Enseñanzas de los Presidentes
Capítulo 1: El plan de felicidad del Padre Celestial


“Capítulo 1: El plan de felicidad del Padre Celestial”, Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Russell M. Nelson, 2023

“Capítulo 1”, Enseñanzas: Russell M. Nelson

una madre, un padre y una niña caminando al aire libre

Capítulo 1

El plan de felicidad del Padre Celestial

Dios vive. Él es nuestro Padre y nos ama, y quiere que seamos felices. Puesto que nos ama, quiere que nos preparemos bien ahora para cuando regresemos a Él. ¿Pueden imaginar algo más gozoso que ese regreso a casa?

De la vida de Russell M. Nelson

Pocos días antes de que el presidente Russell M. Nelson fuera apartado como Presidente de la Iglesia, un periodista entrevistó al presidente M. Russell Ballard, quien explicó lo que el mundo podía esperar del liderazgo y las enseñanzas de su amigo:

“El presidente Nelson es un discípulo total de Jesucristo y defenderá el plan de felicidad en un mundo que hoy se está desmoronando. Defenderá lo que Dios ha revelado. Él entiende que hay reglas, mandamientos y alguna doctrina que tenemos que aceptar y acatar. La vida no es lo que todos queremos que sea, y el presidente Nelson enseñará eso y se aferrará a ello”.

A lo largo de su ministerio, el presidente Nelson ha testificado del plan de felicidad de Dios. Ha enseñado que es un “fabuloso plan” que “satisface los deseos más profundos del alma humana” y nos prepara para un gozoso regreso a casa con nuestro amoroso Padre Celestial.

Enseñanzas de Russell M. Nelson

La Creación, la Caída y la Expiación del Salvador son pilares del plan de Dios

Hace mucho tiempo se convocó un concilio en los cielos en el que participamos. Allí nuestro Padre Celestial anunció Su plan divino [véase Abraham 3:22–27], al cual también se lo llama el plan de felicidad, el Plan de Salvación, el plan de redención, el plan de restauración, el plan de misericordia, el plan de liberación y el Evangelio sempiterno. El propósito del plan es proporcionar la oportunidad de que los hijos de Dios procreados en espíritu progresen hacia una exaltación eterna.

La esencia habilitadora de ese plan es la Expiación de Jesucristo. Ya que es crucial en el plan, hemos de tratar de comprender el significado de la Expiación; sin embargo, antes de que podamos entenderlo, debemos comprender la caída de Adán; y antes de poder comprender plenamente la Caída, debemos primero comprender la Creación. Estos tres acontecimientos —la Creación, la Caída y la Expiación— son tres pilares principales del plan de Dios y se hallan interrelacionados doctrinalmente.

18:18

La Creación

La creación de la tierra fue una parte preparatoria del plan de nuestro Padre. Después, “los Dioses descendieron para organizar al hombre a su propia imagen […], para formarlos varón y hembra.

“Y dijeron los Dioses: Los bendeciremos” [Abraham 4:27–28]. Y ciertamente nos bendijeron, con un plan que nos daría nuestro propio cuerpo físico.

Adán y Eva fueron las primeras personas que vivieron sobre la tierra [véase 1 Nefi 5:11], y eran diferentes de la vida vegetal y animal que se había creado anteriormente. Adán y Eva eran hijos de Dios, y sus cuerpos de carne y huesos habían sido hechos a la imagen misma de Dios. En ese estado de inocencia, aún no eran mortales. No podrían haber tenido hijos, no estaban sujetos a la muerte y podrían haber vivido en el jardín de Edén para siempre [véanse 2 Nefi 2:22–23; Moisés 5:11]. Por lo tanto, podríamos hablar de la Creación en términos de una creación paradisíaca.

Si ese estado hubiera persistido, ustedes y yo todavía estaríamos varados entre las huestes celestiales como hijos e hijas de Dios aún no nacidos [véanse Doctrina y Convenios 38:1; Abraham 3:22-23]. “Se habría frustrado el gran plan de [felicidad]” (Alma 42:5).

18:18

La Caída

Eso nos lleva a la caída de Adán. Para llevar a buen término el plan de felicidad, Dios dio a Adán y a Eva el primer mandamiento que se dio a la humanidad: el mandamiento de engendrar hijos. Se les explicó una ley: si comían del “árbol de la ciencia del bien y del mal” [Génesis 2:17], sus cuerpos cambiarían; quedarían sujetos al estado terrenal y, con el tiempo, a la muerte. Pero el comer de ese fruto era un requisito previo para ser padres.

