“Capítulo 15: La oración”, Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Russell M. Nelson, 2023
“Capítulo 15”, Enseñanzas: Russell M. Nelson
Capítulo 15
La oración
Oren a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Al hacerlo, Él los dirigirá para bien en todo lo que hagan.
De la vida de Russell M. Nelson
En noviembre de 1985, el presidente Ezra Taft Benson, ordenado recientemente como Presidente de la Iglesia, dio al élder Russell M. Nelson la asignación de “abrir las naciones de Europa del Este que [estaban] bajo el yugo del comunismo para la predicación del Evangelio”.
Esa abrumadora asignación incluía la ex Unión Soviética, donde era especialmente difícil obtener ayuda de quienes debían tomar la decisión. Después de una desalentadora reunión en el verano [boreal] de 1987, el élder Nelson y el élder Hans B. Ringger, de los Setenta, que lo acompañaba en esa asignación, se dirigieron a la banca de un parque cercano al Kremlin y analizaron el dilema de la Iglesia. Tras considerar los pasos que podrían dar, oraron para pedir guía.
Aquella fue una de las innumerables oraciones que el élder Nelson ofreció por el pueblo y la tierra de Rusia. Oró para saber qué hacer, adónde ir y con quién reunirse. Oró para que se ablandaran los corazones y para que los funcionarios del gobierno estuvieran dispuestos a reunirse con él.
En 1990, cuando el élder Nelson ofreció una oración formal a fin de rededicar la tierra de Rusia para la predicación del Evangelio, pidió al Padre Celestial que extendiera las bendiciones del Evangelio al pueblo ruso. Fue una labor lenta y ardua. Sin embargo, poco a poco, tras muchos viajes a Rusia y muchas reuniones, se consiguieron progresos.
Luego, en junio de 1991, asistió a una cena posterior a una presentación del Coro del Tabernáculo en el Teatro Bolshói, en Moscú. Durante la cena, Alexander Rutskoy, vicepresidente de la República de Rusia, anunció que se había otorgado pleno reconocimiento a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Rusia.
“Fue un momento absolutamente impresionante”, recordó el élder Nelson. “Esperábamos que llegara, pero no lo esperábamos esa noche […]. Muchos de nosotros hicimos todo lo que pudimos para conseguirlo, pero no nos equivoquemos, fue el Señor quien obró el milagro”.
Enseñanzas de Russell M. Nelson
Nuestro amoroso Padre Celestial quiere escuchar a Sus hijos
[Nuestro] amoroso Padre Celestial desea escuchar a los Suyos. Mediante la oración, demostramos nuestro amor por Dios. ¡Y Él ha hecho que sea tan fácil! Podemos dirigirle nuestras oraciones en cualquier momento; no necesitamos un equipo especial, Ni siquiera es necesario cambiar pilas ni pagar una cuota mensual para hacerlo.
Hay personas que solo oran cuando tienen problemas, y hay otras que no oran nunca. Un pasaje de las Escrituras hace esta observación: “No os acordáis del Señor vuestro Dios en las cosas con que os ha bendecido, mas siempre recordáis vuestras riquezas, no para dar gracias al Señor […] por ellas” [Helamán 13:22].
Durante mucho tiempo los profetas nos han dicho que debemos orar humildemente y con frecuencia.
Nuestra primera acción noble de la mañana debe ser una humilde oración de gratitud. Así lo aconsejan las Escrituras: “Clamad a él en vuestras casas, sí […] tanto por la mañana, como al mediodía y al atardecer” (Alma 34:21; véanse también Job 33:26; Alma 37:37).
No llegué a apreciar lo significativo de la comunicación en oración hasta que llegué a ser padre. Y me siento sumamente agradecido porque nuestros hijos nunca hayan dejado de dirigirnos la palabra por un tiempo; ahora me doy cuenta de cuánto aprecia nuestro Padre Celestial nuestras oraciones, por la mañana y la noche, pero puedo imaginar los momentos de dolor que sufrirá debido al silencio de cualquiera de Sus hijos.
Pregunta para el estudio
¿De qué maneras puede comunicarse mejor con el Padre Celestial?
