Relatos de santos
Mary McKenna & Blake McKeown—Australia


“Mary McKenna & Blake McKeown — Australia”, Relatos de santos, 2024

Mary McKenna & Blake McKeown—Australia

Los desafíos de la vida real llevan a un socorrista australiano a reflexionar sobre su testimonio

Necesitamos lo que tú tienes

A mediados de 1998, Mary McKenna, una exmisionera de Brisbane, Australia, viajó a Provo, Utah, con el objetivo de aprender más sobre la conferencia “Especially for Youth” [Especialmente para la juventud], o EFY (por sus siglas en inglés): una conferencia de cinco días para los jóvenes Santos de los Últimos Días en los Estados Unidos. Mary había escuchado mucho sobre la conferencia EFY el año anterior, que había asistido a la Semana de la Educación: una serie de clases, devocionales y otras actividades para adultos y adolescentes que se realiza cada año en el campus de la Universidad Brigham Young.

En aquella ocasión, ella había asistido a una clase impartida por Brad Wilcox, un popular orador y autor entre los jóvenes Santos de los Últimos Días de habla inglesa. Después de la clase, Mary se había detenido para hablar con él sobre la Semana de la Educación.

—Quizá esto suene muy loco —le había dicho—, pero soy líder de los jóvenes en Australia y nosotros necesitamos lo que ustedes tienen.

En el siglo y medio desde que se había organizado la primera rama en Australia, la Iglesia había crecido allí hasta llegar a casi 100 000 miembros. Había estacas en casi todas las ciudades australianas más importantes y un templo en Sídney. Sin embargo, muchos jóvenes tenían dificultades y algunos de ellos no servían en misiones, no se casaban en el templo ni se mantenían activos en la Iglesia. Se sentían desconectados entre sí y necesitaban modelos de comportamiento que pudieran mostrarles cómo mantenerse cerca de Dios y vivir Sus mandamientos.

Después de haber escuchado a Mary hablar sobre los desafíos de los jóvenes en Australia, a Brad se le habían llenado los ojos de lágrimas, y le explicó más sobre la conferencia EFY. Al igual que las típicas conferencias para la juventud en las estacas, EFY se concibió con el objeto de fortalecer la fe de los jóvenes. Sin embargo, en lugar de ser administrada por las estacas locales, era patrocinada por BYU y supervisada por consejeros que eran adultos solteros. Al escuchar cómo Brad describía el gozo que experimentaban los jóvenes, Mary sintió que una experiencia como la conferencia EFY podría ayudar a los hombres y a las mujeres jóvenes en Australia.

Ella había dedicado los meses siguientes a trabajar para hacer de esa idea una realidad. Los líderes de la Iglesia en Brisbane y sus alrededores le habían dado su apoyo y formaron un comité de santos de las estacas locales para organizar un evento como la conferencia EFY en su área.

Ahora, un año después, Mary había vuelto a Provo para reunirse con Susan Overstreet, directora de la conferencia EFY, en el campus de la Universidad Brigham Young. La universidad no podía patrocinar sesiones de la conferencia EFY fuera de Norteamérica, sin embargo, Susan había estado ayudando a Mary y al comité de Brisbane. Susan llevó a Mary a un evento de capacitación de consejeros y le presentó a otros líderes de la conferencia EFY. Mientras tanto, Brad Wilcox y otro orador de la conferencia EFY, Matt Richardson, acordaron ir a Australia y hablar en el evento.

Mary regresó a Australia y, durante los meses siguientes, el comité se reunió con regularidad para planificar el evento. Cada estaca participante tomó la iniciativa en las tareas de planificar la comida, el alojamiento, los devocionales, la música y otras responsabilidades. Los presidentes de estaca recomendaron oradores adicionales y Mary encontró jóvenes adultos para que sirvieran como consejeros. Algunos eran exmisioneros, otros se estaban preparando para servir en misiones y otros no tenían planes de servir en una misión. Mary organizó cursos de capacitación para todos.

El comité esperaba dar la bienvenida a la conferencia EFY a todos los jóvenes en la zona de Brisbane, no solo a los Santos de los Últimos Días. A diferencia del programa en Estados Unidos, el cual cuesta cientos de dólares para los participantes, el evento EFY australiano sería subvencionado por las estacas locales, para que las personas pudieran asistir a un bajo costo. Y, si bien se esperaba que todos los participantes respetaran las normas de la Iglesia en la conferencia, el comité alentó a las estacas a invitar a jóvenes que no eran miembros.

