Devocionales de 2025
Mayordomos justos: Discípulos de Jesucristo


44:17

Mayordomos justos: Discípulos de Jesucristo

Devocional mundial para jóvenes adultos

4 de mayo de 2025

Queridos amigos de todo el mundo: ¡bienvenidos! Estoy encantada de tener esta oportunidad de estar con ustedes, de compartir mi amor y mis aspiraciones en cuanto a ustedes. Y lo que es más importante, espero que esta noche vivan una experiencia en la que sientan el amor de Dios y se sientan inspirados para alcanzar las más altas aspiraciones que Él tiene para ustedes.

Estamos aquí en el histórico Tabernáculo de la Manzana del Templo en Salt Lake City. La construcción de este gran edificio comenzó cien años antes de que yo naciera. Era una época en la que los materiales de construcción eran muy costosos en el territorio de Utah; no había ferrocarril para traer suministros y, aunque lo hubiera habido el dinero escaseaba. Pero los que trabajaban en esta gran estructura eran ingeniosos y reciclaban los materiales disponibles. Parte de la madera utilizada procedía de viviendas construidas con anterioridad; los clavos y las arandelas se forjaban usando las herraduras gastadas de los bueyes; y el yeso se mezclaba con pelo de animal para hacerlo más resistente. “Reconvertir”, “reutilizar” y “reciclar” eran las palabras de moda mucho antes de que pasaran a formar parte de nuestra lengua vernácula.

Mi tatarabuelo y mi trastatarabuelo, inmigrantes ingleses, trabajaron en la construcción de las enormes puertas de este tabernáculo. ¿Podrían haber imaginado alguna vez a su descendiente, una nieta, hablando desde este sitio histórico?

Hermanas y hermanos, ¿comprenden el impacto que ustedes podrían tener?

El mundo en el que vivimos está lleno de desafíos y ustedes son una generación de mujeres y hombres reservada para estos tiempos: tienen la capacidad, los atributos, el deseo y la oportunidad de recurrir al poder de Dios para afrontar esos retos y resolverlos. El potencial de ustedes es divino.

Creo en ustedes. Los profetas, videntes y reveladores expresan su confianza en ustedes. Dicho por ellos, es como si lo dijera el Señor mismo.

Por favor, no se rindan al intentar enfrentar las complejidades de esta época. ¡Los necesitamos!

Entiendo que es fácil verse envueltos en la negatividad, quedar atrapados en el aluvión constante de problemas de los que se informa en el mundo. Los conflictos armados, la política contenciosa, la represión, las catástrofes naturales, el sufrimiento humano… todo eso me deja prácticamente sin aliento. Puede que se sientan impotentes de aportar soluciones a largo plazo.

Con confianza declaro que, bendecidos con la fuerza y el poder de Dios que están a su disposición cuando hacen convenios con Él y los cumplen, pueden contrarrestar lo negativo y hacer brillar la luz en cada rincón de oscuridad.

“[Nosotros somos] la luz del mundo”, declaró el Salvador. Y “la luz se allega a la luz”. Dejar que brille la luz de nuestro discipulado en Jesucristo es la forma definitiva de energía renovable: energía de una fuente que se reabastece constantemente. Testifico que al llevar Su alivio y luz a los demás, encontramos nuestro propio alivio en Él.

Así que sean pacificadores en su propia casa, comunidad y en su presencia en línea. Alivien el sufrimiento en su propio vecindario.

El objetivo de Satanás es que se actúe sobre nosotros, en cambio, el plan de felicidad del Padre nos da la oportunidad de actuar, de ser agentes del bien, de la paz, de la esperanza.

Para contrarrestar la desinformación, podemos compartir información edificante, esperanzadora y correcta: convertirnos en defensores de la verdad en lugar de meros consumidores de información. Podemos responder a la negatividad inundando el mundo con la luz y las buenas nuevas del Evangelio de Jesucristo.

Como nuestro amado profeta, el presidente Russell M. Nelson, exclamó: “La respuesta siempre es Jesucristo”. “Sean cuales sean las preguntas o los problemas que tengan, la respuesta siempre se halla en la vida y las enseñanzas de Jesucristo”.

El presidente Nelson nos ha invitado a hacer de nuestro discipulado de Jesucristo nuestra “máxima prioridad”. Profundizamos nuestro discipulado cuando aprendemos de Jesucristo y acerca de Él. Así que exploremos las enseñanzas del Salvador.

El capítulo 25 de Mateo contiene tres parábolas, las últimas parábolas que Mateo registra son acerca de lo que el Salvador enseñó en Su ministerio terrenal. Al preparar mi reciente discurso de la conferencia general, y al prepararme para este devocional, el Espíritu me impulsó a volver a estos relatos y aprender de ellos.