Jesús nos enseñó cómo orar
Jesús nos enseñó a orar. Oramos a nuestro Padre Celestial, en el nombre de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo. Ese es el “orden verdadero de la oración”, en contraste con las “vanas repeticiones” [Mateo 6:7] o recitados que se ofrecen “para ser vistos por los hombres” [Mateo 6:5].
Jesús reveló que oramos a un Padre sabio que sabe de qué cosas tenemos necesidad antes de que le pidamos.
Mormón enseñó a su hijo Moroni que debemos orar “con toda la energía” de nuestro corazón [Moroni 7:48]. Y Nefi exclamó: “Porque continuamente ruego por [mi pueblo] de día, y mis ojos bañan mi almohada de noche […] y clamo a mi Dios con fe, y sé que él oirá mi clamor” [2 Nefi 33:3].
En ciertas ocasiones, el sereno poder de la oración puede intensificarse con el ayuno, cuando esto sea conveniente según la necesidad particular.
Incluso, es posible ofrecer oraciones en silencio. Se puede pensar una oración, en especial cuando no sea apropiado pronunciar palabras. Por lo general, nos arrodillamos para orar, pero podemos hacerlo de pie o sentados; la posición física es menos importante que la sumisión espiritual a Dios.
Terminamos la oración “en el nombre de Jesucristo. Amén”. Y cuando oímos la oración de otra persona, agregamos en voz alta nuestro “amén”, con lo que queremos decir: “Esa es también mi oración”.
[El Salvador] dijo a Sus discípulos que “siempre debéis orar al Padre en mi nombre” [3 Nefi 18:19]. El Salvador además recalcó: “Orad al Padre en vuestras familias, siempre en mi nombre” [3 Nefi 18:21]. De manera obediente, aplicamos esa lección cuando oramos a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesucristo.
¿Cuándo debemos orar? El Señor dijo: “Escudriñad diligentemente, orad siempre, sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien” [Doctrina y Convenios 90:24; cursiva agregada].
Alma dijo: “Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide en tu sueño; y cuando te levantes por la mañana, rebose tu corazón de gratitud a Dios” [Alma 37:37; cursiva agregada].
Oramos en privado, lo hacemos regularmente con nuestra familia, a las horas de comer y en otras actividades cotidianas. Para resumirlo de manera simple, somos un pueblo que ora.
Pregunta para el estudio
¿Qué significa orar siempre?
El Señor nos ha enseñado las formas mediante las cuales podemos mejorar nuestras oraciones
El Señor ha enseñado formas mediante las cuales podemos mejorar nuestras oraciones. Por ejemplo, Él dijo que “la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza” [Doctrina y Convenios 25:12].
También se puede mejorar la oración mediante el ayuno. El Señor dijo: “También os doy el mandamiento de perseverar en la oración y el ayuno desde ahora en adelante” [Doctrina y Convenios 88:76] […].
[La humildad] también puede mejorar nuestras oraciones. En las Escrituras así se afirma: “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones” [Doctrina y Convenios 112:10].
Las oraciones comienzan con la iniciativa de la persona; “He aquí”, dice el Señor, “yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo” [Apocalipsis 3:20]. Esa puerta se abre cuando oramos a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesucristo.
Manifestamos nuestro amor [a Dios] por medio de la oración. Y escuchar es una parte esencial de la oración. Las respuestas del Señor llegan de manera muy queda, por lo que nos ha aconsejado: “Quedaos tranquilos y sabed que yo soy Dios” [Doctrina y Convenios 101:16].
Debemos orar de corazón. La recitación cortés de actividades pasadas y futuras que concluyen con algunas peticiones de bendiciones no puede sustituir el tipo de comunicación con Dios que brinda poder perdurable. ¿Están dispuestos a orar para saber cómo orar para pedir más poder? El Señor les enseñará.
A medida que piensen de manera celestial, el corazón les cambiará poco a poco. Querrán orar con más frecuencia y con más sinceridad. Por favor, no dejen que sus oraciones suenen como la lista de las compras. La perspectiva del Señor trasciende la sabiduría terrenal de ustedes. La respuesta de Él a sus oraciones podría sorprenderlos y los ayudará a pensar de manera celestial […]. Nuestras oraciones pueden ser —y deberían ser— conversaciones reales con nuestro Padre Celestial.