En abril de 1999, Mary y su comité iniciaron la primera conferencia EFY fuera de Norteamérica en un centro de estaca en Brisbane. Asistieron casi 1000 adolescentes de la ciudad y de los alrededores. Cuando Brad y Matt se ubicaron frente a la multitud, lo primero que hicieron fue animarlos a dar cantos de vítores. Los jóvenes se sorprendieron un poco, pero se unieron con entusiasmo. De inmediato quedó claro que EFY no era una típica conferencia de la Iglesia.

Sesenta jóvenes sentados en el suelo de un gimnasio y sonriendo a la cámara.

Jóvenes en el primer evento Especialmente Para la Juventud en Brisbane, Australia, en 1999. (cortesía de Elise Buckle).

Durante los siguientes días, los jóvenes aprendieron de los oradores, cantaron canciones, disfrutaron de bailes y espectáculos de talentos, y compartieron sus testimonios. Mientras tanto, los fotógrafos tomaban fotografías para una presentación de diapositivas que se mostraría el último día.

Mary se emocionó al ver lo mucho que los jóvenes y sus consejeros disfrutaron la EFY. Parecía que todos los que formaron parte del evento volvían a casa con una fe más fuerte en Jesucristo. Los consejeros que no habían planeado servir en misiones cambiaron de opinión y enviaron sus solicitudes misionales. Algunos de los jóvenes que no eran miembros de la Iglesia al momento de asistir al evento, se reunieron con los misioneros y aceptaron ser bautizados. Y los consejeros adultos solteros regresaron a sus barrios deseando servir en las organizaciones de las Mujeres Jóvenes y los Hombres Jóvenes.

“Especially for Youth” (EFY) había salido increíblemente bien en Brisbane, y tanto Mary como el comité estaban listos para hacerlo de nuevo.

Para ver las notas y las citas de las fuentes, vea el texto completo en la Biblioteca del Evangelio.

“Time for Youth” (TFY) en Australia

Cinco años después, Blake McKeown, de catorce años, llegó a un centro de estaca en Baulkham Hills, un suburbio de Sídney, Australia, con su hermano de diecisiete años, Wade. Por lo general, el centro de estaca era un lugar tranquilo y silencioso. Sin embargo, ese día se había armado una gran carpa en el estacionamiento y el terreno estaba repleto de jóvenes provenientes de las estacas de todo Nueva Gales del Sur. Habían ido a participar en una Conferencia “Especially for Youth” (EFY), conocida ahora en Australia como “Time for Youth” [Momento para los Jóvenes, o TFY, por sus siglas en inglés].

Después del éxito de EFY en Brisbane, la Presidencia de Área alentó a las estacas en Australia y Nueva Zelanda a organizar sus eventos propios. En 2002, Mary McKenna y su comité organizaron un TFY en Brisbane y uno en Nueva Zelanda en 2003. El evento en Baulkham Hills fue el primero que se realizó en Australia, fuera de Brisbane.

Si bien Blake había crecido en la Iglesia, nunca antes había visto a tantos jóvenes Santos de los Últimos Días en un mismo sitio. Él y Wade eran de Penrith, a unos cuarenta y cinco minutos en automóvil del centro de estaca de Baulkham Hills. Allí tenían un grupo fuerte de jóvenes en su barrio, no obstante, los Santos de los Últimos Días solo representaban el 0,5 por ciento de la población australiana, por lo que a las actividades para jóvenes, incluso a nivel de estaca, rara vez asistían más de unas pocas docenas de personas. En la escuela secundaria de Blake, solo había dos miembros de la Iglesia, además de él y su hermano.

Una vez que comenzó “Time for Youth”, él y Wade apenas se volvieron a ver. Siguiendo el modelo de EFY, todos en el evento conformaron grupos pequeños liderados por un consejero adulto soltero. Estos grupos de jóvenes fueron rotando en las actividades. Además, participaron en actividades de servicio, escucharon devocionales y charlas, aprendieron canciones, estudiaron las Escrituras, se animaron entre sí en un espectáculo de talentos y asistieron a un baile.