Para nuestro propósito, deseo hacer hincapié en los aspectos de la preparación y la mayordomía de estas parábolas. El presidente Nelson nos ha invitado a hacer de este “el momento […] [en que] nos preparemos para la Segunda Venida de […] Jesús el Cristo”. Mayordomía es el manejo prudente y responsable de algo que se ha confiado a nuestro cuidado. En las labores de nuestra mayordomía, emulamos a Jesucristo. Así que escuchen las lecciones sobre la preparación y la mayordomía que podemos extraer de estos relatos.

En primer lugar, la parábola de las diez vírgenes: cinco prudentes y cinco que fueron descritas como insensatas.

En la parábola, las diez vírgenes estaban en el lugar correcto, esperando al novio. Cada una de ellas tenía una lámpara. Así es con todos ustedes: están aquí, ejercitando su fe y edificando su testimonio.

Cuando el novio, que representa al Salvador, llegó a la inesperada hora de la medianoche, cinco de las vírgenes no tenían suficiente aceite para sus lámparas. Quizás no hayan pensado que tener aceite extra fuera importante o necesario, o no hayan sido mayordomas prudentes del aceite que tenían. Tal vez distraídas, no se prepararon adecuadamente para mantener encendidas sus lámparas.

Y así, en respuesta a su petición de que se les permitiera entrar en la cena de bodas, el novio respondió: “No me conocéis”. Eso implicaba que, a través de su preparación y sabia mayordomía, las cinco vírgenes prudentes  lo conocían.

El preciado aceite, que representa la conversión personal, permitió a las vírgenes prudentes encender sus lámparas y entrar al banquete de bodas con el novio. No podían compartir el aceite con sus amigas, porque la conversión personal es precisamente eso: personal. Podemos y debemos sostener la luz de nuestras lámparas en alto para elevar y fortalecer a los demás, pero cada uno de nosotros es mayordomo de su propia conversión.

Como lo expresó el Salvador: “Sed fieles, orando siempre, llevando arregladas y encendidas vuestras lámparas, y una provisión de aceite, a fin de que estéis listos a la venida del Esposo”.

De la misma manera, llegaremos a conocer al Salvador y “tener confianza en acercarnos a Dios ahora mismo cuando nos preparemos para mantener nuestras lámparas llenas del aceite de la conversión y luego dejemos que brille la luz de esa conversión. Y, como muestra la magnífica escultura de la Manzana del Templo, al hacerlo podemos y debemos apoyar y fortalecer a los demás, invitándolos a venir a la luz: la Luz del mundo, Jesucristo.

La segunda parábola narrada por Mateo es la de los talentos. En esa historia, el señor, en previsión de que viajaría lejos, dio talentos a tres de sus siervos. En tiempos del Nuevo Testamento, un talento representaba dinero, pero espero que piensen en los talentos como los dones, habilidades y bendiciones que nos da nuestro Padre Celestial. A un siervo el señor le dio cinco talentos; a otro, dos y a otro, uno. Y entonces el señor emprendió su viaje.

Cuando regresó, descubrió que los siervos a los que les había dado cinco talentos y dos talentos habían sido mayordomos fieles y provechosos y habían hecho buen uso de los talentos. Cada uno había duplicado los talentos que se le habían confiado. Y habiendo sido fieles sobre poco, el señor les dio más, exclamando: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.

Por el contrario, el siervo al que se le había dado un talento enterró el suyo, tal vez porque se distrajo y postergó hacer un buen uso de su talento. O tal vez se sentía frustrado por no saber cómo empezar, o temía fracasar. Quizás se comparó con los demás siervos y sus dudas sobre su propia capacidad le impidieron intentarlo. No se preparó para el regreso del señor, no experimentó el gozo de la mayordomía fiel y perdió su talento.

La parábola de las diez vírgenes y la parábola de los talentos son parábolas paralelas. Ambas recalcan que tenemos responsabilidad personal por nuestra propia conversión y debemos prepararnos para recibir el don de la exaltación del Señor, y que tenemos una mayordomía y responsabilidad personal por aquello con lo que hemos sido bendecidos.

Finalmente, Mateo 25 relata la historia de aquellos que tienen “confianza ante Dios”. Descritos como las ovejas del Buen Pastor, que se encuentran a Su diestra disfrutando del banquete de bodas con Él y son bendecidos para ser gobernantes sobre muchas cosas, dijo:

“Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí”.

Este video lo expresa maravillosamente.

