Conozca más acerca de los acontecimientos que llevaron a José Smith a tener una visión de Dios y de Jesucristo.
Moroni, un profeta de la antigüedad, le mostró a José un registro antiguo enterrado en un cerro cercano.
Vea el manuscrito que José tradujo de un registro antiguo y que publicó como el Libro de Mormón.
Tres años después, comenzó esa obra. Un ángel llamado Moroni se le apareció a José Smith y le contó acerca de un registro perdido que contenía la historia sagrada de una antigua civilización americana. Ese registro, el Libro de Mormón , es otro testamento de Jesucristo. En 1827, el mensajero angélico le confió a José unas planchas de metal grabadas. José las tradujo por el poder de Dios. Emma Hale Smith, Oliver Cowdery, Martin Harris, David Whitmer y otros escribieron las palabras conforme José las traducía. Ellos testificaron que la traducción fue un evento milagroso, diferente a cualquier proceso de escritura ordinario.
Mientras trabajaban en la traducción, José y Oliver Cowdery también oraron sobre la naturaleza de la iglesia primitiva de Jesucristo. Otros ángeles los visitaron para restaurar la autoridad perdida del sacerdocio. El 6 de abril de 1830, emplearon esa autoridad para organizar La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Se había formado una nueva rama del cristianismo.
Mientras trabajaban en la traducción, José y Oliver Cowdery también oraron sobre la naturaleza de la iglesia primitiva de Jesucristo. Otros ángeles los visitaron para restaurar la autoridad perdida del sacerdocio. El 6 de abril de 1830, emplearon esa autoridad para organizar La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Se había formado una nueva rama del cristianismo.
Recogimiento y éxodo
La Iglesia creció rápidamente. Para los creyentes, estaba ocurriendo algo más que la fundación de una nueva iglesia: Dios estaba reclamando al Israel disperso , dando cumplimiento a convenios hechos hace mucho tiempo. Los primeros conversos a menudo dejaban sus hogares para construir ciudades, templos y una forma de vida en comunidad. La mayoría de los santos desempeñaban funciones religiosas, cuidando física y espiritualmente a quienes los rodeaban. Los santos construyeron su primer templo en Kirtland, Ohio. Para ellos, era un lugar para honrar a Jesucristo y recibir fortaleza espiritual. También comenzaron a construir una ciudad llamada Sion en Misuri, en lo que entonces era el extremo occidental de los Estados Unidos. Los santos aceptaron el cambio. Aceptaron nuevas ideas. Acogieron a nuevos miembros. A principios de la década de 1840, a medida que llegaban muchos conversos de Gran Bretaña, la ciudad de los santos llamada Nauvoo, en Illinois, se convirtió en una de las más grandes de la región.
José Smith dio a conocer muchas enseñanzas nuevas que recibió por medio de la revelación de Dios. Enseñó que los seres humanos tienen una naturaleza y un potencial divinos. Enseñó que los seguidores de Jesús pueden prepararse para Su regreso construyendo una sociedad justa y recta en la Tierra. Dio instrucciones prácticas, como la instrucción de evitar el consumo de tabaco y alcohol. Enseñó que el cielo se basa en las relaciones. Explicó que las relaciones familiares pueden perdurar más allá de la muerte.
Al igual que los primeros creyentes de otras religiones, los santos sufrieron persecución. Populachos arrastraron a los santos fuera de sus hogares y los golpearon, asaltaron sus negocios y se apoderaron de sus tierras. En 1838, el gobernador de Misuriemitió una orden para exterminarlos o expulsarlos por completo. Los santos huyeron y reconstruyeron su vida en Illinois. En 1844, un populacho asesinó a José Smith y a su hermano Hyrum.
José Smith dio a conocer muchas enseñanzas nuevas que recibió por medio de la revelación de Dios. Enseñó que los seres humanos tienen una naturaleza y un potencial divinos. Enseñó que los seguidores de Jesús pueden prepararse para Su regreso construyendo una sociedad justa y recta en la Tierra. Dio instrucciones prácticas, como la instrucción de evitar el consumo de tabaco y alcohol. Enseñó que el cielo se basa en las relaciones. Explicó que las relaciones familiares pueden perdurar más allá de la muerte.
Al igual que los primeros creyentes de otras religiones, los santos sufrieron persecución. Populachos arrastraron a los santos fuera de sus hogares y los golpearon, asaltaron sus negocios y se apoderaron de sus tierras. En 1838, el gobernador de Misuri
En 1830, algunos miembros comenzaron a congregarse en el norte de Ohio. Allí recibieron guía del Señor y construyeron el primer templo.