El tema de la conferencia era “Creemos”, centrado en el curso de estudio de Seminario de ese año, Doctrina y Convenios. Los oradores y los consejeros trataron el tema a medida que compartían experiencias espirituales y alentaban a los participantes a venir a Cristo, orar, escribir en sus diarios y vivir los otros fundamentos del Evangelio. Además, las reuniones de testimonios brindaron oportunidades a los jóvenes para compartir con sus compañeros sus testimonios del Salvador y Su Evangelio restaurado.

En la iglesia, Blake solía sentirse inquieto en las reuniones, pero había llegado a “Time for Youth” con un buen fundamento de fe gracias a sus padres. Él y Wade eran la tercera generación de Santos de los Últimos Días y sus padres y abuelos siempre habían sido excelentes ejemplos de fe y servicio.

El programa de los Hombres Jóvenes también lo había fortalecido. Cuando era diácono, Blake había sido llamado como presidente del cuórum. Su obispo le pidió que seleccionara a dos consejeros y un secretario de entre los once chicos en su cuórum. Después de orar en busca de guía, Blake volvió a hablar con el obispo la semana siguiente para darle tres nombres. El obispo le mostró a Blake su propia lista, que tenía los nombres de los mismos tres chicos. El obispo había escrito los nombres en un orden diferente, pero modificó su lista para que coincidiera con la de Blake. La experiencia le había dado confianza a Blake en la oración y en su capacidad para liderar.

Blake no era muy extrovertido, pero disfrutó haciendo nuevos amigos de otros barrios y estacas en “Time for Youth”. Al final de cada día, él y Wade regresaban a casa para descansar antes de volver temprano a la mañana siguiente.

Ninguno de ellos notó la influencia que los tres días en “Time for Youth” tuvo en ellos, pero su madre sí vio cambios. En medio de la diversión y los juegos, “Time for Youth” proporcionó a los jóvenes oportunidades para sentir el Espíritu en un nuevo entorno. Cuando Blake y Wade regresaron, estaban más centrados en las Esculturas y sentían un poco más de confianza en sus testimonios.

Para ver las notas y las citas de las fuentes, vea el texto completo en la Biblioteca del Evangelio.

Bondi Rescue

Pocos años después, Blake tenía dieciocho años, y se preparaba para graduarse de la escuela secundaria y necesitaba un plan. Si comenzaba la universidad, no se le permitiría pausar sus estudios por más de un año. Y dado que él tenía intenciones de servir en una misión de dos años cuando cumpliera diecinueve años, decidió buscar un trabajo de temporada después de graduarse en lugar de seguir a muchos de sus compañeros a la universidad.

Blake había sido socorrista en una piscina cerca de su casa y le había gustado el trabajo. Recientemente, Bondi Rescue, un nuevo reality show de televisión sobre los socorristas de la popular playa Bondi Beach de Sídney, lo había llevado a pensar en formarse como socorrista de playa. Aunque la playa Bondi Beach estaba a unos sesenta y cinco kilómetros (cuarenta millas) de su casa, decidió participar en un programa de “experiencia laboral” de una semana, que le permitió conocer las responsabilidades cotidianas del trabajo. Además, realizó un examen de aptitud física que se requería a todos los que deseaban ser socorristas de playa.

El examen era difícil, pero Blake estaba preparado. Cuando era diácono, se había interesado en el atletismo después de practicar ciclismo de montaña con los jóvenes de la estaca. Si bien la Iglesia había adoptado el escultismo como parte del programa de los Hombres Jóvenes a principios del siglo XX, rara vez se implementaba en países fuera de los Estados Unidos y Canadá. En Australia, aproximadamente un tercio de las unidades locales participaban en escultismo, pero la estaca de Blake no era una de ellas. En esos casos, los líderes utilizaban una guía especial preparada por la Iglesia para planificar actividades para los Hombres Jóvenes.

El líder que había llevado a los jóvenes a practicar ciclismo de montaña, Matt Green, le había hablado a Blake sobre el triatlón, un deporte que combina natación, ciclismo y carreras de atletismo. Con Matt como entrenador y mentor, Blake había cultivado autodisciplina y voluntad. Cuando realizó la prueba de aptitud física en la playa Bondi Beach, los años de entrenamiento y competencia rindieron sus frutos. Se desempeñó bien y fue contratado como aprendiz de socorrista.