[video (subtítulos)]

“Jesús nos mostró cómo amar al prójimo. Nosotros seguimos su ejemplo cuando levantamos al cansado, nutrimos a los niños, consolamos a quienes nos rodean, damos de comer al hambriento, buscamos a los necesitados. Cada día es una oportunidad para ser como Él, servir como Él, cuidar de otros como Él. Cada día, , cuidar de otros comienza por ti. Visita CaringSummary.ChurchofJesusChrist.org”.

[Fin del video]

Eso es lo que se espera de nosotros. Como discípulos Suyos, nos preparamos para Su Segunda Venida y ejercemos de forma fiel y provechosa la mayordomía sobre aquello con lo que hemos sido bendecidos. La compasión, la caridad, la virtud y la fiel mayordomía nos califican para vivir con Él y tener confianza ante Dios ahora. Como enseñó Mormón, a aquellos que estén llenos de caridad —el amor puro de Cristo— “le[s] irá bien” en el postrer día. Serán como el Salvador, lo verán tal como Él es y estarán llenos de esperanza y purificados tal como Él es puro. El presidente Nelson ha declarado: “¡La caridad y la virtud hacen posible que tengamos confianza en Dios!”.

Las tres parábolas enseñan cómo Sus discípulos —cómo nosotros— debemos prepararnos para los tiempos peligrosos que preceden a la Segunda Venida del Salvador. ¡Esos son los tiempos en los que vivimos! Debemos mantener encendidas las lámparas de nuestra conversión; dejar que brille nuestra luz; utilizar y ampliar nuestros talentos; cuidar de los necesitados, es decir, tener caridad, el amor puro de Cristo.

Estas tres parábolas nos enseñan en cuanto a la mayordomía:

La mayordomía sobre nuestra propia conversión.

La mayordomía sobre los dones, talentos, bienes y ayuda con los que hemos sido bendecidos, incluida la propia tierra.

La mayordomía sobre nuestro prójimo hambriento, sin hogar, herido y cansado.

Como discípulos de Jesucristo, ¿cómo practicamos la buena mayordomía?

Tal vez sea útil un análisis más profundo de la mayordomía. Primero definamos la mayordomía. ¿Qué es un mayordomo?

Un mayordomo administra los bienes de una familia o de un patrimonio. El mayordomo no es el propietario de los bienes, sino que se le confía su gestión en nombre del propietario. Un mayordomo provechoso es fiel al propietario de los bienes y cuida de los recursos con sabiduría y generosidad. La mayordomía, por tanto, consiste en gestionar con prudencia y responsabilidad los bienes que se nos confían.

El obispo Gérald Caussé, del Obispado Presidente, enseñó lo que significa ser un mayordomo terrenal. Él dijo: “En términos del Evangelio, la palabra mayordomía designa una responsabilidad sagrada espiritual o temporal de cuidar algo que pertenece a Dios, y de lo que nosotros somos responsables”.

¡Piensen en lo grandioso que es esto! Somos los mayordomos de los bienes que nuestro Padre Celestial nos ha confiado. Se trata de un deber sagrado para con la tierra; sus recursos; Sus hijos; nuestros dones, talentos y bendiciones. Y es una responsabilidad sagrada tratar Sus bienes con cuidado.

¿Sobre qué o quiénes tienen ustedes la mayordomía?

En realidad, sobre todas las creaciones de Dios en esta tierra. Tienen la mayordomía sobre su propio cuerpo y mente. Tienen la mayordomía sobre las habilidades, talentos, dones espirituales y la ayuda con los que han sido bendecidos. Tienen la mayordomía sobre la tierra. Y tienen la mayordomía del uno por el otro.

El obispo Caussé explicó: “Nuestra mayordomía de las creaciones de Dios incluye, en su grado supremo, el deber sagrado de amar, respetar y cuidar de todos los seres humanos con los que compartimos la tierra; ellos son hijos e hijas de Dios, nuestros hermanos y hermanas, y su felicidad eterna es el propósito mismo de la obra de la Creación”.

¿Serán ustedes mayordomos provechosos? Es decir, ¿cuidarán de las creaciones de Dios con sabiduría y generosidad?

Me gustaría afinar nuestro enfoque en cuanto a la mayordomía sobre los dones y talentos con los que hemos sido bendecidos, nuestra mayordomía sobre la tierra y sobre nuestro prójimo. Recuerden, la mayordomía recta es evidencia de nuestro discipulado.

En primer lugar, la mayordomía sobre nuestros dones y talentos.

En Doctrina y Convenios 46:11–12 aprendemos esta verdad:

“Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios.

