“Capítulo 11: La ley divina y la verdad absoluta”, Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Russell M. Nelson, 2023
“Capítulo 11”, Enseñanzas: Russell M. Nelson
Capítulo 11
La ley divina y la verdad absoluta
Las leyes de Dios están totalmente motivadas por Su infinito amor por nosotros y por Su deseo de que lleguemos a ser todo lo que podemos llegar a ser
De la vida de Russell M. Nelson
Las personas de todo el mundo conocen al presidente Russell M. Nelson como excirujano cardíaco, pero mucha menos gente sabe que empezó a ejercer la cirugía cardíaca debido a la inspiración que recibió al estudiar las Escrituras.
“Después de graduarme de la Facultad de Medicina”, dijo, “seguí estudios avanzados en cirugía. En aquella época no existía la cirugía del corazón. Luego colaboré con otros investigadores en la abrumadora tarea de fabricar una máquina cardiopulmonar artificial. Sabíamos que un aparato de ese tipo posiblemente podría mantener la circulación del cuerpo mientras se hacían reparaciones en el corazón, pero durante esa primera época, había mucho que no sabíamos.
“Entonces, un día, dos verdades expresadas en Doctrina y Convenios llegaron a mi mente inquisitiva. Esas verdades eran, primero, que todas las bendiciones se basan en la obediencia a la ley [véase Doctrina y Convenios 130:21]; y, segundo, que a cada reino se le ha dado una ley [véase Doctrina y Convenios 88:38].
“Pues bien, razoné que, si cada reino tenía una ley, debía haber leyes que gobiernen el corazón que late. Estaba decidido a descubrir esas leyes y obedecerlas. Al hacerlo, llegarían bendiciones y se podrían salvar vidas.
“En la Facultad de Medicina me habían enseñado que si uno tocaba un corazón que latía, este dejaba de latir. Sin embargo, una de las primeras leyes que descubrimos en el laboratorio fue que podíamos tocar el corazón de un animal sin perder sus latidos. Este hallazgo abrió la puerta más tarde al descubrimiento de otra ley que hizo posible operaciones a corazón abierto más complejas.
“Aprendimos que si agregamos cloruro de potasio a la sangre que fluye hacia las arterias coronarias, alterando así la proporción normal de sodio y potasio, el corazón dejaba de latir instantáneamente. Luego, cuando nutríamos el corazón con sangre que tenía una proporción normal de sodio y potasio, el corazón volvía a su ritmo de latido normal. Literalmente, podríamos detener el corazón el tiempo necesario para repararlo y luego volver a ponerlo en marcha.
“Décadas más tarde, cuando expliqué esto a un grupo de estudiantes de medicina, un destacado profesor preguntó: ‘¿Pero qué pasa si eso no funciona?’. Mi respuesta fue: ‘Siempre funciona, porque se basa en la ley divina’”.
Esa respuesta es característica de las enseñanzas del presidente Nelson sobre la ley divina y la verdad absoluta: directas, sin vacilaciones, sin excusas y llenas de amor. Él dijo:
“A veces, a nosotros, como líderes de la Iglesia, se nos critica por aferrarnos firmemente a las leyes de Dios, por defender la doctrina del Salvador y por resistir las presiones sociales de nuestros días. Pero nuestra comisión como Apóstoles ordenados es ‘ir por todo el mundo a predicar [Su] evangelio a toda criatura’ [Doctrina y Convenios 18:28]. Eso significa que se nos manda enseñar la verdad.
“Al hacerlo, a veces se nos acusa de ser poco compasivos cuando enseñamos los requisitos del Padre para la exaltación en el Reino Celestial. Sin embargo, ¿no seríamos mucho menos compasivos si no dijéramos la verdad, si no enseñáramos lo que Dios ha revelado?
“Es precisamente porque sí nos importan profundamente todos los hijos de Dios que proclamamos Su verdad”.
