Conferencia General
Ante nuestros ojos
Conferencia General de abril de 2025


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Ante nuestros ojos

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está creciendo en miembros y familias; misiones y misioneros; centros de reuniones y templos.

Hermanos y hermanas, estoy muy agradecido por estar con ustedes. Los amamos, estamos agradecidos por ustedes, y nos sentimos bendecidos por sus oraciones.

El presidente Russell M. Nelson dijo en nuestra última conferencia: “¿Ven lo que está sucediendo ante nuestros ojos? ¡Ruego que no pasemos por alto la majestuosidad de este momento! El Señor ciertamente está apresurando Su obra”.

“Apresurando Su obra”: “apresurando” es una palabra importante; indica moverse rápidamente y acelerando, incluso con urgencia. Se produce un apresuramiento en el crecimiento de la Iglesia y del plan de Cristo y todos nosotros somos parte de ello.

En abril de 1834, en Kirtland, Ohio, el profeta José Smith reunió a todos los que poseían el sacerdocio en una pequeña escuela de unos 4,3 metros (14 pies) de lado. Cabrían decenas de escuelas así en este Centro de Conferencias y sobraría espacio. José Smith dijo: “Lo que ven aquí esta noche no es más que un grupo muy pequeño del sacerdocio, pero esta Iglesia llenará el norte y el sur de América; llenará el mundo”.

Aquella profecía se está cumpliendo “ante nuestros ojos”. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está creciendo en miembros y familias; en misiones y misioneros; en centros de reuniones y templos; y en inscripciones a nuestros Seminarios, Institutos y universidades en todo el mundo.

Estamos agradecidos de estar en la tierra cuando la Iglesia aumenta en números e influencia, pero sobre todo, en el corazón y en la vida de sus miembros. Se nos conoce como discípulos de Jesucristo. Compartimos nuestro testimonio de Él, de Su Iglesia, de Sus vías y de Su senda de los convenios. Somos Su pueblo y Él es nuestro Salvador.

Me maravilla lo que el presidente Nelson llama la “majestuosidad de este momento” y expreso profunda gratitud al Señor por Su obra. Nos insto a mantener la cabeza en alto como Sus discípulos, testigos oculares del cumplimiento de profecías, tanto antiguas como modernas.

Hay opositores que gritan: “¡He aquí y […] he allí!”, tal como lo hacían en la época del profeta José Smith. Sin embargo, no son ni serán más que meras notas al pie de página en esta noble obra. Recuerden las palabras de José Smith: “Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra: las persecuciones se encarnizarán […], mas la verdad de Dios seguirá adelante valerosa, noble e independientemente, hasta que haya penetrado en todo continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios y el gran Jehová diga que la obra está concluida”.

En mis asignaciones de este año, he tenido un asiento de primera fila al ver cómo el Señor está apresurando Su obra. La Iglesia está construyendo templos a un ritmo sin precedentes, dando a más miembros la oportunidad de adorar en la Casa del Señor. Segundo, la obra misional está recogiendo cantidades récord de personas en el rebaño del Buen Pastor, Jesucristo. Y tercero, la educación académica de la Iglesia en sus muchas modalidades llega a niveles récord al enseñar a quienes “busca[n] a este Jesús”.

Hoy en día, la Iglesia tiene 367 templos en diversas etapas de diseño, construcción o funcionamiento. ¿Y con qué propósito? La respuesta se proclama en cada templo: “Santidad al Señor”. El templo abre la puerta a las más elevadas bendiciones que nuestro Padre Celestial tiene para cada uno de nosotros. Hermanos y hermanas, apresuramos nuestra santidad al vivir dignos de entrar en el templo, al adorar en la Casa del Señor, y al hacer convenios con Dios por nosotros mismos y a favor de nuestros antepasados del otro lado del velo.

El presidente Nelson ha dicho: “Los ataques del adversario están creciendo de manera exponencial, en intensidad y en variedad. Nuestra necesidad de estar en el templo regularmente nunca ha sido mayor. Les ruego que, con espíritu de oración, observen la manera en que emplean su tiempo”. En Su casa, podemos sentir la sagrada presencia y la trascendente paz del Señor.

El élder y la hermanar Rasband en el Templo de Mendoza, Argentina

El año pasado, tuve el privilegio de presidir la dedicación del Templo de Mendoza, Argentina. En mi mensaje, hice referencia a la profecía de 1926 del élder Melvin J. Ballard de que la obra del Señor crecería en forma lenta por un tiempo en Sudamérica, “al igual que el roble crece lentamente de la bellota; no brotar[ía] en un solo día”, pero miles de personas se unirían a la Iglesia y las naciones de Sudamérica llegarían a ser “una potencia en la Iglesia”. Vi esa profecía cumplida ante mis ojos.

Mendoza, que alguna vez fue una pequeña bellota, se ha convertido en un poderoso roble. Ese crecimiento se está repitiendo a lo largo de los continentes e islas del mar.

Vemos al Señor apresurar Su obra en las misiones. En 2024, hubo 80 000 misioneros que sirvieron en 450 misiones. Treinta y seis de ellas son misiones nuevas. El año pasado, la obra misional trajo a más de 308 000 miembros nuevos a la Iglesia. Más que números, el espíritu del recogimiento es llevar almas a Jesucristo y Su Evangelio.

Pienso en los apóstoles Brigham Young y Heber C. Kimball, quienes en 1839 partieron como misioneros a las Islas Británicas. Estaban enfermos; dejaron a sus familias enfermas y en extrema pobreza. No obstante, los dos subieron a un carromato y, mientras aún estaban a la vista de sus seres queridos, Heber dijo: “Pongámonos de pie y démosles un saludo”. Ambos se levantaron con dificultad y exclamaron: “¡Hurra, hurra por Israel!”.