“A algunos les es dado uno y a otros otro, para que así todos se beneficien”.

Nuestros dones espirituales son las capacidades que Dios nos da a cada uno de nosotros. Son dados de acuerdo con Su voluntad y tiempo, a través del poder del Espíritu Santo, y están destinados a la bendición y beneficio de todos los hijos de Dios.

Los mayordomos fieles buscan los dones espirituales y los invitan a su vida, y usan aquellos con los que han sido bendecidos con el fin de elevar y servir a los demás. Cada uno de ustedes, hijos de Dios, ha recibido dones y talentos especiales.

El élder Marvin J. Ashton, miembro del Cuórum de los Doce, describió varios dones, atributos y habilidades menos evidentes que tal vez no hayan considerado. Mientras los enumero, ¿podrían reflexionar sobre ustedes mismos y tratar de reconocer uno o dos con los que hayan sido bendecidos? Luego, teniendo ese don, consideren de qué manera lo utilizarán como fieles mayordomos para bendecir a los demás.

“El don de preguntar, el don de escuchar, el don de oír y de emplear una voz suave y apacible, el don de poder llorar, el don de evitar la contención, el don de congeniar, el don de evitar las repeticiones vanas, el don de obrar en rectitud, el don de no condenar, el don de buscar la guía de Dios, el don de ser un discípulo, [el don de brindar calma], el don de interesarse en los demás, el don de meditar, el don de orar, el don de testificar y el don de recibir el Espíritu Santo”.

Mientras continúan contemplando sus dones, ¿puedo hacerles una advertencia? No comparen ni midan sus dones con los de los demás. No se “vea[n] [a ustedes mismos como] tan insignificantes”. “La comparación es la ladrona del gozo”. Aprópiense de sus dones y celebren los de los demás. Recuerden, los dones espirituales son dados por Dios a través del Espíritu para que así todos se beneficien.

Mi querida abuela era maestra de inglés y escogía sus palabras con cuidado. Le encantaba decir: “Las comparaciones son odiosas”. Odiosas es una palabra fuerte. Significa “despreciable y sumamente objetable”. ¿Por qué utilizaba mi dulce abuela un término tan fuerte cuando me aconsejaba en cuanto al riesgo de hacer comparaciones? Es porque el compararnos con los demás rara vez es productivo. Al compararnos con los demás, nos separamos de ellos. En lugar de sentirme parte de todo el cuerpo de Cristo, asumo el papel de un dedo meñique y mido mi valor en comparación con alguien que creo que es los hombros, los brazos y el torso. Generalmente, cuando nos comparamos con los demás, nos sentimos inferiores o superiores, y ninguna de las dos cosas es cierta. ¡Todos somos amados hijos de padres celestiales, bendecidos con un paquete personalizado de dones espirituales, atributos, talentos y fortalezas!

Así que los invito a cultivar el don de abandonar las comparaciones. Pídanle al Padre Celestial que los ayude a reconocer sus dones y talentos espirituales y cómo pueden utilizarlos como fieles mayordomos.

Les doy un ejemplo.

Hace unos años, Jean, una joven adulta que vivía en los Países Bajos, reflexionaba sobre el mandamiento dado por primera vez a Adán y Eva de multiplicarse y henchir la tierra. Como ella y su esposo estaban enfrentando problemas de infertilidad, trataban de entender cómo ese mandamiento se aplicaba entonces a ellos. Ella reconoció que durante el período en que Adán y Eva no tuvieron hijos, cultivaron y cuidaron el huerto del que Dios los había hecho mayordomos. Al considerar sus circunstancias, pensó en los jardines en los que vivía: el jardín de la tierra, el jardín de su país, el jardín de su familia y el jardín de su barrio.

Se dio cuenta de que, aunque no vivía en el Jardín de Edén, esos eran los jardines en los que el Señor la había colocado. Podía tratar de multiplicar y henchir aquello de lo que Él la había hecho mayordoma. Jean reflexionó:

  • “¿Cómo puedo multiplicar los dones que el Señor me ha dado a mí y a otras personas?

  • ¿Cómo puedo multiplicar el amor por los hijos de Dios?

  • ¿Cómo puedo multiplicar mi tiempo y esfuerzo para servir a los demás?

  • ¿Cómo puedo henchir mi propio pozo espiritual?

  • ¿Cómo puedo henchir lo que otras personas han perdido, ya sea temporal o espiritual?

  • ¿Cómo puedo henchir la esperanza y la fe, que parece que muchas personas en el mundo han perdido?”.

