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Las iniciativas en salud de la Iglesia abordan la escasez y los índices de mortalidad


Las iniciativas en salud de la Iglesia abordan la escasez y los índices de mortalidad

Cada 7 de abril, el Día Mundial de la Salud nos recuerda que la salud es la base para que las familias y las comunidades prosperen. Este año, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días vuelve a demostrar su compromiso con proyectos de labor humanitaria en toda Europa y también fuera de esta región.

En Albania, los hospitales de maternidad afrontaban una grave escasez de materiales para salvar vidas, y los recursos limitados del Gobierno estaban poniendo en riesgo el cuidado de madres y recién nacidos. La Iglesia donó dispositivos indispensables —entre ellos, dos máquinas CPAP, monitores para pacientes, doce campanas de oxígeno y un ecógrafo— y financió la formación del personal, lo que supone un beneficio para más de 34 000 personas cada año. Uno de los organizadores expresó su gratitud e indicó que esta iniciativa “aportará a los clientes instalaciones de calidad y privacidad”.

Montenegro también ha alcanzado un hito en lo que respecta a la atención sanitaria a las mujeres. La Iglesia equipó dos de los hospitales principales con mamógrafos digitales, para abordar así uno de los índices de mortalidad por cáncer de mama más altos del mundo. Vojislav Šimun, ministro de Sanidad, elogió esta donación como “un paso adelante significativo para mejorar la atención sanitaria a las mujeres en Montenegro”, que refuerza la detección temprana y ofrece esperanza a miles de personas.

En Moldavia, el programa REACH, que cuenta con el apoyo de la Iglesia, y el proyecto HOPE suministraron tres unidades médicas móviles y herramientas de diagnóstico a comunidades necesitadas. Estas unidades permitieron llevar a cabo más de 1200 consultas de salud física y mental mientras se formaba a los profesionales sanitarios locales. “Con esta donación, nuestro objetivo es apoyar la labor de los médicos de familia y los centros de salud locales”, afirmó Ana-Maria Bubuioc.

Estas iniciativas reflejan un principio rector: la salud afecta tanto a lo temporal como a lo espiritual. El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Los insto a tomar medidas para estar preparados en lo temporal, pero me preocupa aún más su preparación espiritual y emocional”. A fin de bendecir vidas, la Iglesia combina la experiencia profesional con la compasión a la manera de Cristo.

Para los miembros de la Iglesia y otros seguidores de Jesucristo, el fomento de la salud es un acto de discipulado. Por medio de donativos, servicio o hábitos personales —entre los que se pueden incluir dar comida a alguien o informarse sobre las iniciativas locales—, cada uno de nosotros puede marcar la diferencia. Juntos, seguimos el ejemplo del Salvador para llevar esperanza y sanación a los hijos de Dios.