Blake McKeown sonríe a la cámara mientras lleva un traje de neopreno en la playa.

Blake McKeown en el set de Bondi Rescue, alrededor de 2007 (cortesía de Mary McKenna).

Después de graduarse de la escuela secundaria, Blake comenzó a trabajar en la playa todos los días de semana. El empleo no le garantizaba que saldría en Bondi Rescue, pero los productores del programa pronto enviaron camarógrafos a filmar mientras Blake aprendía a utilizar el equipo de socorrista, ayudaba a los bañistas y hacía cumplir las reglas del balneario. También grabaron el momento en que rescató a una persona del mar por primera vez.

Blake disfrutaba del empleo. Dado que él era el único miembro de la Iglesia en el equipo, se sentía algo intimidado por los otros socorristas cuyas vidas y valores eran muy diferentes de los suyos. No obstante, nunca se sintió presionado a dejar de lado sus normas cuando estaba con ellos.

A principios del año 2007, Blake y otros socorristas acudieron a prestar auxilio cuando un hombre fue visto nadando con dificultad en una zona traicionera del mar. Lo buscaron durante cuarenta y cinco minutos, pero no había rastros de un hombre ahogado, ni de uno luchando. Además, ninguno de los veinticinco mil bañistas había denunciado que algún amigo o familiar se hubiese extraviado. Después de un tiempo, los socorristas dieron por finalizada la búsqueda, con la esperanza de que la persona que habían visto hubiese podido nadar de regreso a la orilla.

Dos horas más tarde, un joven se acercó a Blake en la torre de vigilancia. Le dijo que no podía encontrar a su padre. “Quédate aquí un segundo”, le indicó Blake al muchacho. Entonces se dirigió a informar a los demás socorristas.

El equipo regresó rápidamente al mar en embarcaciones de salvamento y una moto de agua. También llamaron a un helicóptero policial para que explorara el océano desde el aire. Blake, mientras tanto, se quedó con el muchacho y su madre para hacerles preguntas sobre el hombre perdido. Sin embargo, aunque Blake les hablaba con calma, le preocupaba que su esposo y padre hubiera muerto.

Cuando ya oscurecía, uno de los socorristas alcanzó a ver a alguien entre las olas. Un socorrista se sumergió y trajo al hombre de regreso a la orilla. Trataron de reanimarlo, pero era demasiado tarde.

Blake se estremeció ante la noticia. ¿Cómo podía ser que él y los otros socorristas hubieran perdido el rastro del hombre, en especial cuando se había estado patrullando la playa tan bien? Blake nunca había pensado mucho en cuanto a la muerte, y nadie cercano a él había muerto. Ahora la muerte se sentía como algo muy real.

Era tarde cuando Blake terminó de trabajar esa noche. Mientras pensaba en el sinsentido de la tragedia que acaba de presenciar, reflexionó sobre el Plan de Salvación. Toda su vida le habían enseñado que la muerte no era el final de la existencia, que Jesucristo había hecho posible que todos se levantaran de la muerte en la Resurrección.

En las semanas que siguieron, su fe en esos principios le brindó consuelo.

Para ver las notas y las citas de las fuentes, vea el texto completo en la Biblioteca del Evangelio.

Testificando a diez millones de espectadores

Al año siguiente, Blake McKeown había vuelto a la playa Bondi Beach de Sídney para otro verano de capacitación como socorrista ante las cámaras de televisión. Su aparición en la segunda temporada del programa Bondi Rescue lo había convertido en una celebridad local en Australia. De vez en cuando, mientras hacía las compras en su ciudad natal o cuando tomaba el tren para ir a trabajar, notaba que las personas lo observaban y señalaban en su dirección discretamente. Aquella atención era algo molesta, pero no podía quejarse. Le gustaba recibir una paga por pasar tiempo en la playa día tras día con sus amigos. “La vida no podría ser mejor”, pensaba él.

Sin embargo, sus padres estaban preocupados. ¿Acaso la fama por estar en televisión había cambiado sus prioridades? Blake había conseguido el empleo de socorrista un año antes a fin de ganar dinero mientras esperaba el momento de prestar servicio en una misión de tiempo completo. Ahora ya había cumplido los diecinueve años hacía tiempo.