A medida que Jean se centraba en esas preguntas, tuvo la bendición de reconocer oportunidades para multiplicar y henchir utilizando sus dones y talentos. Enseñó teatro a jóvenes de todo el mundo; prestó servicio a las mujeres jóvenes; aprovechó la flexibilidad de su vida profesional para ayudar a cuidar a los hijos de sus amigos; pasó más tiempo estudiando el Evangelio y se sintió bendecida al comprender mejor cómo llevar las cargas de los demás y consolar a los que necesitan de consuelo. Eso aumentó su testimonio y fe en Jesucristo y Su Evangelio. Y lo que es más importante, adquirió una comprensión personal del plan de Dios para ella.

Los buenos mayordomos siempre multiplican e hinchen los bienes del Señor.

Aunque no de la manera que ella imaginó inicialmente, la experiencia de Jean es una hermosa evidencia de una promesa del profeta Jeremías, quien dijo:

“Bendito el hombre que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.

“Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echa sus raíces, y no temerá cuando venga el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se angustiará ni dejará de dar fruto.

En segundo lugar, la mayordomía sobre la tierra y sobre todos los hijos de Dios.

El presidente Russell M. Nelson ha enseñado: “En calidad de beneficiarios de la Creación divina, ¿qué debemos hacer? Debemos cuidar la tierra, ser mayordomos sabios de ella y conservarla para las futuras generaciones”.

Sé que es un tema que preocupa profundamente a su generación. Ustedes son portadores de una gran determinación y, algunos de ustedes, de cierta ansiedad. Permítanme asegurarles que Dios ha preparado un camino de vida saludable para todos en este planeta si estamos dispuestos a emplear nuestros dones y talentos para esta buena causa, permanecer dignos de recibir revelación y utilizar prudentemente los abundantes recursos de la tierra para cuidarnos unos a otros.

El Señor dijo:

“Yo […] extendí los cielos y formé la tierra, hechura de mis propias manos; y todas las cosas que en ellos hay son mías”.

“Porque la tierra está llena, y hay suficiente y de sobra; sí, yo preparé todas las cosas, y he concedido a los hijos de los hombres que sean sus propios agentes”.

¿Cómo utilizarán el albedrío con el que han sido bendecidos, su mayordomía, para la gloriosa bendición de la tierra?

El Señor aclara en el versículo siguiente que debemos “toma[r] de la abundancia que [Él ha] creado, y […] repart[ir] [nuestra] porción a los pobres y a los necesitados, conforme a la ley de [Su] evangelio”. Hay suficiente y de sobra si compartimos nuestra abundancia de bendiciones y usamos nuestro albedrío como mayordomos sobre la tierra de manera semejante a la de Cristo.

Volvamos a la cita del presidente Nelson en cuanto a nuestra mayordomía sobre la tierra. Él dijo: “En calidad de beneficiarios de la Creación divina, ¿qué debemos hacer? Debemos cuidar la tierra, ser mayordomos sabios de ella y conservarla para las futuras generaciones”.

Luego el presidente Nelson continuó: “Además, debemos amarnos y cuidarnos los unos a los otros”.

Es importante que reconozcamos la conexión entre el cuidado de la tierra y el cuidado de nuestro prójimo. Al cuidar la tierra, embellecer nuestro entorno local y ayudar a nuestras comunidades a ser más sostenibles, estamos actuando como sabios mayordomos de la tierra para bendecir la vida de nuestros vecinos. Ellos son aquellos a quienes se nos ha mandado amar. Como las ovejas de la parábola, alimentamos al hambriento, damos agua al sediento, vestimos al desnudo y visitamos al enfermo y al cansado. “Socorre[mos] a los débiles, levanta[mos] las manos caídas y fortalece[mos] las rodillas debilitadas”.

Sus hermanas y hermanos de todo el mundo están haciendo eso. Eritai creció en la remota isla de Marakei, Kiribati. Luego de regresar de su misión, asistió a BYU–Hawái, donde participó en SWAT (el equipo de Tecnología de Acción Mundial Sostenible) y aprendió sobre jardinería hidropónica, un método de cultivo de plantas sin tierra que utiliza nutrientes minerales en una solución acuosa. Tras graduarse, Eritai regresó a Kiribati para ayudar a su pueblo.

Kiribati es una nación insular formada por 32 islas de coral en forma de anillo con lagunas centrales, llamadas atolones, y una isla de coral elevada. Debido a su ubicación junto a la línea ecuatorial las condiciones climáticas son difíciles. Las brisas marinas, calientes y saladas, y la intrusión del agua de mar destruyen los cultivos y contaminan el agua. Por eso, hay escasez de suelo y de espacio para cultivar alimentos nutritivos. La malnutrición y las enfermedades se habían generalizado entre los isleños de Kiribati porque dependían casi exclusivamente de alimentos importados y procesados.