Enseñanzas de Russell M. Nelson
Las leyes de Dios reflejan Su amor perfecto y Su deseo de que regresemos a casa con Él
Dios nos ama a cada uno con amor perfecto.
Más que nada, nuestro Padre desea que Sus hijos elijan regresar a casa con Él. Ese anhelante deseo motiva todo lo que Él hace. La única razón por la que estamos en esta tierra es para hacernos merecedores de vivir con Él para siempre. Lo hacemos al usar nuestro albedrío para encontrar la senda de los convenios que conduce de regreso a nuestro hogar celestial y permanecer en esa senda.
Dios sabía que, debido a las tácticas y trampas engañosas del adversario, no sería fácil encontrar la senda de los convenios ni mantenerse en ella, de modo que envió a Su Hijo Unigénito para expiar por nosotros y mostrarnos el camino. El poder divino disponible para todos los que aman y siguen a Jesucristo es el poder para sanarnos, fortalecernos, limpiarnos del pecado y magnificarnos para hacer cosas que nunca podríamos hacer por nuestra cuenta. Nuestro Salvador es el Divino Ejemplo que marcó la senda que debemos seguir.
Debido a que el Padre y el Hijo nos aman con un amor infinito y perfecto, y a causa de que saben que no podemos ver todo lo que Ellos ven, nos han dado leyes que nos guiarán y protegerán.
Existe una fuerte conexión entre el amor de Dios y Sus leyes He llegado a ver la importancia de esa conexión y el poder de la ley divina. […] Las leyes de Dios reflejan Su amor perfecto por cada uno de nosotros. Sus leyes nos mantienen seguros espiritualmente y nos ayudan a progresar eternamente. […]
Mis queridos hermanos y hermanas, las leyes divinas son dones de Dios para Sus hijos. […] Permítanme decirlo lo más brevemente posible: a medida que obedecen las leyes de Dios, están progresando hacia la exaltación.
El profeta José Smith enseñó que Dios “instituy[ó] leyes por medio de las cuales [podríamos] tener el privilegio de avanzar como Él lo había hecho”. Las bendiciones más grandes de Dios están reservadas para aquellos que obedecen Sus leyes, tal como Él explicó: “Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal bendición” [Doctrina y Convenios 132:5]. Las leyes de Dios están motivadas exclusivamente por Su infinito amor por nosotros y Su deseo de que lleguemos a ser todo lo que podemos llegar a ser. […]
Cada uno de los Apóstoles del Señor está en condiciones de observar y sentir el amor que el Padre Celestial tiene por Sus hijos, en particular por aquellos que están pasando dificultades. Él se preocupa profundamente por aquellos que se han desviado de la senda de los convenios, en especial cuando temen que no haya vuelta atrás. […]
Siempre hay un camino de regreso: Jesucristo (y Su Evangelio) es el camino. Ustedes no han cometido ningún pecado tan grave como para estar más allá del alcance del amor y la gracia expiatoria del Salvador. A medida que adopten medidas para arrepentirse y seguir las leyes de Dios, ¡comenzarán a sentir lo mucho que el Padre Celestial y Su Amado Hijo quieren que regresen con Ellos! Ellos quieren que ustedes sean felices y harán todo lo que esté a Su alcance, que no infrinja el albedrío de ustedes ni las leyes de Ellos, para ayudarlos a regresar.
Pregunta para el estudio
¿De qué manera han visto que las leyes de Dios reflejan el amor que Él siente por ustedes?
Las leyes de Dios son las verdades absolutas que prevalecen en el universo
He aprendido a amar la ley divina. ¿A qué me refiero con “la ley divina”? Me refiero a las leyes de Dios; a aquellas verdades absolutas que prevalecen en el universo. En el Libro de Mormón, Jacob las definió así: “Las cosas como realmente son, y […] las cosas como realmente serán [Jacob 4:13].