Aunque no entiendo completamente toda la bioquímica que eso conlleva, sí sé que sus cuerpos físicos cambiaron: la sangre comenzó a circular por su cuerpo y Adán y Eva se convirtieron en seres mortales. Felizmente para nosotros, también pudieron engendrar hijos y cumplir el propósito por el cual el mundo había sido creado. Y felizmente para ellos, “el Señor le [dijo a Adán y a Eva]: He aquí, te he perdonado tu transgresión en el Jardín de Edén” (Moisés 6:53). Nosotros y toda la humanidad hemos sido bendecidos para siempre gracias al gran valor y sabiduría de Eva. Al ser la primera en comer del fruto, hizo lo que debía hacerse; y Adán fue lo suficientemente prudente como para hacer lo mismo. Por lo tanto, podríamos referirnos a la caída de Adán diciendo que fue una creación mortal, porque “Adán cayó para que los hombres existiesen” [2 Nefi 2:25].

Por medio de la Caída también obtuvimos otras bendiciones: esta puso en vigencia dos dones de Dios que están estrechamente relacionados y que son casi tan preciados como la vida misma: el albedrío y la responsabilidad Nos volvimos “libres para escoger la libertad y la vida eterna […], o escoger la cautividad y la muerte” [2 Nefi 2:27]. La libertad de elección no puede ejercerse sin rendir cuentas por las decisiones que se tomen.

18:18

La Expiación

Luego llegamos al tercer pilar del plan de Dios: la Expiación. […] Era necesaria una Expiación infinita que redimiera a Adán y a Eva y a toda su posteridad. Esa Expiación debía también habilitar nuestro cuerpo físico para la resurrección y cambiarlo a una condición en la que no tuviera sangre ni estuviera sujeto a las enfermedades, el deterioro ni la muerte.

De acuerdo con la ley eterna, la Expiación exigía que un Ser inmortal, no sujeto a la muerte, se ofreciera en sacrificio; pero también debía morir y volver a tomar Su cuerpo. El Salvador era el único que podía llevar esto a cabo, pues había heredado de Su madre la facultad de morir y de Su Padre obtuvo poder sobre la muerte [véase Juan 10:17–18]. […]

El Señor declaró: “Esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Él, que había creado la tierra, vino a esta vida terrenal para cumplir la voluntad de Su Padre y todas las profecías sobre Su Expiación, la cual redime a todas las almas del castigo de sus transgresiones, con la condición de que se arrepientan.

Por lo tanto, podríamos referirnos a la Expiación diciendo que fue una creación inmortal. “Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” [1 Corintios 15:22].

Pregunta para el estudio

La Creación, la Caída y la Expiación de Jesucristo tienen propósitos singulares en el plan del Padre Celestial. ¿De qué maneras se han beneficiado ustedes de cada uno de esos propósitos?

La familia es fundamental en el plan de Dios para el destino eterno de Sus hijos

Los propósitos de la Creación, de la Caída y de la Expiación se centran en la obra sagrada que se realiza en los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La tierra se creó y la Iglesia se restauró para hacer posible que una esposa fuera sellada a su esposo, los hijos a sus padres y las familias a sus progenitores, por los siglos de los siglos.

La familia es la unidad más importante de la sociedad y de la Iglesia. La familia es ordenada por Dios y es fundamental en Su plan para el destino eterno de Sus hijos. “Dios ha establecido familias para llevar la felicidad a Sus hijos, permitirles aprender principios correctos en un entorno de amor y prepararlos para la vida eterna”.

Bajo el gran plan de felicidad de Dios, las familias pueden sellarse en los templos y prepararse para regresar a morar en Su santa presencia para siempre. ¡Eso es la vida eterna! Satisface los deseos más profundos del alma humana: el anhelo natural de una asociación sin fin con los queridos miembros de la familia de uno.

Muchas personas recorren el trayecto de la vida sin compañeros. A ellas también las necesitan sus familias a ambos lados del velo. Habrá otros que nunca puedan asistir a un templo durante su vida terrenal. El consuelo que reciben los fieles proviene del conocimiento de que, a los que aman al Señor y se esfuerzan con fervor por obedecer Sus mandamientos, no se los privará de ninguna bendición. Seremos juzgados por nuestras obras y por los deseos de nuestro corazón, y se hará en el tiempo y de acuerdo con la manera misericordiosa del Señor [véanse 2 Nefi 9:41; Alma 41:3; Doctrina y Convenios 137:9].