Pero Eritai tenía energía y visión, talentos de los que echó mano para crear un programa sostenible que enseñara a las familias de Kiribati a cultivar frutas y verduras sanas mediante hidroponía. Un huerto hidropónico es portátil, autónomo y crece rápidamente, y produce una cosecha en treinta días.

Por su labor innovadora y salvadora, Eritai fue galardonado con el premio Campeones de la Tierra de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico.

Eritai es un fabuloso ejemplo de aprovechamiento de dones y talentos en su mayordomía sobre la tierra y el prójimo. Al alimentar a los hambrientos, se nos cuenta entre las ovejas a la diestra de Dios.

Y debemos dar de beber al sediento. Bendecir a nuestro prójimo con el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene es fundamental para el desarrollo humano. Para llevar a cabo esta labor, la Iglesia coopera con otras organizaciones y comunidades locales de todo el mundo a fin de mejorar el acceso a estos servicios y reforzar los sistemas generales, garantizando que las soluciones sean duraderas y fomenten la autosuficiencia. ¡Es un trabajo importante! Y es cada vez más importante a medida que las sequías proliferan por todo el planeta y las poblaciones siguen creciendo.

Alexandra, una joven adulta de Cascas, Perú, se preguntó: “¿Qué nos falta aquí?”. Alexandra sabía que al menos el 20 % de las familias de su comunidad carecían de servicios de saneamiento seguros, lo que aumentaba el riesgo de contraer enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera. Para abordar este desafío, Alejandra se unió a una capacitación sobre negocios de saneamiento organizada por el equipo local de Water for People en Perú.

Ella puso en marcha su negocio y abasteció su pequeña tienda con un inventario de lavamanos, grifos, inodoros, azulejos y otros materiales que las familias necesitaban para completar sus baños. Ahora las familias de Cascas tienen acceso a los materiales que necesitan para construir sus cuartos de baño.

Ustedes también pueden determinar cuáles son las necesidades de agua potable y saneamiento en sus comunidades y cómo pueden participar.

El profeta Isaías se hace eco de su amigo contemporáneo Jeremías cuando nos dice:

“Y si extiendes tu alma al hambriento y sacias al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz […];

“y Jehová te guiará siempre, y en las sequías saciará tu alma […] y serás como huerto de riego y como manantial cuyas aguas nunca faltan”.

Por supuesto, Jesucristo es la Fuente de toda agua viva. Testifico que al dar de beber al sediento, tenemos la bendición de beber Su agua viva: “una fuente de agua que brot[a] para vida eterna”. Al cuidar de la tierra y de nuestros vecinos, nos acercamos más al Salvador y deseamos una relación de convenio con Él que nos permita llegar a ser más semejantes a Él. Seremos mayordomos responsables y también mayordomos felices. Seremos renovados, y volaremos con alas como las águilas y no nos cansaremos.

El año pasado, la Presidencia General de la Sociedad de Socorro anunció la ampliación de una iniciativa mundial para mejorar la salud y el bienestar de las mujeres y los niños. A petición de la Primera Presidencia, la Sociedad de Socorro está liderando esta labor.

Queremos empoderar a las mujeres y a las familias con una mayor comprensión y recursos a fin de que estén mejor equipadas para hacer cambios que puedan tener un impacto duradero en sus hogares, comunidades y naciones. Cuando una mujer está empoderada porque está sana y educada, las familias son bendecidas, las comunidades se elevan y las naciones se fortalecen. Cuando se bendice a un niño, se invierte en el futuro. Por eso nuestra labor se centra en la nutrición de los niños menores de cinco años, la atención materna y neonatal, la vacunación y la educación.

Alaina es una joven adulta que vive en Georgia, Estados Unidos. Está cursando un doctorado en terapia ocupacional con el objetivo de trabajar en la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN) de un hospital para bebés que necesitan cuidados especiales después de nacer, especialmente los prematuros. La iniciativa mundial de la Sociedad de Socorro en favor de las mujeres y los niños hizo eco en Alaina. Inspirada por la invitación a participar en la iniciativa mundial, Alaina ha convertido el “cuidado canguro”, o contacto piel con piel para bebés prematuros, en el tema de su proyecto final de posgrado.

Cada año nacen en el mundo casi quince millones de bebés prematuros. Y en Atlanta, Georgia, donde vive Alaina, la tasa de nacimientos prematuros y de mortalidad infantil es superior a la media nacional estadounidense.