Oren en el nombre de Jesucristo acerca de sus preocupaciones, sus temores, sus debilidades, sí, los anhelos mismos de su corazón. ¡Y luego, escuchen! Anoten las ideas que acudan a su mente; escriban sus sentimientos y actúen de conformidad con ellos mediante las acciones que se les indique tomar.
Pregunta para el estudio
¿Qué puede hacer para mejorar sus oraciones?
Sus súplicas de todo corazón son importantes para Dios
La fe inquebrantable se fortalece por medio de la oración. Sus súplicas sinceras son importantes para [Dios]. Piensen en las intensas y vehementes oraciones del profeta José Smith durante sus terribles días de encarcelación en la cárcel de Liberty. El Señor le respondió al cambiar la perspectiva del Profeta; Él dijo: “entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien” [Doctrina y Convenios 122:5–7].
Si oramos con una perspectiva eterna, no necesitamos preguntarnos si se escuchan nuestras súplicas más cargadas de lágrimas y más sinceras. Esta promesa del Señor se registra en la sección 98 de Doctrina y Convenios:
“Vuestras oraciones han entrado en los oídos del Señor […] y están inscritas con este sello y testimonio: El Señor ha jurado y decretado que serán otorgadas.
“Por lo tanto, él os concede esta promesa, con un convenio inmutable de que serán cumplidas; y todas las cosas con que habéis sido afligidos obrarán juntamente para vuestro bien y para la gloria de mi nombre, dice el Señor” [Doctrina y Convenios 98:2–3].
¡El Señor escogió Sus palabras más fuertes para tranquilizarnos! ¡Sello! ¡Testimonio! ¡Jurado! ¡Decretado! ¡Convenio inmutable! ¡Hermanos y hermanas, créanle a Él! Dios escuchará sus oraciones sinceras y sentidas, y su fe se fortalecerá.
Pregunta para el estudio
¿Qué experiencias lo han ayudado a comprender que Dios escucha sus oraciones?
El Padre Celestial responde nuestras oraciones de acuerdo con Su perspectiva eterna
Cuando oremos, no debemos pretender aconsejar al Señor, sino preguntarle y obedecer Sus consejos […]. No todas nuestras oraciones recibirán la respuesta que deseemos. De vez en cuando la contestación será “no”, y no debe sorprendernos eso; los amorosos padres terrenales no acceden a todas las peticiones de sus hijos […].
Debemos orar de acuerdo con la voluntad de nuestro Padre Celestial. Él quiere probarnos, fortalecernos y ayudarnos a alcanzar todo nuestro potencial.
Reconozco que, a veces, algunas de nuestras más fervientes oraciones quedan al parecer sin respuesta. Nos preguntamos: “¿Por qué?”. ¡Sé lo que se siente! Conozco los temores y las lágrimas de esos momentos. Pero también sé que nuestras oraciones nunca son desoídas, que siempre se aprecia nuestra fe. Sé que la visión de nuestro omnisciente Padre Celestial es infinitamente más amplia que la nuestra. En tanto que nosotros sabemos de nuestros problemas y dolores mortales, Él sabe de nuestro progreso y potencial inmortales. Si oramos para conocer Su voluntad y someternos a ella con paciencia y con valentía, la sanación celestial tendrá lugar a Su propia manera y a Su tiempo.
Jesucristo, el Salvador del mundo, quien nos rescató por medio de Su sangre, es nuestro Redentor y nuestro Ejemplo. Al final de Su misión terrenal, rogó que Su voluntad, en calidad de Hijo Amado, fuese absorbida en la voluntad del Padre. En esa hora crucial el Salvador exclamó: “Padre […], no sea como yo quiero, sino como tú” [Mateo 26:39]. Así también nosotros debemos orar a Dios: “Hágase tu voluntad”.
Pregunta para el estudio
¿Qué significa para usted orar de acuerdo con la voluntad del Padre Celestial?