Pregunta para el estudio

¿De qué manera las experiencias familiares —tanto las positivas como las negativas— los están preparando para la vida eterna?

Dios es el Padre de nuestros espíritus y vivíamos con Él antes de nacer

Dios es el Padre de nuestros espíritus [véase Hechos 12:27-29]. Él tiene un cuerpo glorificado y perfecto de carne y huesos. Vivíamos con Él en los cielos antes de que naciéramos [véase Jeremías 1:4–5].

El Señor, en Su sabiduría, ha reservado a cada uno de ustedes —sin importar su edad— para venir a la tierra en este tiempo crucial. En la vida preterrenal, ustedes demostraron una fortaleza, convicción y fe en Jesucristo inusuales. Cuando Satanás peleó contra el Padre y el Hijo, ustedes defendieron la causa de Cristo y la importancia del albedrío.

Su Padre Celestial los ha conocido por mucho tiempo. Ustedes, como Sus hijos o hijas, fueron escogidos por Él para venir a la tierra precisamente en esta época, para ser líderes en Su gran obra sobre la tierra [véase Alma 13:2–3]. Se los escogió, no por sus características corporales, sino por sus atributos espirituales, tales como la valentía, la intrepidez, la integridad de corazón, la sed de la verdad, el hambre de sabiduría y el deseo de servir a los demás.

Ustedes cultivaron algunos de esos atributos en la vida premortal. Los demás los pueden cultivar aquí en la tierra a medida que los procuren con persistencia [véanse 1 Corintios 12; 14:1–12; Alma 5:14; Doctrina y Convenios 4:6].

Pregunta para el estudio

¿De qué manera influye el conocimiento que tienen de su vida preterrenal con el Padre Celestial en lo que sienten acerca de su vida en la tierra?

El gozo llega en esta vida cuando escogemos vivir en armonía con el plan eterno de Dios

Antes de nacer, moramos con nuestro Padre Celestial como Sus hijos procreados en espíritu; allí, esperamos ansiosamente la posibilidad de venir a la tierra y obtener un cuerpo físico.

En este mundo donde abunda el sufrimiento, estamos realmente agradecidos por el “gran plan de felicidad” [Alma 42:8] de Dios. En Su plan se declara que el hombre y la mujer existen “para que tengan gozo” [2 Nefi 2:25]; y ese gozo llega cuando escogemos vivir en armonía con el plan eterno de Dios.

He aprendido que el plan del Padre Celestial para nosotros es fabuloso, que lo que hacemos en esta vida importa de verdad y que la Expiación del Salvador es lo que hace posible el plan de nuestro Padre [véase Juan 6:38]. […]

19:15

Gracias a la Expiación infinita de Jesucristo, ¡el plan de nuestro Padre Celestial es un plan perfecto! La comprensión del fabuloso plan de Dios elimina el misterio de la vida y la incertidumbre de nuestro futuro; permite que cada uno de nosotros elija cómo vivirá aquí en la tierra y dónde vivirá para siempre. El concepto infundado de que deberíamos “come[r], bebe[r] y divert[irn]os, porque mañana moriremos; y nos irá bien”[2 Nefi 28:7] es una de las mentiras más absurdas del universo.

Esta es la gran noticia del plan de Dios: ¡esas mismas cosas que harán de su vida terrenal la mejor vida posible son exactamente las mismas cosas que harán de su vida, durante toda la eternidad, la mejor vida posible!.

Podría resultar más fácil arrepentirse y progresar espiritualmente aquí, mientras nuestro espíritu está unido a nuestro cuerpo, que en el mundo venidero, en el período que transcurre entre la muerte y la resurrección. Tal como Amulek enseñó a los zoramitas apóstatas: “Esta vida es cuando […] [hay que] prepararse para comparecer ante Dios” (véase Alma 34:32–35).

Preguntas para el estudio

¿Qué aspectos del plan del Padre Celestial “elimina[n] el misterio de la vida y la incertidumbre de nuestro futuro”? ¿Qué le dirían a alguien que esté teniendo dificultades para hallar gozo durante su vida terrenal?

Para regresar a nuestro hogar celestial debemos pasar a través de las puertas de la muerte

Antes de embarcarnos en un viaje, nos gusta asegurarnos de tener un boleto de ida y vuelta. El regreso a nuestro hogar celestial nos exige pasar a través —no alrededor— de las puertas de la muerte.