En 1831, los santos comenzaron a desplazarse a Independence para establecer la ciudad de Sion. En 1838, huyeron del estado debido a la violenta persecución.
En 1839, los santos comenzaron a edificar la ciudad de Nauvoo. La ciudad prosperó, convirtiéndose en la más grande de la región y los santos construyeron un templo una vez más.
Obtenga un mayor aprecio por la migración hacia el oeste de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en los sitios históricos de Nebraska y Iowa.
Después de que José Smith fuera asesinado en Illinois en 1844, los santos se dirigieron hacia el oeste en una migración masiva hacia lo que ahora es el estado de Utah.
Después de establecerse en Utah, los santos construyeron muchos asentamientos. Salt Lake City era el más grande y sigue siendo la sede de las Oficinas Generales de la Iglesia.
La persecución infundió en los santos un fuerte compromiso con la libertad religiosa. Una ley de la ciudad de Nauvoo garantizaba la libertad para todos y acogía a grupos como los musulmanes y los católicos, quienes enfrentaban prejuicios en los Estados Unidos de la década de 1840. La persecución también contribuyó a la cultura de resiliencia de los santos. Después de cada contratiempo, se ayudaban mutuamente a comenzar de nuevo. Esta cultura se puso a prueba en 1846, cuando el sucesor de José Smith, Brigham Young, organizó una migración masiva para escapar de la violencia continua. Los santos cruzaron el continente y se establecieron en la región árida al oeste de las Montañas Rocosas. En el camino, establecieron estaciones de paso para que otros pudieran seguirlos. Brigham Young se comprometió a ayudar a los pobres a emigrar. Vio la inclusión de los pobres como un deber espiritual. Al igual que el éxodo bíblico, este viaje pionero se convirtió en una experiencia determinante en la memoria de los Santos de los Últimos Días.
Los primeros misioneros Santos de los Últimos Días visitaron todos los continentes habitados. Los conversos se veían a sí mismos como un pueblo del convenio. Las organizaciones de la Iglesia ayudaron a muchos a emigrar a Utah. Allí, los líderes de la Iglesia organizaron los servicios religiosos y fomentaron la vida comunitaria. Los santos vieron el valor espiritual de esfuerzos como la irrigación y la economía cooperativas. Escribieron nuevos himnos y comenzaron nuevas tradiciones. Juntos, establecieron una nueva cultura religiosa cooperativa.
Todos podían contribuir. Organizaciones de la Iglesia como la Sociedad de Socorro para las mujeres, la Asociación de Mejoramiento Mutuo para los jóvenes, la Primaria para los niños y las Escuelas Dominicales para todos ayudaron a unir y refinar a los santos. En los templos, los primeros santosefectuaron ordenanzas religiosas para unir a las familias por la eternidad. Algunas tradiciones pioneras se limitaron a esa época. Desde la década de 1840 hasta la de 1880, los líderes alentaron el matrimonio plural o la poligamia, que iba en contra de las normas estadounidenses y europeas. Dos generaciones de matrimonios polígamos y la vida familiar fortalecieron el sentido de identidad singular de los santos. Durante ese período, las familias polígamas también crearon una sólida red de relaciones interpersonales que conectaban a las comunidades pioneras.
Los primeros misioneros Santos de los Últimos Días visitaron todos los continentes habitados. Los conversos se veían a sí mismos como un pueblo del convenio. Las organizaciones de la Iglesia ayudaron a muchos a emigrar a Utah. Allí, los líderes de la Iglesia organizaron los servicios religiosos y fomentaron la vida comunitaria. Los santos vieron el valor espiritual de esfuerzos como la irrigación y la economía cooperativas. Escribieron nuevos himnos y comenzaron nuevas tradiciones. Juntos, establecieron una nueva cultura religiosa cooperativa.
Todos podían contribuir. Organizaciones de la Iglesia como la Sociedad de Socorro para las mujeres, la Asociación de Mejoramiento Mutuo para los jóvenes, la Primaria para los niños y las Escuelas Dominicales para todos ayudaron a unir y refinar a los santos. En los templos, los primeros santos
Revelación continua
Los Santos de los Últimos Días creen que la revelación continúa. Dios es eterno, pero los tiempos cambian. Nuestra preparación para recibir comprensión evoluciona. Dios obra con sus hijos paso a paso. Bajo la dirección profética, los santos aceptaron cambios importantes a fines de 1800 y 1900.