Planifiquen a fin de tener cada día un tiempo a solas para prepararse, meditar y orar
“Cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público” [Mateo 6:6].
Cualquiera que sea su “aposento” personal, ya sea literalmente un aposento, o algún otro lugar donde puedan disfrutar de privacidad, planifiquen tener tiempo a solas en ese entorno a fin de prepararse, meditar y orar […].
Sería recomendable que conserven un cuaderno y un lápiz para que puedan plasmar cualquier impresión que les acuda al corazón y a la mente. Conforme reserven ese preciado momento de preparación cada día, el Espíritu Santo podrá llegar a ustedes y enseñarles.
A medida que terminen su momento a solas, y después prosigan con la oración y el estudio de las Escrituras en familia, estarán preparados para un maravilloso día por delante. Pueden confiar en que el Señor, por medio del Espíritu Santo, será su compañero, su protector y su guía […].
Oren a lo largo de cada día para ser guiados a hacer su parte a fin de que puedan estar sujetos al yugo con el Señor. Su yugo es fácil y ligera Su carga [véase Mateo 11:30]. Necesitarán esa ayuda. Nada será demasiado difícil cuando estén sujetos al yugo con el Señor en Su santa obra.
¿Han ido a un lugar tranquilo y apartado para estar a solas? ¿Han encontrado su propio equivalente de la “Arboleda Sagrada”, donde pueden derramar los anhelos secretos de su alma en oración a su Padre Celestial? ¿Han conversado realmente con Dios como un hombre habla con otro? ¿Le han declarado verdaderamente su fidelidad y su disposición a Él, sin reserva alguna? ¿Han dicho: “¡Aquí estoy, Señor! ¡Úsame!”? ¿Le han suplicado y, al hacerlo, han dejado atrás cualquier frase repetitiva poco sincera que pudiera haber formado parte de sus oraciones en el pasado? […]. Decidan ahora hacer de su hogar un lugar de oración. Hagan de él un santuario de fe.
Preguntas para el estudio
¿Qué preguntas podría hacer al orar conforme se prepara para cada nuevo día? ¿Por qué cree que es importante anotar las ideas que acudan a usted durante sus oraciones?
Orar nos fortalece y nos ayuda a bendecir a otras personas
Así como la fortaleza física requiere ejercitación, la fortaleza espiritual requiere esfuerzo. Entre los ejercicios espirituales más importantes está la oración, que genera armonía con Dios y el deseo de guardar Sus mandamientos. La oración es la clave de la sabiduría, de la virtud y de la humildad.
La oración nos ayuda a hacer frente a las pruebas de la vida. La oración centra nuestras actitudes con exactitud y, así, no deambulamos hacia la derecha ni hacia la izquierda por un terreno minado con las trampas de la tentación. Los discípulos no juegan con el peligro a la orilla de un precipicio. Los alpinistas experimentados no se inclinan hacia el peligroso extremo de los despeñaderos, sino hacia lo seguro, con cuerdas y con otros medios de protección para sujetarse a aquellos en quienes confían. Así también sucede con nosotros. Cuando escalemos las montañosas dificultades de la vida, debemos inclinarnos hacia nuestro Maestro y estar sujetos al yugo con Él, aferrándonos con fuerza a la barra de hierro del Evangelio, a nuestra familia y a nuestros amigos de confianza […].
El Señor ha dicho: “Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis” [Doctrina y Convenios 6:36]. He aprendido que la fe proporciona un poder emancipador. El mirar hacia Dios primero nos permite decidir con firmeza lo que no haremos, y entonces somos libres para dedicarnos a hacer lo que debemos.
La fe se fortalece por medio de la oración, que es la poderosa clave para tomar decisiones […] [con respecto a todos los] aspectos importantes de su vida. Con humildad, busquen la ayuda del Señor con un corazón sincero y con verdadera intención, y Él los ayudará.
Recuerden que la fe y la oración por sí solas raras veces son suficientes. Normalmente se requiere el esfuerzo personal para que se cumplan los deseos del corazón. “La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” [Santiago 2:17].
