Jesucristo ha prometido: “El que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás” (Juan 4:14). El agua que Cristo ofrece son Sus enseñanzas, las cuales pueden sostenernos espiritualmente y prepararnos para la vida eterna. Del mismo modo, el agua es crucial para nuestro bienestar físico y es esencial para sostener la vida física. El agua potable mantiene nuestro cuerpo sano y le ayuda a trabajar adecuadamente.
Nuestro cuerpo necesita agua para todo lo que hacemos. Por lo tanto, es importante que bebamos abundantes líquidos, especialmente cuando las temperaturas son altas. Debemos consumir por lo menos dos litros de agua cada día cuando sea posible. Sin embargo, no toda el agua es potable. El agua insalubre puede causar enfermedades.
Si no se tratan, esas enfermedades pueden ser peligrosas y, en algunos casos, provocar la muerte. Si piensa que el agua potable que consume ha causado enfermedades en su familia, asegúrese de consultar con un profesional médico.
Es importante usar agua potable para cualquier cosa que entre en nuestra boca o toque nuestros alimentos. Debemos usar agua potable para cepillarnos los dientes, hacer jugo o fórmula para bebés, lavar frutas y verduras, y lavar los platos. También debemos usar agua limpia al bañarnos y lavarnos las manos.
El agua puede contaminarse con agentes nocivos, toxinas, contaminantes y mucho más. El agua potable puede volverse insalubre si se guarda en recipientes mal aseados o si no se almacena adecuadamente. El agua insalubre, incluso la que se encuentra en fuentes no higiénicas, siempre debe purificarse antes de ser consumida.
La mejor manera de asegurarse de que el agua sea potable es utilizar fuentes de agua y sistemas de agua que se haya comprobado que sean seguros; por ejemplo, agua embotellada segura o agua de pozos fiables.
Por lo general, el agua embotellada es segura si el sello de la tapa no se ha abierto. El agua embotellada no es segura si la botella se ha vuelto a llenar con agua no potable.
Por lo general, el agua de pozo es segura si el pozo:
El agua se puede purificar mediante el filtrado, la ebullición y la desinfección. Por lo general, la purificación es un proceso de dos pasos y hará que el agua sea segura para su uso.
El agua turbia o sucia primero debe aclararse. Debe pasarse por un papel de filtro, una tela fina o algún otro filtro. También puede dejar que la suciedad se asiente y luego retirar cuidadosamente el agua clara de la parte superior. El agua filtrada o clara asentada siempre debe desinfectarse antes de usarse.
Ponga el agua en recipientes limpios y luego haga lo siguiente:
Dado que muchos recipientes son transparentes y la luz puede penetrarlos, tal vez desee cubrirlos o almacenarlos en bolsas de plástico oscuro. Algunos recipientes también pueden requerir protección contra el congelamiento: Si se utiliza agua embotellada comprada en una tienda, utilice las fechas que se indican con las palabras “mejor si se utiliza antes de” como pauta de rotación. De lo contrario, reemplace el agua cada seis meses.
Los hermanos y las hermanas ministrantes, así como los líderes, pueden ayudar a aquellos a quienes sirven a tener acceso a agua potable. Consideren las siguientes recomendaciones.