La muerte es un componente necesario de nuestra existencia eterna. Nadie sabe cuándo va a venir, pero es esencial en el gran plan de felicidad de Dios [véase Alma 42:8–9. […]

Hermanos y hermanas, vivimos para morir y morimos para vivir, en otra esfera. Si estamos bien preparados, la muerte no infunde terror. Desde una perspectiva eterna, la muerte es prematura solo para los que no estén preparados para comparecer ante Dios.

Preguntas para el estudio

¿Cuál es el propósito de la muerte en el plan del Padre Celestial? ¿Cómo explicarían el propósito de la muerte a un amigo o a un ser querido?

El plan de Dios es justo y permite el arrepentimiento y las ordenanzas tanto para los vivos como para los muertos

El plan de Dios es justo. Incluso aquellos “que han muerto sin el conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido permanecer, serán herederos del reino celestial de Dios” [Doctrina y Convenios 137:7]. Su plan también es misericordioso; Él “juzgar[á] a todos los hombres según sus obras, según el deseo de sus corazones” [Doctrina y Convenios 137:9].

14:34

Cada persona viva puede arrepentirse, pero ¿qué sucede con aquellos que han muerto? Ellos también tienen oportunidad de arrepentirse. En las Escrituras se declara que “los fieles élderes de esta dispensación, cuando salen de la vida terrenal, continúan sus obras en la predicación del evangelio de arrepentimiento […] entre aquellos que están […] bajo la servidumbre del pecado en el gran mundo de los espíritus de los muertos.

“Los muertos que se arrepientan serán redimidos, mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios,

“y después que hayan padecido el castigo por sus transgresiones, y sean lavados y purificados, recibirán una recompensa según sus obras” [ véase Doctrina y Convenios 138:57–59].

Efectuamos ordenanzas en el templo como representantes de aquellos que viven al otro lado del velo. En pocas palabras: efectuamos su obra como una ofrenda vicaria, y ellos deciden aceptarla o rechazarla. ¿No es maravilloso? A los que mueren sin la oportunidad de escuchar el Evangelio no se les niegan las bendiciones que podrían haber recibido de haberlo escuchado.

Pregunta para el estudio

¿Qué les enseña la doctrina de la salvación de los muertos acerca de la naturaleza y los atributos del Padre Celestial?

Después de la resurrección y el Juicio, se les asignará su hogar sempiterno

16:30

Algún día ustedes (y yo) moriremos, resucitaremos, seremos juzgados y se nos dará un lugar en los reinos eternos. Con cada puesta de sol, ustedes se acercan más a ese inevitable día del juicio, donde se les pedirá que rindan cuentas de su fe, sus esperanzas y sus obras. […]

Gracias a la resurrección, su cuerpo físico será restaurado en toda su perfección [véanse Alma 11:43; 40:23]. El día en que resuciten será un día de juicio que determinará el tipo de vida que ustedes disfrutarán en el más allá.

Ese juicio no solo considerará sus obras, sino las intenciones y los deseos más profundos de su corazón. Estarán presentes los pensamientos que alberguen en el diario vivir. Las Escrituras hablan de un “vivo recuerdo” (Alma 11:43) y de un “recuerdo perfecto” (Alma 5:18) que su mente expondrá en el momento del juicio divino.

Después de la resurrección y del juicio, se les asignará a su hogar eterno en los cielos. Las revelaciones comparan la gloria de esas moradas con los diferentes grados de luz de los cuerpos celestiales.

14:35

Pablo hizo referencia a los tres grados de gloria después de esta vida, cuando enseñó que “una es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra gloria de las estrellas” [1 Corintios 15:41]. Otro testigo de las Escrituras ha aclarado esa vislumbre de la gloria posmortal. El Señor reveló que “la gloria de lo celestial es una, así como la gloria del sol es una.

“Y la gloria de lo terrestre es una, así como es una la gloria de la luna.

“Y la gloria de lo telestial es una, así como la gloria de las estrellas es una” [Doctrina y Convenios 76:96–98].

El más alto de esos reinos, el celestial, está reservado para aquellos que obedecen la ley de ese reino:

“Y aquellos que no son santificados por la ley […] de Cristo, deberán heredar otro reino, ya sea un reino terrestre o un reino telestial.

Porque el que no es capaz de obedecer la ley de un reino celestial, no puede soportar una gloria celestial” [Doctrina y Convenios 88:21–22].