Tengo la firme creencia de que a Dios le complace que se ore por los necesitados; de hecho, ¡Él nos manda que acudamos a Él y oremos por otras personas! Sin embargo, según mi experiencia personal, cuando pido a Dios en oración que me guíe sobre lo que puedo hacer para ayudar a ministrar, elevar, amar y sostener a los necesitados, Él contesta esas oraciones con cosas específicas y sencillas que efectivamente puedo hacer para bendecir a alguno de Sus hijos.
Los invito a considerar cómo sus pensamientos y oraciones pueden ser un catalizador para que Dios los inspire y dirija hacia actos de bondad, compasión y generosidad. Imaginen cuánto bien podrían hacer en el mundo, y en su propia familia, escuela y lugar de trabajo. Al procurar ser Sus manos que sanan y que ayudan, de seguro enalteceremos al Señor.
Preguntas para el estudio
¿De qué modo lo ha ayudado la oración a afrontar pruebas en la vida? ¿De qué manera lo ha ayudado la oración a encontrar maneras de servir a los demás?
Invitaciones y promesas
Cuando oramos, el Señor nos abre la puerta
Las oraciones comienzan con la iniciativa de la persona; “He aquí”, dijo el Señor, “yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo” [Apocalipsis 3:20]. Esa puerta se abre cuando oramos a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesucristo.
Dios escuchará sus oraciones sinceras y de todo corazón
Si oramos con una perspectiva eterna, no necesitamos preguntarnos si se escuchan nuestras súplicas más cargadas de lágrimas y más sinceras. Esta promesa del Señor se registra en la sección 98 de Doctrina y Convenios:
“Vuestras oraciones han entrado en los oídos del Señor […] y están inscritas con este sello y testimonio: El Señor ha jurado y decretado que serán otorgadas.
“Por lo tanto, él os concede esta promesa, con un convenio inmutable de que serán cumplidas; y todas las cosas con que habéis sido afligidos obrarán juntamente para vuestro bien y para la gloria de mi nombre, dice el Señor” [Doctrina y Convenios 98:2–3].
¡El Señor escogió Sus palabras más fuertes para tranquilizarnos! ¡Sello! ¡Testimonio! ¡Jurado! ¡Decretado! ¡Convenio inmutable! ¡Hermanos y hermanas, créanle a Él! Dios escuchará sus oraciones sinceras y sentidas, y su fe se fortalecerá.
La sanación celestial tendrá lugar a la manera y en el tiempo de Dios
Sé que la visión de nuestro omnisciente Padre Celestial es infinitamente más amplia que la nuestra. En tanto que nosotros sabemos de nuestros problemas y dolores mortales, Él sabe de nuestro progreso y potencial inmortales. Si oramos para conocer Su voluntad y someternos a ella con paciencia y con valentía, la sanación celestial tendrá lugar a Su propia manera y a Su tiempo.
El Espíritu Santo puede llegar a ustedes y enseñarles
Cualquiera que sea su “aposento” personal, ya sea literalmente un aposento, o algún otro lugar donde puedan disfrutar de privacidad, planifiquen tener tiempo a solas en ese entorno a fin de prepararse, meditar y orar […].
Sería recomendable que conserven un cuaderno y un lápiz para que puedan plasmar cualquier impresión que les acuda al corazón y a la mente. Conforme reserven ese preciado momento de preparación cada día, el Espíritu Santo podrá llegar a ustedes y enseñarles.
A medida que terminen su momento a solas, y después prosigan con la oración y el estudio de las Escrituras en familia, estarán preparados para un maravilloso día por delante. Pueden confiar en que el Señor, por medio del Espíritu Santo, será su compañero, su protector y su guía.
Dios los dirigirá hacia actos de bondad, compasión y generosidad
Los invito a considerar cómo sus pensamientos y oraciones pueden ser un catalizador para que Dios los inspire y dirija hacia actos de bondad, compasión y generosidad. Imaginen cuánto bien podrían hacer en el mundo, y en su propia familia, escuela y lugar de trabajo. Al procurar ser Sus manos que sanan y que ayudan, de seguro enalteceremos al Señor.
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