Reunión con misioneros en Lima, Perú

Vi ese mismo entusiasmo por la obra del Señor en Lima, Perú, cuando me reuní con misioneros del Centro de Capacitación Misional y de las misiones de Lima. ¡Vaya vista! Vi ese apresuramiento ante mis ojos. Ahora hay siete misiones tan solo en la ciudad de Lima.

Al final de nuestra reunión, los misioneros me tenían una sorpresa especial: Se levantaron y gritaron: “¡Hurra por Israel!”. Nunca olvidaré aquel momento; ojalá todos ustedes hubieran podido estar allí. Ante mis ojos había misioneros que habían dejado de lado “las cosas de este mundo” para servir al Señor y ayudar a apresurar Su venida.

Vemos que el Señor apresura las oportunidades educativas para nuestros miembros e incluso para los que no son de nuestra fe en todo el mundo. Una de las cosas que nos distingue como Iglesia es nuestro énfasis en la educación académica. En los primeros días de la Restauración, el Señor mandó “busca[r] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”. Aquello está sucediendo hoy en día y es digno de un resonante “¡hurra!”.

Actualmente, más de 800 000 alumnos en todo el mundo están inscritos en Seminario e Instituto, la más alta cantidad en la historia de la Iglesia. Nuestros jóvenes se reúnen de diversas maneras, desde clases matutinas, diurnas y vespertinas, hasta el estudio en línea y el supervisado. Son un batallón poderoso y recto, que se fortalecen unos a otros al aprender de Jesucristo, seguirlo y testificar de Él como el Hijo de Dios.

Hablando a alumnos de Seminario e Instituto

El otoño pasado, en un devocional, hablé a un estadio lleno de alumnos de Seminario e Instituto y sus padres, en la Universidad de Utah. Su asistencia decía mucho sobre su deseo de conocer y seguir a Jesucristo. Mi mensaje a aquellos alumnos fue claro: Dediquen al Señor la misma cantidad de tiempo. Les aconsejé que equilibraran sus estudios con el verdadero aprendizaje más elevado, sí, el estudio del “Hijo del Dios viviente”.

Hoy pido a todos lo mismo: Independientemente de lo que esté en su lista de pendientes, dediquen al Señor la misma cantidad de tiempo, no el tiempo sobrante, al estudio personal de las Escrituras, al estudio familiar de Ven, sígueme, a la oración, a los llamamientos de la Iglesia, a ministrar, a tomar la Santa Cena, a adorar en el templo y a meditar en las cosas de Dios. Nuestro Señor y Salvador ha dicho: “Aprended de mí […] y hallaréis descanso para vuestras almas”. Confíen en Su palabra y dedíquenle el mismo tiempo.

El presidente Russell M. Nelson ha dicho: “Les ruego que dejen que Dios prevalezca en su vida. Dedíquenle una buena parte de su tiempo y, conforme lo hagan, fíjense en lo que sucede con su ímpetu espiritual positivo”.

Vemos aumentar ese ímpetu en Seminarios, Institutos y universidades de la Iglesia. En esos contextos, el Señor es una prioridad y así también debería serlo en la vida de cada uno de nosotros.

Otra área que muestra el creciente alcance de la educación académica en la Iglesia es BYU–Pathway Worldwide. En todo el mundo, las inscripciones han superado las 75 000 y continúan aumentando rápidamente. La mayoría son miembros y más de un tercio están en África. Pathway consiste principalmente en el acceso a la educación. Terminar los cursos significa acceso al empleo, y el acceso al empleo significa una mejor vida para las familias y más oportunidades de servir al Señor.

Reunión con líderes de estaca en Uganda

Mientras me reunía con algunos líderes de estaca de Uganda, me enteré de que toda la presidencia de estaca estaba inscrita en BYU–Pathway. Cuanto más preparados estemos temporal y espiritualmente, más podremos frustrar los astutos ataques del adversario. Recuerden las palabras de Pedro: “El diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.

Reconozco que en medio de las buenas nuevas del Evangelio hay quienes tienen dificultades; que tienen desafíos de fe, dudas y preguntas que parecen no tener respuesta. Hermanos y hermanas, Jesucristo es la respuesta. Comiencen con Él; procuren ver la mano de Él en sus vidas; escúchenlo. “No se turbe vuestro corazón”, dijo Él en Sus últimas horas a Sus discípulos antes de Getsemaní, antes de cargar Su cruz por las calles de Jerusalén, antes del Gólgota, donde completó Su sacrificio expiatorio, lo que solo Él, el Hijo Unigénito de Dios, podía hacer.

Sepan que Él comprende; Él tomó sobre Sí todos nuestros pecados, errores, desdicha, y nuestros días muy malos para que pudiéramos vivir de nuevo con nuestro Padre Celestial en la eternidad. Él ha dicho: “Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis”. La fe en Jesucristo puede “anim[arlos]” y sanarles el alma herida. Confíen en Él y apresurarán su regreso a “los brazos de su amor”.

Recalco de nuevo las palabras de nuestro profeta viviente: “¿Ven lo que está sucediendo ante nuestros ojos? ¡Ruego que no pasemos por alto la majestuosidad de este momento! El Señor ciertamente está apresurando Su obra”. Ruego que nosotros como discípulos de nuestros días exclamemos: “¡Hurra por Israel!”, conforme nos preparamos para el regreso de nuestro Señor y Salvador. En el nombre de Jesucristo. Amén.