Alaina está creando un programa educativo para que la gente sea más consciente de los beneficios del contacto piel con piel entre los bebés prematuros y sus madres. Los bebés, que solo llevan puesto un pañal, se colocan directamente sobre la piel del pecho de la madre y luego se cubre a ambos con una manta. Este contacto mantiene la temperatura, disminuye el estrés, regula las hormonas, aumenta la conexión, favorece la lactancia, mejora el sueño y tiene muchos otros beneficios. Pero no siempre se aplica en las UCIN como norma de atención. El proyecto de Alaina pretende mejorar la implementación.

Su investigación le pareció muy espiritual. “Leer la ciencia […] y […] aprender que nuestro cuerpo está creado para hacer estas cosas” tuvo sentido para ella debido a lo que sabía sobre el plan de salvación.

El cuidado piel con piel de los bebés prematuros es especialmente conmovedor para mí, ya que tuve un nieto que nació en febrero casi siete semanas antes de lo previsto. Con solo un kilo y medio de peso, nuestro pequeño guerrero estuvo casi un mes en la UCIN y cada uno de esos días, mi nuera y mi hijo lo tuvieron sobre su pecho, piel con piel. El “método canguro” también es para los papás. La naturaleza traumática del nacimiento repentino de nuestro nieto y el dolor de la separación que supuso el dejarlo en el hospital se calmaron durante esos momentos.

Alaina está dejando que brille la luz de su conversión; está utilizando los talentos con los que ha sido bendecida y está cuidando de los necesitados al estudiar y crear conciencia sobre esta importante práctica. Sus esfuerzos responden al llamado del Salvador: “estuve […] enfermo, y me visitasteis”.

Eritai, Alexandra y Alaina son discípulos de Jesucristo que se preparan para Su Segunda Venida mientras ejercen de manera fiel y provechosa la mayordomía sobre aquello con lo que el Señor los ha bendecido.

El Salvador dijo: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Sin duda, estos jóvenes adultos son representativos de aquellos que el Salvador describe como Sus ovejas, que estarán a Su diestra, cualificados para disfrutar de Su presencia.

Pertenecemos a una Iglesia que hace un bien extraordinario en todo el mundo, bendiciendo la vida de nuestro prójimo, no solo la de nuestros miembros. En 2024, se ofrecieron 6,6 millones de horas de voluntariado; se gastaron 1450 millones de dólares estadounidenses; se prestó servicio en 192 países y territorios. Las iniciativas humanitarias mundiales de la Iglesia incluyeron proyectos de agua potable, higiene y saneamiento, ayuda en casos de emergencia, atención médica y seguridad alimentaria. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y sus miembros están dejando alumbrar su luz para glorificar a nuestro Padre Celestial.

Aunque la Iglesia y la Sociedad de Socorro pueden utilizar y utilizarán su alcance mundial para ampliar los esfuerzos inspirados para alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo y cuidar al enfermo, la labor más importante y de mayor impacto sigue haciéndose uno a uno.

Al tratar de emular a Jesucristo, buscamos reconocer las necesidades inmediatas que hay a nuestro alrededor y responder con amor. Nos esforzamos por ser fieles mayordomos de Sus bienes, que incluyen los talentos y oportunidades con los que hemos sido bendecidos, la tierra en todo su esplendor y las personas que se hallan dentro de nuestra esfera de influencia.

Al igual que Naamán del Antiguo Testamento, puede que estén esperando que les manden hacer “alguna gran cosa” y se pregunten cómo llegarán a esa remota parte de África o a una isla en el mar para atender a su prójimo mundial.

Hermanas y hermanos, los invito a utilizar sus dones y talentos para hacer algunas cosas pequeñas y sencillas en el ámbito de su mayordomía. Dondequiera que vivan, hay niños desnutridos. Dondequiera que vivan, hay personas que no saben leer. Dondequiera que vivan, hay obstáculos para acceder a la atención médica. Dondequiera que vivan, hay personas hambrientas, sedientas, desnudas, enfermas y encarceladas, literal o figuradamente.

¡Amigos, los necesitamos! Espero que busquen sinceramente la revelación y utilicen sus dones y talentos para encontrar soluciones creativas que ayuden a bendecir el futuro de todos los hijos de Dios. Sin duda, esto forma parte de su divina mayordomía.

[video (subtítulos)]

“El universo es inmenso. Billones de galaxias con miles de millones de estrellas, tierras, aguas, plantas, animales. Y, aún así, Dios conoce y ama a todas sus creaciones por su nombre. Incluidos ustedes”.

