2024
Venir y ver
Septiembre de 2024


Mensaje de la Presidencia de Área

Venir y ver

En Predicad Mi Evangelio, se nos invita a “procur[ar] fortalecer [nuestra] fe en que Dios está preparando a Sus hijos para recibir el mensaje de la Restauración [del Evangelio]. Al hacer todo lo posible, con la guía del Espíritu Santo, por encontrar personas para enseñar, el Señor pondrá a esas personas en [nuestro] camino”.

Nuestra parte en la obra es “invit[ar] a toda persona, dondequiera que se encuentre” (Introducción del Libro de Mormón) a experimentar por sí misma el amor y la bondad de Dios (véase Alma 32:27), ya sea a través de la lectura del Libro de Mormón, al participar de alguna actividad donde se ministre o al conocer más sobre el Salvador y Sus enseñanzas por medio de la enseñanza en las clases dominicales o a través de los misioneros.

El presidente Russell M. Nelson enseñó:

“Mis queridos jóvenes […], ciertamente estos son los últimos días, y el Señor está acelerando Su obra para recoger a Israel. Ese recogimiento es lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra. Nada se le compara en magnitud, nada se le compara en importancia, nada se le compara en majestad. Y si eligen hacerlo, si lo desean, pueden formar gran parte de él. Pueden formar parte de algo grandioso, algo espectacular, ¡algo majestuoso!”.

Al decidir ser parte del recogimiento de Israel, podemos experimentar “con [nuestros] propios ojos las cosas que [hemos] visto con el ojo de la fe” (Éter 12:19) e incrementar nuestra confianza en el infinito y perfecto amor que nuestro Padre Celestial tiene por cada uno de Sus hijos al presenciar uno de los milagros más poderosos que existe: ver un corazón cambiar.

Recuerdo una experiencia como director de Instituto de Religión, cuando se instó a los jóvenes a invitar a uno o más de sus amigos a una clase, para ser parte de este gran movimiento propuesto por nuestro amado profeta, de ayudar a recoger a Israel “uno a uno”. Muchos de ellos ganaron experiencias y bendiciones invaluables al ser valientes y seguir la voz del profeta. Una de estas experiencias la vivió una joven alumna que invitó a su compañera de la universidad, lo que generó una conversación genuina sobre la vida y el Evangelio verdadero de Jesucristo. Luego de esa primera instancia, ella continuó anhelando saber más, por lo que aceptó reunirse con las misioneras y conocer más sobre la Iglesia verdadera de nuestro Salvador. Gradualmente, esta joven decidió seguir a Cristo, transformar su vida y hacer los cambios necesarios que la llevaron al bautismo y a ser confirmada miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Desde ese crucial paso, ella ha seguido adelante perseverando en la senda de los convenios, y sellándose por el tiempo y la eternidad con su familia en un santo templo.

Una invitación sencilla, genuina y con amor puede cambiar una vida, una generación. Cada uno de nosotros es importante en la obra del Señor y el mejor lugar para comenzar es en nuestro propio hogar, vecindario, con nuestros compañeros de trabajo o círculo de amigos. Al hacerlo, permitimos que el Señor eleve nuestras vidas y nos brinde un gozo inconmensurable al trabajar junto a Él en Su viña. Tengamos presente “que el valor de las almas es grande a la vista de Dios” (D. y C.18:10).

Sabemos que no todos aceptarán este mensaje de salvación, sin embargo, al invitar a otros con espíritu de urgencia a “veni[r] y ve[r]” (Juan 1:39) les damos la oportunidad de aceptarlo o no, confiando en que el Señor pondrá en nuestro camino a quienes estén preparados para recibirlo, o bien, podamos plantar la semilla en su corazón para que la conversión al Evangelio germine más adelante en su vida. El élder Dieter F. Uchtdorf enseñó: “Su función es compartir lo que guardan en el corazón y vivir de forma consecuente con sus creencias. De modo que no se desanimen si alguien no acepta el mensaje del Evangelio de inmediato. No es un fracaso personal. Eso queda entre la persona y el Padre Celestial. Su función es amar a Dios y amar a su prójimo, es decir: Sus hijos. Crean, amen, hagan. Sigan ese camino, y Dios obrará milagros mediante ustedes para bendecir a Sus preciados hijos”.

Jesucristo dirige Su obra y sabe mejor que nadie cómo ejecutarla, pero necesita nuestras manos, nuestras voces para llevar Su Evangelio “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Alma 37:4). Ruego que todos podamos experimentar el gran gozo y las bendiciones que provienen de compartir el Evangelio restaurado.

Tengo la certeza del amor que Dios tiene por Sus hijos, somos hijos de un Padre Eterno que nos ama, nos conoce y nos espera de regreso. Tengo la firme convicción de que nuestros esfuerzos serán bendecidos al vivir nuestra fe y al permanecer activos y fieles en la senda de los convenios, las personas que el Señor colocará en nuestro camino verán nuestro gozo y querrán saber por qué somos felices. Este es el gran plan de felicidad y Jesucristo desea que todos sean bendecidos con Su Expiación, con las ordenanzas y el Plan de Salvación. No tengamos temor de compartir lo que sentimos, sabemos y hemos oído, de aquello que está en nuestro corazón y extendamos la invitación del Salvador: “Venid y ved”. Reitero y hago eco de las palabras de nuestro amado profeta, el presidente Russell M. Nelson: “El Señor está acelerando Su obra para recoger a Israel […]. Pueden formar parte de algo grandioso, algo espectacular, ¡algo majestuoso!”.

En el nombre de nuestro Salvador y Redentor Jesucristo, quien vive y ha hecho todo para que encontremos gozo en la senda de regreso a casa.

Notas

  1. Predicad Mi Evangelio, edición anterior, capítulo 9.

  2. Presidente Rusell M. Nelson, “Juventud de Israel”, devocional mundial para los jóvenes, 3 de junio de 2018.

  3. Dieter F. Uchtdorf, “La obra misional: Compartir lo que guardan en el corazón”, Conferencia General de abril de 2019.

  4. Presidente Rusell M. Nelson, “Juventud de Israel”, devocional mundial para los jóvenes, 3 de junio de 2018.