La ley divina es incontestable e irrefutable. La ley divina no se puede negar ni discutir. Y cuando las leyes de Dios se obedecen, ¡siempre se reciben las bendiciones pertinentes! Las bendiciones siempre se basan en la obediencia a la ley correspondiente [véase Doctrina y Convenios 130:20–21].
Los existencialistas pueden exponer, y los relativistas pueden justificar con sus opiniones estrechas de la realidad, que la verdad es solo una experiencia subjetiva. ¡Las leyes son leyes! ¡La verdad de Dios realmente es cierta! ¡Lo que Dios dice que es correcto, es correcto! ¡Y lo que dice que es erróneo, es erróneo!
Por eso es imperativo que conozcan las leyes de Dios, pues controlan este universo y muchos otros. Cuando se quebrantan las leyes divinas, hay consecuencias. Aunque nos duela el corazón por quienes violan las leyes de Dios, se debe pagar el castigo. La ley divina se debe obedecer.
Todos los días dependemos de la ley divina. Consideremos, por ejemplo, la ley de la gravedad. […] Al considerar la ley de la gravedad, podríamos preguntarnos: “Entonces, ¿cómo es posible que un pesado avión de reacción Jumbo despegue del suelo y volemos a salvo hasta nuestro destino?”. Eso se debe a otra ley divina que enuncia que “la presión en la circulación de un fluido se reducirá según aumente la velocidad de tal fluido”. [Daniel] Bernoulli expuso ese principio en el siglo XVIII, el cual explica las interacciones entre el empuje y el perfil aerodinámicos, y la fuerza de sustentación. Ahora bien, al aplicarlo en la práctica, dicho fenómeno permite que los aviones vuelen. Bernoulli enunció el principio, pero la ley proviene de Dios.
Ahora hablemos sobre las personas. La ley divina enuncia que toda persona es hija de Dios. El hombre y la mujer han sido creados a Su imagen [véase Génesis 1:27]. Hay profetas y apóstoles que han escrito principios tocantes a esa ley; el documento [que promulgaron] se conoce como “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”. Ellos escribieron la proclamación, pero la ley es divina. Tomen en consideración estas verdades adicionales de dicha proclamación:
-
“El matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios”.
-
“La familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”.
-
“Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”.
-
“El ser hombre o el ser mujer es una característica esencial de la identidad y del propósito premortales, mortales y eternos de la persona”. […]
Jesús declaró: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida” [Juan 14:6]. Él es la verdad, el Creador de todas las cosas [véanse Juan 1:3; Doctrina y Convenios 93:10]. Toda verdad, tanto espiritual como temporal, es parte de Su Evangelio. Como nuestro Salvador y Redentor, Su función central en el plan del Padre abarca estas verdades eternas:
-
Somos hijos de Dios.
-
Vivimos en un mundo caído.
-
Todos somos imperfectos y necesitamos redención.
El Señor Jesucristo realizó la Expiación a nuestro favor. Conforme nos arrepentimos, Él tiene el poder de perdonar, de redimirnos del pecado, de cambiarnos el corazón, de fortalecernos y de mantenernos en la senda que conduce a nuestro Padre Celestial; lo cual es ley divina y verdad absoluta.
Pregunta para el estudio
¿Por qué es importante para ustedes conocer y obedecer las leyes de Dios?
Realmente existe la verdad absoluta: la verdad eterna, llena de luz y poder divinos
Algunas cosas simplemente son verdaderas. El árbitro de la verdad es Dios, no la fuente de noticias de su red social favorita, ni Google, ni mucho menos aquellos que están alejados de la Iglesia. […]
Muchos afirman ahora que la verdad es relativa y que no hay tal cosa como una ley o un plan divinos. Tal afirmación simplemente no es cierta. Hay una diferencia entre el bien y el mal. La verdad se basa en las leyes que Dios ha establecido para la confiabilidad, la protección y el cuidado de Sus hijos. Las leyes eternas obran e influyen en la vida de cada uno de nosotros, ya sea que creamos en ellas o no.