[Fin del video]

Deseo concluir con una historia personal, una sobre mi querida amiga Lydia, quien dio la primera oración esta noche. Conocí a Lydia hace varios años, cuando ella prestaba servicio en el edificio de la Sociedad de Socorro como misionera de servicio. Lydia siempre viste de púrpura porque la mujer descrita como la primera conversa de Pablo fue Lydia, que era vendedora de telas de púrpura.

A Lydia le diagnosticaron artritis cuando solo tenía cuatro años, y aunque sufre dolor todos los días, deja brillar con deleite la luz de su conversión a Jesucristo. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación o digno de alabanza, ¡ella es todo eso!

Como parte de esta asignación de hablarles a todos ustedes, se me invitó a elegir a las personas que darían la oración esta noche. Inmediatamente me vino a la mente Lydia. Ella completó su misión, comenzó sus estudios en BYU y fue admitida en la Facultad de Enfermería. Y como es mi querida amiga, nos hemos mantenido en contacto. Amo a Lydia.

Era mi responsabilidad pedirle la oración, pero no había llegado a llamarla. Entonces, el 31 de marzo, recibí este mensaje de texto de Lydia:

“¡¡¡Buenos días, presidenta Johnson!!!

“La quiero mucho.

“Anoche apareció en mis sueños. Me sentía muy nerviosa y estresada por algo que tenía que hacer, y usted se dio cuenta. Me rodeó con el brazo, acercó su cabeza a la mía y me susurró al oído: ‘Está bien, Lydia, puedes hacerlo. Solo haz las cosas poco a poco’. Su cálido ánimo y su recordatorio de ir paso a paso es exactamente lo que necesitaba oír hoy. ¡Y cómo necesitaba un abrazo de la presidenta Johnson! Creo que el Padre Celestial a veces nos envía pequeños mensajes a través de personas que amamos y en las que confiamos, como usted.

“Espero que sientas que los ángeles te sostienen esta semana. Aquí tienes un gran abrazo, querida amiga”.

Le respondí de inmediato: “¡Estoy deseando contarte por qué tuviste ese sueño!”.

Esa noche llamé a Lydia para preguntarle si estaría dispuesta a hacer la oración en este devocional mundial para jóvenes adultos. Por supuesto, dijo que sí, y pasó a contarme lo que no había me había dicho en su mensaje de texto. Era un detalle que ella pensó que no era importante cuando me escribió. En su sueño, estaba nerviosa por tener que hacer una oración delante de un grupo grande.

¡Oh, qué tiernas son las misericordias del Señor! Me había demorado en pedirle a Lydia que hiciera la oración, sin ninguna razón válida, excepto que Lydia necesitaba tener su sueño, una confirmación de que el Señor está al tanto de ella y quería que tuviera esta oportunidad.

Sí, el universo es enorme. Billones de galaxias, con miles de millones de estrellas. Tierras, aguas, plantas, animales sobre los que Él nos ha dado mayordomía. Y Dios conoce y ama a todas Sus creaciones por su nombre. Incluidos ustedes.

El Salvador presentó Su ministerio terrenal diciendo que fue enviado “para dar buenas nuevas a los pobres, […] a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los quebrantados”. Si esa era su misión y nosotros somos Sus discípulos, compartimos Su objetivo.

Ustedes, amigos míos, están singularmente preparados y preordenados para ayudarlo. ¡Ustedes son hijos e hijas de Dios! Él los conoce y ustedes tienen una relación de convenio con Él. Nunca agotarán Su misericordiosa paciencia para con ustedes. Y conforme guarden los convenios que han hecho con Él, serán bendecidos con “Su poder sanador y fortalecedor”. El poder de Dios aumentará sus capacidades, ampliará los talentos con los que han sido bendecidos y los ayudará a verlo a Él en los hambrientos, los sedientos, los marginados y los enfermos.

Como Sus discípulos, preparémonos para Su Segunda Venida ejerciendo fiel y provechosamente la mayordomía sobre aquello con lo que hemos sido bendecidos. Testifico que, al llevar el alivio de Jesucristo a los demás, tendrán la bendición de descubrir su propio alivio en Él.

Estoy segura de que Jesucristo vive. Él dirige Su Iglesia por medio de profetas, videntes y reveladores. Estoy segura de que Russell M. Nelson es Su poderoso portavoz en la tierra hoy en día.

La obra y la gloria de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo es llevarnos a casa, preparados y cualificados para permanecer en Su presencia, donde no hay hambrientos, sedientos, marginados, enfermos ni cojos, pues habrán sido curados y sanados por completo. Ustedes son sus colaboradores esenciales. Yo los amo. Ellos los aman.

En el sagrado nombre de nuestro Redentor, Jesucristo. Amén.