En 1890, Wilford Woodruff recibió una revelación que condujo al fin de la práctica del matrimonio plural en la Iglesia. Él también mostró cómo los santos podían ayudar a unir a la familia humana al expandir los sellamientos en el templo para las generaciones pasadas. La Iglesia fundó una sociedad genealógica que se hizo mundialmente famosa en su campo. Otros profetas trabajaron para fortalecer el compromiso de los santos con la ley bíblica del diezmo y el consejo de la
A principios de 1900, los Santos de los Últimos Días adoptaron nuevas formas de adorar, socializar y organizarse. Las congregaciones llamadas barrios y ramas eran el centro de la vida de la Iglesia. Con ese cambio, los Santos de los Últimos Días pudieron florecer en lugares donde eran una pequeña minoría. Más conversos permanecieron en sus países de origen. Más miembros de la Iglesia
La Iglesia tiene profundas raíces en el Pacífico, que se remontan a la época de José Smith y a las conversiones en lo que ahora es la Polinesia Francesa.
La experiencia de la familia Monroy durante la Revolución Mexicana es un ejemplo de la fe de los miembros pioneros.
En Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, santos de naciones que habían sido enemigas aprendieron a reconciliarse.
Los santos han mantenido la fe a través de desafíos políticos, como las restricciones de Ghana de 1989–1990 a las reuniones de los Santos de los Últimos Días.
Los santos del estado brasileño de Amazonas organizaron un viaje de doce días para llegar al Templo de São Paulo, Brasil.
En lugar de procurar un clero remunerado, los miembros aceptaron asignaciones conocidas como llamamientos . Con este sistema de responsabilidades rotativas, todos participaban. Los nuevos miembros podrían integrarse más fácilmente. Además de los centros de reuniones, los santos comenzaron a construir templos en todo el mundo. En los centros de reuniones, se reunían para adorar, aprender y servir. En los templos, podían alejarse de las presiones de la vida, reafirmar su compromiso con Dios por medio de convenios sagrados y unir a las familias a través de las generaciones. Los templos recordaron a los santos que las relaciones pueden ser eternas por medio de Jesucristo.
El desarrollo de una religión centrada en Utah a una religión mundial requirió un cambio continuo. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la obra misional se expandió. La Iglesia también trabajó para ser más receptiva a las diversas necesidades globales. Los líderes de la Iglesia en la década de 1850 habían adoptado la práctica de restringir a los Santos de los Últimos Días de raza negra la ordenación al sacerdocio y la mayor parte de la adoración en el templo. Los santos se regocijaron en 1978 cuando una revelación al presidente Spencer W. Kimballlevantó esa restricción . En todo el mundo, los santos de diferentes orígenes raciales, étnicos y nacionales trabajaban juntos para servir a los hijos de Dios.
El desarrollo de una religión centrada en Utah a una religión mundial requirió un cambio continuo. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la obra misional se expandió. La Iglesia también trabajó para ser más receptiva a las diversas necesidades globales. Los líderes de la Iglesia en la década de 1850 habían adoptado la práctica de restringir a los Santos de los Últimos Días de raza negra la ordenación al sacerdocio y la mayor parte de la adoración en el templo. Los santos se regocijaron en 1978 cuando una revelación al presidente Spencer W. Kimball
Edificar sobre un legado de fe
Para comienzos del siglo XXI, los Santos de los Últimos Días se habían establecido como una religión mundial. A partir de 1997, la mayoría de los miembros de la Iglesia vivían fuera de los Estados Unidos. En 2004, México se convirtió en el segundo país con un millón de santos. En 2007, Brasil se convirtió en el tercero. El rápido crecimiento en la República Democrática del Congo y otras naciones africanas, Filipinas y Australia extendió aún más la Iglesia más allá de sus centros anteriores en las Américas y el Pacífico. Ese crecimiento dio frutos espirituales. A medida que el servicio misional, la migración y los medios de comunicación ayudaron a los santos a conectarse entre sí, crecieron en amor y fe. Cada vez más se veían los unos a los otros verdaderamente como hijos de Dios.
Dondequiera que vivan, los Santos de los Últimos Días trabajan para ser buenos miembros de sus comunidades. Tratan de vivir honorablemente y servir a los demás. Recurrir a nuestra historia ayuda a los Santos de los Últimos Días a abordar problemas complejos. Conscientes de nuestro propio éxodo, trabajamos para
El tiempo pone a prueba todas las religiones. Si bien los dos siglos transcurridos desde la organización de la Iglesia son solo una breve parte de la historia humana, han estado llenos de cambios. A medida que la Iglesia se acerca a su tercer siglo, somos conscientes de los desafíos en un mundo donde muchos tienen dificultad para ver la mano de Dios en sus vidas. En el Nuevo Testamento, Jesús preguntó: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe sobre la tierra?” (