La verdad no es relativa. Lo que es realmente relativo es la comprensión que el hombre tiene de la verdad. […] La verdad proclamada por la Deidad es tan absoluta como la Deidad.
Al contrario de las dudas de algunos, sí existen el bien y el mal. Realmente existe la verdad absoluta: la verdad eterna. Una de las plagas de nuestra época es que muy pocas personas saben adónde acudir en busca de la verdad.
Me regocijo al aprender más en cuanto a las verdades eternas del Evangelio de Jesucristo. Tal como las leyes de Dios gobiernan nuestro cuerpo físico, asimismo gobiernan nuestro progreso espiritual: nuestra felicidad y dicha.
He aprendido a confiar en esas verdades y las amo. El Señor nos ha mandado que pidamos, busquemos y llamemos a fin de aumentar nuestro entendimiento de la verdad. Me encanta procurar más entendimiento y nuevas ideas concernientes al Evangelio sempiterno.
Las bendiciones de la verdad —la verdad absoluta— nos rodean por todas partes. Sin embargo, y lamentablemente, vivimos en una época en la que muchas personas creen que la verdad no es absoluta, que solo es relativa. Opinan, de manera errónea, que son libres para escoger su propia verdad y definir sus propias leyes. Resulta paradójico que quienes creen que la verdad es meramente relativa vivan en el universo de Dios, donde prevalecen y los protegen las leyes divinas de Él. Tales leyes se cumplen a diario; en los automóviles que conducen y en los teléfonos que utilizan. Y cuando viajan en avión, dependen totalmente de las leyes que rigen el empuje y el perfil aerodinámicos, y la fuerza de sustentación. […] Aun así, se aferran a la creencia de que pueden elegir su propia verdad. Esa dependencia de la verdad relativa predomina especialmente en asuntos concernientes al matrimonio, a los hijos y al género, así como a la identidad y al propósito de las personas. […]
Al confrontar las corrientes populares de relativismo de nuestra sociedad, incluso algunos de nuestros hermanos y hermanas de la Iglesia han perdido su comprensión cabal de la verdad de Dios y Sus leyes. En cambio, han adoptado las vías del mundo, con filosofías de los hombres que justifican el pecado y la apostasía. Al ignorar las palabras de los profetas, tropiezan y caen en la autocomplacencia y la apatía; y pierden la luz, la pureza y el poder de la verdad.
Aunque debemos emular la bondad y la compasión del Salvador, y aunque debemos valorar los derechos y los sentimientos de todos los hijos de Dios, no podemos cambiar Su doctrina. No es nuestra para cambiarla. Nuestra responsabilidad en cuanto a Su doctrina es estudiarla, entenderla y defenderla.
El Señor le enseñó al profeta José Smith que “la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser” [Doctrina y Convenios 93:24]. En el plan del Padre Celestial, la verdad no es solo una colección de hechos o datos; la verdad es mucho más que eso. Ciertamente el Señor Jesucristo descendió debajo de todo para poder comprender todas las cosas y ser la luz de la verdad [véase Doctrina y Convenios 88:6–7].
Además, “la gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad” [Doctrina y Convenios 93:36]. “La palabra del Señor es verdad” [Doctrina y Convenios 84:45], y esa verdad es conocimiento, luz, inteligencia y gloria.
En la verdad hay luz y poder divinos. Las palabras claras y sencillas de la verdad nos conmueven el alma; si realmente las escuchamos, si andamos en las vías de la verdad de acuerdo con las leyes de Dios, las palabras de la verdad nos acercan al Señor Jesucristo [véase Doctrina y Convenios 84:45–47]. Podemos venir a Él y concertar convenios sagrados con Él. Si somos fieles a esos convenios, el Señor nos santificará por medio de Su verdad [véase Juan 17:17]. Conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres [véase Juan 8:31–32].