—¿Qué debo hacer? —preguntó su madre al obispo cierto día—. ¿Cómo va a acabar esto?

—No lo sé —respondió el obispo, que también estaba preocupado—. Él iba muy bien.

Blake trataba de tranquilizar a sus padres. Les decía que estaba orando para saber cuál sería el momento adecuado para prestar servicio. No sentía que hubiera llegado el momento aún. “Lo importante es que lo haga, y no cuándo lo haga”, les decía, haciéndose eco de algo que su padre siempre le había dicho.

Luego su hermano Wade regresó de su misión en Japón. Wade vio la preocupación de sus padres y habló con Blake. Blake escuchó con interés las palabras de Wade y comenzó a pensar más seriamente en cuanto a salir a la misión. “Si la Iglesia es verdadera, tengo que ir a la misión”, se decía a sí mismo.

Pensaba en su testimonio y en la Iglesia. De adolescente, había asistido al programa de TFY, la conferencia para los jóvenes de Australia de varios días de duración, que en 2006 habían llegado a países de América del Sur y Europa con el nombre “Especially for Youth”. También había asistido fielmente a Seminario matutino y a otras actividades de la Iglesia. Puede que no siempre se hubiera sentido entusiasmado por ir, pero había tratado de guardar los mandamientos y hacer lo correcto. Además, tenía fe en Jesucristo y en la verdad del Evangelio restaurado. Aquello era razón suficiente para servir en una misión.

Pronto Blake envió su solicitud misional. Era un tiempo de oportunidades sin precedentes para la obra misional. En los últimos años, los líderes de la Iglesia habían “elevado el nivel” para prestar servicio misional, al enfatizar que se necesitaban élderes y hermanas dedicados y con normas morales elevadas que supieran cómo escuchar y responder al Santo Espíritu. La Iglesia también había establecido las misiones de servicio para los jóvenes con ciertas afecciones de salud o para aquellos para quienes las misiones de proselitismo no fueran lo más idóneo.

Cuando llegó el llamamiento, Blake recibió la asignación de servir en una misión de proselitismo de tiempo completo en la Misión Filipinas Baguio, una de las quince misiones en ese país. Lo único que le quedaba por hacer era contarle a sus compañeros socorristas.

Poco después, durante una filmación de Bondi Rescue, Blake habló ante las cámaras sobre su religión. “Desde pequeño he sido miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, dijo. “Voy a la iglesia todos los domingos. Supongo que vivo de acuerdo con normas algo más estrictas, pero aparte de eso, soy solo una persona normal”.

Cuando finalizó el turno laboral de Blake, los productores del espectáculo le pidieron que se vistiera de traje y corbata. Luego caminó hasta la torre de vigilancia principal de los socorristas y tocó a la puerta. “Creo que mis manos tendrán que acostumbrarse a esto”, dijo mirando a la cámara. Los socorristas lo saludaron con risas alegres.

—¿Les gusta? —les preguntó, mostrándoles su traje—. Así vestiré durante los próximos dos años.

—¿A dónde irás? —le preguntó uno de los socorristas.

—A Filipinas —respondió Blake—. Prestaré servicio como misionero de mi Iglesia.

—¿Eres mormón? —preguntó otro socorrista.

—Sí —dijo Blake—. Creo que tengo lo mejor en la vida, entonces, ¿por qué no he de compartirlo con otras personas?

Blake explicó que pronto viajaría a los Estados Unidos para recibir una capacitación misional y aprender el idioma tagalo. Luego iría al campo de servicio que le habían asignado. “Vamos a tocar puertas y tratar de enseñar a las personas sobre Jesucristo”, dijo.

—Bueno, amigo, te deseo lo mejor —dijo un socorrista, mientras le estrechaba la mano y luego le daba un fuerte abrazo. Blake estaba triste por dejar la playa y sabía que echaría de menos a sus amigos, pero esperaba con ansias comenzar su misión y hacer el bien en el mundo.

De regreso a casa, Blake le contó a Wade sobre lo que había pasado. “Mi desafío como misionero era hablar con diez personas al día en Japón”, le dijo Wade. “Tú acabas de hablar con diez millones de personas de una sola vez”.

Para ver las notas y las citas de las fuentes, vea el texto completo en la Biblioteca del Evangelio.