Compañeras de la Primaria
La Primaria fue más divertida cuando Lizzie ayudó a Abby.
“Sé ejemplo de los creyentes” (1 Timoteo 4:12).
Lizzie pensaba que muchas canciones de la Primaria eran aburridas. Le gustaban las que eran sobre Jesús, pero se sentía demasiado mayor para las canciones alegres. Por lo general, se encogía en su asiento y pronunciaba mal la letra,
pero ya no. Ahora Lizzie cantaba todas las canciones con tanta alegría como podía. Se sentaba erguida, cantaba en voz alta y se divertía.
Eso fue gracias a que ahora Abby se sentaba a su lado.
A principios de año, a Lizzie y a los demás niños de su clase los habían puesto en pares con los nuevos Rayitos de Sol. Tenían la tarea de ayudar a su nuevo compañero Rayito de Sol a sentirse más cómodo en la Primaria.
Abby era el Rayito de Sol que acompañaría a Lizzie. Se sentaban juntas en la Primaria y también cantaban juntas. Cada vez que se veían en la Iglesia, siempre se saludaban o abrazaban.
A Lizzie le encantaba ver a Abby todos los domingos, y sabía que a Abby le encantaba verla también. Abby la observaba mucho; cuando Lizzie cantaba en voz alta, Abby también lo hacía, y cuando Lizzie cruzaba los brazos y se sentaba con reverencia, Abby hacía lo mismo. Por eso, Lizzie quería ser siempre un buen ejemplo para ella.
Deseaba que a Abby le gustara la Primaria, que se divirtiera y se sintiera amada, y podrían aprender juntas sobre el Evangelio.
Abby y Lizzie se sentaban una al lado de la otra, como todos los domingos, pero hoy se encontraban en el estrado de la capilla con el resto de su Primaria, porque hoy era el programa de la Primaria.
Abby movía las piernas y sonrió a Lizzie.
“Ya es casi tu turno”, susurró Lizzie. Cada uno de los niños de la Primaria tenía una parte para decir en el programa. Los niños mayores, como Lizzie, leían partes más largas, y los más pequeños, como Abby, recitaban otras más cortas. Lizzie ayudó a Abby a aprender su parte.
“Recuerda, habla fuerte y claro para que todos te oigan”, le dijo Lizzie.
“Vienes conmigo, ¿verdad?”, dijo Abby. Parecía nerviosa.
“¡Por supuesto!”, dijo Lizzie. “Estaré a tu lado. ¡Lo vas a hacer muy bien!”.
Se pusieron de pie y cantaron una canción con el resto de los niños. Lizzie recordaba que antes no le gustaba estar en el programa de la Primaria, pero con Abby, ¡fue muy divertido!
A continuación, llegó el turno para que Abby hablara. Juntas, las dos niñas caminaron hasta el micrófono, y Lizzie ayudó a Abby a subirse a un pequeño taburete. Abby se quedó rígida; parecía muy asustada.
Lizzie la abrazó, le dio un pequeño apretón en el hombro y le susurró: “En mis oraciones…”
Abby respiró hondo. “En mis oraciones, le digo al Padre Celestial por lo que estoy agradecida”. Su voz sonó clara y con confianza.
Abby tenía una gran sonrisa, tomó la mano de Lizzie y bajó del taburete con un salto. Se sentaron mientras otros niños se acercaban al micrófono.
“¡Lo hiciste muy bien, Abby!”, dijo Lizzie.
“¿Hablé fuerte y claro?”, preguntó Abby.
“¡Fue perfecto!”, dijo Lizzie. “¡Seguro que podían oírte en la última fila!”.
Abby se movió con felicidad y se apoyó en Lizzie. Escucharon a otros niños decir por lo que estaban agradecidos.
“¿Lizzie?”, dijo Abby. Acercó a Lizzie para susurrarle al oído:
“¡Estoy agradecida por ti!”.
Lizzie sonrió, “¡yo también estoy agradecida por ti!”.