Pregunta para el estudio
¿Cuáles son algunas verdades absolutas que aportan luz y poder a su vida?
Los profetas y apóstoles comunican el amor del Salvador y enseñan Sus leyes y verdades
El Señor Jesucristo, cuya Iglesia esta es, nombra a profetas y apóstoles para comunicar Su amor y enseñar Sus leyes.
El Salvador y Sus siervos no hablan para complacer a la gente, sino para enseñar lo que es preciso que las personas sepan. A lo largo de las épocas, la historia confirma que los críticos han presionado a los líderes de la Iglesia de sus días para que alteren algún decreto del Señor [como ejemplos, véanse1 Samuel 8:4–7; Mateo 7:21; Lucas 6:46; 3 Nefi 14:21], pero esa es una ley eterna y no puede modificarse. Ni siquiera por Su Hijo Amado hubiera podido Dios cambiar la ley que exigía una Expiación. Las doctrinas divinas no pueden comprimirse dentro de moldes compactos para adaptarlas a los modelos que estén de moda en ese momento.
Los profetas rara vez son populares, pero ¡siempre enseñaremos la verdad! […]
La exaltación no es fácil. Entre sus requisitos está el hacer un esfuerzo enfocado y persistente por guardar las leyes de Dios, arrepintiéndonos rigurosamente cuando no lo hacemos. Sin embargo, la recompensa por hacerlo es mucho mayor que lo que podamos imaginar, porque nos brinda gozo aquí e “interminable felicidad” [Mosíah 2:41] en la vida venidera.
Así, pues, nuestra comisión como Apóstoles es enseñar solamente la verdad. Esa comisión no nos da la autoridad para modificar la ley divina. […]
Aunque nosotros, la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles, no podemos cambiar las leyes de Dios, sí tenemos el mandato de “edificar la iglesia y regular todos los asuntos de ella en todas las naciones” [Doctrina y Convenios 107:33]. De ese modo, podemos ajustar las normas cuando el Señor nos indique que lo hagamos. […] Debido a que la Restauración está en pleno desarrollo, los cambios en las normas seguramente continuarán [véase Artículos de Fe 1:9].
Pregunta para el estudio
¿Por qué es importante que sepan que los profetas pueden modificar las normas, pero no tienen autoridad para modificar la ley divina?
Si viven de acuerdo con las leyes de Dios, serán cada vez más libres
Los engaños de Satanás solo los conducirán a la miseria, al cautiverio espiritual y a la muerte [véase 2 Nefi 2:27]. Esto es cierto en todos los casos. Las tristes consecuencias de ceder a los señuelos de Lucifer son predecibles, confiables, repetibles y lamentables.
Por el contrario, les prometo que si guardan los mandamientos de Dios, si viven según Sus leyes, serán cada vez más libres. Esa libertad les revelará su naturaleza divina y les permitirá prosperar personalmente. Se verán libres de la esclavitud del pecado; serán libres para ser ustedes mismos: líderes eficaces y rectos. Estarán preparados para dirigir por precepto y por ejemplo donde se los necesite. Afortunadamente, las bendiciones de guardar los mandamientos de Dios también son predecibles, confiables y repetibles.
Pregunta para el estudio
¿De qué manera han visto que el guardar los mandamientos conduce a una mayor libertad?
Para ser mejores discípulos de Jesucristo, llenen su vida de verdad
Tenemos el privilegio de buscar la verdad, enseñar la verdad y ponerla en práctica con rectitud al servicio de los demás.
Para ser mejores discípulos de Jesucristo, llenen su vida de verdad. […] Busquen la verdad aprendiendo las leyes de Dios. Él es la fuente de toda verdad. Su estudio del Evangelio los ayudará a discernir la verdad del error.