Cada uno de nosotros será juzgado de acuerdo con sus obras y con los deseos de su corazón [véase Doctrina y Convenios 137:9]. A nadie se le requerirá pagar la deuda de otra persona; tampoco se dejará a la casualidad el hecho de que vayamos al Reino Celestial, al Terrestre o al Telestial. El Señor ha prescrito ciertos requisitos inalterables para cada uno de nosotros. Podemos averiguar lo que enseñan al respecto las Escrituras y ajustar nuestra vida a ese modelo [véase Doctrina y Convenios 76:50–119].

Preguntas para el estudio

¿Qué clase de persona deben llegar a ser para recibir la gloria celestial con el Padre Celestial? ¿Cómo los está ayudando Él a llegar a ser ese tipo de persona?

Hagan del Reino Celestial su meta eterna

En mi primer mensaje como Presidente de la Iglesia, los alenté a comenzar con el fin en mente. Esto significa hacer del Reino Celestial su meta eterna y luego pensar detenidamente a dónde los llevará en el mundo venidero cada una de las decisiones que tomen mientras estén aquí en la tierra [véase Mosíah 4:30]. […]

Cuando tomen decisiones, los invito a adoptar una perspectiva a largo plazo: una perspectiva eterna. Pongan a Jesucristo en primer lugar porque su vida eterna depende de su fe en Él y en Su Expiación [véanse 2 Nefi 2:6–8, 27; Moroni 7:41], y depende también de su obediencia a Sus leyes. La obediencia les prepara el camino para una vida de gozo hoy en día y para una gran y eterna recompensa mañana.

Dios vive. Él es nuestro Padre y nos ama, y quiere que seamos felices. Puesto que nos ama, quiere que nos preparemos bien ahora para cuando regresemos a Él. ¿Pueden imaginar algo más gozoso que ese regreso a casa? Ciertamente será glorioso para aquellos que se hayan hecho merecedores de las bendiciones de la vida eterna.

Pregunta para el estudio

¿Qué experiencias han tenido en las que una “perspectiva eterna” marcó la diferencia en una decisión que tomaron?

Invitaciones y promesas

Ustedes desarrollaron atributos espirituales en la vida preterrenal, y pueden desarrollar otros atributos ahora

Su Padre Celestial los ha conocido por mucho tiempo. Ustedes, como Sus hijos o hijas, fueron escogidos por Él para venir a la tierra precisamente en esta época, para ser líderes en Su gran obra sobre la tierra [véase Alma 13:2–3]. Se los escogió, no por sus características corporales, sino por sus atributos espirituales, tales como la valentía, la intrepidez, la integridad de corazón, la sed de la verdad, el hambre de sabiduría y el deseo de servir a los demás.

Ustedes cultivaron algunos de esos atributos en la vida premortal. Los demás los pueden cultivar aquí en la tierra a medida que los procuren con persistencia [véanse 1 Corintios 12; 14:1–12; Alma 5:14; Doctrina y Convenios 4:6].

El gozo llega cuando escogemos vivir en armonía con el plan eterno de Dios

En este mundo donde abunda el sufrimiento, estamos realmente agradecidos por el “gran plan de felicidad” [Alma 42:8] de Dios. En Su plan se declara que el hombre y la mujer existen “para que tengan gozo” [2 Nefi 2:25]; y ese gozo llega cuando escogemos vivir en armonía con el plan eterno de Dios.

Esta es la gran noticia del plan de Dios: ¡esas mismas cosas que harán de su vida terrenal la mejor vida posible son exactamente las mismas cosas que harán de su vida, durante toda la eternidad, la mejor vida posible!.

Cuando tomen decisiones, los invito a adoptar una perspectiva a largo plazo: una perspectiva eterna

Cuando tomen decisiones, los invito a adoptar una perspectiva a largo plazo: una perspectiva eterna. Pongan a Jesucristo en primer lugar porque su vida eterna depende de su fe en Él y en Su Expiación [véanse 2 Nefi 2:6–8, 27; Moroni 7:41], y depende también de su obediencia a Sus leyes. La obediencia les prepara el camino para una vida de gozo hoy en día y para una gran y eterna recompensa mañana.

Hagan del Reino Celestial su meta eterna

En mi primer mensaje como Presidente de la Iglesia, los alenté a comenzar con el fin en mente. Esto significa hacer del Reino Celestial su meta eterna y luego pensar detenidamente a dónde los llevará en el mundo venidero cada una de las decisiones que tomen mientras estén aquí en la tierra [véase Mosíah 4:30].

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