Si seguimos andando en la verdad, el Espíritu Santo —“el Espíritu de verdad” [Juan 15:26]— será nuestro compañero. La verdad estará en nosotros, en nuestro corazón y en nuestra mente, en nuestro carácter y en nuestro ser, y abundará en nosotros [véase Doctrina y Convenios 88:66], y se hará “más y más resplandeciente hasta el día perfecto” [Doctrina y Convenios 50:24].
Pregunta para el estudio
¿Qué significa para ustedes andar en la verdad?
Invitaciones y promesas
Si siguen andando en la verdad, el Espíritu Santo será su compañero
Para ser mejores discípulos de Jesucristo, llenen su vida de verdad. […] Busquen la verdad aprendiendo las leyes de Dios. Él es la fuente de toda verdad. Su estudio del Evangelio los ayudará a discernir la verdad del error.
En la verdad hay luz y poder divinos. Las palabras claras y sencillas de la verdad nos conmueven el alma; si realmente las escuchamos, si andamos en las vías de la verdad de acuerdo con las leyes de Dios, las palabras de la verdad nos acercan al Señor Jesucristo [véase Doctrina y Convenios 84:45–47]. Podemos venir a Él y concertar convenios sagrados con Él. Si somos fieles a esos convenios, el Señor nos santificará por medio de Su verdad [véase Juan 17:17]. Conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres [véase Juan 8:31–32].
Si seguimos andando en la verdad, el Espíritu Santo —“el Espíritu de verdad” [Juan 15:26]— será nuestro compañero. La verdad estará en nosotros, en nuestro corazón y en nuestra mente, en nuestro carácter y en nuestro ser, y abundará en nosotros [véase Doctrina y Convenios 88:66], y se hará “más y más resplandeciente hasta el día perfecto” [Doctrina y Convenios 50:24].
Siempre hay un camino de regreso
Siempre hay un camino de regreso: Jesucristo (y Su Evangelio) es el camino. Ustedes no han cometido ningún pecado tan grave como para estar más allá del alcance del amor y la gracia expiatoria del Salvador. A medida que adopten medidas para arrepentirse y seguir las leyes de Dios, ¡comenzarán a sentir lo mucho que el Padre Celestial y Su Amado Hijo quieren que regresen con Ellos! Ellos quieren que ustedes sean felices y harán todo lo que esté a Su alcance, que no infrinja el albedrío de ustedes ni las leyes de Ellos, para ayudarlos a regresar.
Les prometo que si viven de acuerdo con las leyes de Dios, serán cada vez más libres
Cuando las leyes de Dios se obedecen, ¡siempre se reciben las bendiciones pertinentes! Las bendiciones siempre se basan en la obediencia a la ley correspondiente [véase Doctrina y Convenios 130:20–21]. […]
Los engaños de Satanás solo los conducirán a la miseria, al cautiverio espiritual y a la muerte [véase 2 Nefi 2:27]. Esto es cierto en todos los casos. Las tristes consecuencias de ceder a los señuelos de Lucifer son predecibles, confiables, repetibles y lamentables.
Por el contrario, les prometo que si guardan los mandamientos de Dios, si viven según Sus leyes, serán cada vez más libres. Esa libertad les revelará su naturaleza divina y les permitirá prosperar personalmente. Se verán libres de la esclavitud del pecado; serán libres para ser ustedes mismos: líderes eficaces y rectos. Estarán preparados para dirigir por precepto y por ejemplo donde se los necesite. Afortunadamente, las bendiciones de guardar los mandamientos de Dios también son predecibles, confiables y repetibles.
Videos
Discursos relacionados
¿Cuál es la verdad? (Conferencia General de octubre de 2022)
“El amor y las leyes de Dios” (devocional en la Universidad Brigham Young, 17 de septiembre de 2019)
“Los profetas, el liderazgo y la ley divina” (devocional mundial para jóvenes adultos, 8 de enero de 2017)
Truth… and More (devocional en la Universidad Brigham Young, 1 de agosto de 1985; solo audio)